Vaya de antemano mi más sincera enhorabuena por esta nueva andadura. ¿Qué decir o desear al nacimiento de una nueva cabecera? ¿Qué es una estupenda noticia? No, lo siguiente… Es la noticia en sí. Toda una alegría, y aventura, como es vivir.

En estos tiempos que corren, de precariedad en lo que al Periodismo, concebido como tal se refiere, donde la rapidez prima, sin cotejo alguno, dónde hay conflictos sin corresponsales, y si muerte. Del menosprecio de la labor reconocida del periodista, clásico, si no eres influenceeer, bloggeeer… O vete tú a saber qué término más… El que aparezca un nuevo referente informativo, cercano, de andar por casa, es todo un acierto y un desafío al mismo tiempo en esta era de la digitalización que nos atraviesa a una velocidad de vértigo. En la cada vez más denostada y notable pérdida de estar informado a través del retrogusto del papel, hasta los libros ya se resienten en su feria.

Pero el ser humano si por algo se caracteriza es por la gran capacidad que tiene de adaptarse al medio, a la adversidad, o eso dicen. De ahí que… La posibilidad de contar con una nueva ventana, sentirla propia, es brutal. Porque de eso va el Periodismo, de las cosas que nos afectan, que nos tocan, que nos llenan a veces la cabeza y otras el corazón, pero que nos permite caminar por la vida. Sentir. Con claridad, concisión, brevedad. Y para ello surge este medio, para explicarnos el qué, el cómo, el cuándo el dónde y el más importe, a veces… El porqué de las cosas? Y ser ése nexo de unión social, esa pieza que nos falta, como una prolongación más de nuestro cuerpo, que es el verdadero objetivo de un medio, más allá de las cifras, de los números. Por eso ¡Gracias!

Un número uno, el de Sierra Norte, que ahora zarpa al unísono bajo un denominador común, El Correo de Madrid, bello nombre, rotundo, símbolo de mensajero que no hay que matar, sino apostar por él en todas sus variantes, géneros y categorías: información tal cual, opinión, entrevistas, reportajes, y la ansiada y escamoteable publicidad, asentado en unos buenos pilares, valores, qué importante es esto, no solo en el mundo de la Arquitectura, sino en el de la construcción de la vida.

Porque cuanto más formados estamos, más difícil es la manipulación y la corrupción de la persona. Por consiguiente, estamos de celebración, todos aquellos que hemos contribuido, de mayor o menor medida, a dar este salto, como germen ahora de una nueva herramienta para asomarnos a la realidad que nos toca de lleno, local, regional, y así poder discernir, y elegir lo mejor.

Una atalaya que se ha llevado a cabo con mucho esfuerzo, mimo, y dedicación, despacito, como dice la manida canción, sin prisa, pero sin pausa, durante estos cinco años de vida, gracias al apoyo de sus lectores, que ahora confluyen, como los afluentes al rio, y aportan toda su caudal, su riqueza al mar, porque de lo que se trata es de sumar.

Pero este humilde bote de sabiduría, ahora barco, que navega ya solo, contra viento y marea en la difícil pluralidad informativa, no podía haber realizado esta travesía sin la figura de un experto capitán, Álvaro Romero, que gracias a su conocimiento, su buen hacer, y su generosidad, en la gestión y el trato personal, de ello doy fe, desde el momento que confió en mí, y me permitió formar parte de su tripulación, para seguir la estela de un sueño sin faro, un éxito enorme, llegar ahora a buen puerto. Gracias y ¡larga vida!

César Serna