Los medios desinformativos de la pandereta pepera e izquierdista, los progres de todo signo, el clero pánfilo y buenista de la corte de Bergoglio, y la doblez hipócrita y mentecata de esta piara de gobierno que tenemos, lavan la imagen de la inmigración africana que invade España, y lo hacen mediante preciosos y pomposos discursos filantrópicos de acogida, solidaridad e integración, e imponen un velado silencio ante el proceso de sustitución cultural y demográfica.

Si el ex presidente Rodríguez Zapatero se mostraba, hace unos días, a favor de la sustitución demográfica y cultural y lo declaraba abiertamente, el gobierno de Pedro Sánchez ha consignado en su Agenda 2050 - un refrito pestilente de la globalista Agenda 2030 con adimentos más perversos- la llegada de 250.000 inmigrantes anuales hasta 2050.

Semejante proposición no es baladí ni una ocurrencia de última hora. El Fondo Monetario Internacional,  por boca de su entonces presidenta Chiristine Lagarde, declaró en 2018 que España necesitaba más de 5.000.000 inmigrantes hasta 2050 -2050, la fecha de la Agenda de Sánchez- para garantizar el sistema social. La corrupta presidenta del FMI, hoy a la cabeza del Banco Central Europeo, también proclamó que la alta esperanza de vida de los españoles era un “problema” para el Estado de bienestar.

Entonces, ya estaba preparado el plan de reducción demográfica occidental y sustitución masiva por inmigrantes africanos y asiáticos que todos los países occidentales salvo excepciones suscribieron como acción política primordial cuando firmaron el Pacto de Marrakech o “Pacto mundial para la migración” en diciembre de 2018. En él mismo se trazaba un maquiavélico proceso de adaptación social y política basado en regularizar masivamente todos los inmigrantes ilegales, destruir las fronteras nacionales progresivamente y garantizar plenas dotaciones sociales y asistenciales a los ilegales, destipificando los delitos relacionados con la entrada ilegal o el sabotaje de las fronteras.

España es el punto de mira del expansionismo marroquí que ya se ha apropiado de las aguas jurisdiccionales de las islas Canarias y de la soberanía del Sáhara Occidental, reclamando la anexión de Ceuta y Melilla. Su principal ariete contra España es la inmigración ilegal que estampa contra Ceuta o contra las islas Canarias, a la vez que obtiene suculentos pagos dinerarios por parte de España –el último, de 30 millones de euros- y de la Unión Europea que permite al reino marroquí competir deslealmente con los productos agrícolas españoles gracias a Acuerdos preferenciales.

Pero no es, desde luego y solamente, la apetencia marroquí expansionista y criminal la que mueve la espoleta de la invasión inmigrante. Lo es una cuestión fundamental: el desarrollo de los pactos de Marrakech, el despliegue de la Agenda 2030 que garantiza el fin de las fronteras, y el acuerdo entre oligarquías políticas de Europa y entidades financieras para la destrucción cultural y racial de Occidente. ¿Por qué creen que el gobierno socialista trajo a España al líder del Frente Polisario dotándolo de un pasaporte falso para ser hospitalizado y, luego, lo dejó marchar tranquilamente tras una estancia cómoda? ¿Creen que los servicios de inteligencia marroquíes no lo sabían? ¿Se reduce este episodio a la torpeza del gobierno socialista o a los intereses energéticos o de otro tipo de España con Argelia, protectoria del Polisario? Pues no. Lisa y llanamente: este ha sido el paripé que las élites españolas y marroquíes firmantes del Pacto de Marrakech  necesitaban para hacer estallar la invasión inmigrante de Ceuta y el ataque a las fronteras españolas, las primeras que hay que debilitar y destruir parar descomponer más firmemente a Europa mediante la entrada masiva de africanos.

La casta política y la mentalidad social adiestrada en el atontamiento suicida, guiados por el travestismo intoxicador de los medios, han preferido dejar nuestras fronteras abiertas y permeables a la irrupción del barbarismo tercermundista, antes que defender al pueblo español. Globalismo y agendas internacionales oscuras en vez de Nación e identidad.

Los clérigos pro-inmigracionistas. Los medios progres de pacotilla. Los medios peperos cobardes, traidores, meapilas y acomplejados patrioteros falsos. Las instituciones supranacionales que poseen la soberanía que España les cedió desde 1975, cuando las autoridades españolas capitaneadas por el príncipe Juan Carlos entregaron el Sáhara a Marruecos incumpliendo la última orden dada por un Franco ya agonizante (defender la entonces provincia española contra la “marcha verde” marroquí). Todos estos actores son culpables de llevarnos al abismo colosal del fin de nuestra soberanía territorial, de nuevos problemas de orden público, de hundimiento socio-laboral, y de reemplazo cultural gracias a la pleitesía que ofrecen al Nuevo orden mundial globalista consistente en miseria, relativismo y la multiculturalidad exterminadora de soberanías nacionales.