Causa risa el agravio comparativo de Irene Montero y cualquier mujer verdadera, trabajadoras frente a la trepadora de poca vergüenza y desmemoriada que diríase olvida de dónde viene la muy honrada, jajaja-excusen la carcajada-con esa cara que se la pisa, ministra como una chota, extraviada y atravesada, hazmerreír de España, allá disimula la mal encarada que desolladas las rodillas de estudiar anatomías..., perdón, economías, va la fresca cajera a criticar al privadísimo ingenio Amancio, ceder el bastón de mando a su preparada hija que al contrario de la otra, a pulso se ganó la confianza de un padre para dirigir los negocios, en tanto pavonea la ministro del rabo... perdón, del ramo, digo, que para méritos los de ella que bien se adivinan en meteórica carrera, la vástaga del mozo de carga que como bien se sabe más sabio es que el genio Ortega. 

 
Clama la bolivariana por la igualdad de oportunidades junto a la manada podemita, que de trabajo poco sabe, cuando un padre delega la responsabilidad en confianza a una hija leal e inteligente porque le da la real gana. 
 
De tanto patinar esta caterva de vagos, inútiles y aprovechados se piensa que esta generación de  ignorantes tienen todo de trastornados. Será que con semejantes carreras de mediocres encumbrados, viviendo del cuento con los recursos del Estado, los inútiles vanidosos van embalados a hacer el ridículo como la marquesa, que de vida pública sabe mucho como el mundo entero de su coño como una mesa.
 
Pase Ortega de esa panda de descerebrados y siga creando empleo privado, para que cajeras no tengan que hacer horas extras o ganarse un mísero sueldo, que luego pasa lo que pasa aparentando decencia quien no la tiene para los restos. 
 
La pública Montero la fama se ha creado que no la oculta ni el disparate de ponerla al frente de un inútil ministerio. Y cuídese de los aparentes triunfos no sea que llegue el día en que se descubran los trapos sucios y acabe en los tribunales dando cuentas. Ya ven la marquesa lo bajo que ha caído para criticar a un empresario paradigmático y a una hija ejemplar que, a diferencia de la otra, es la honrada y muy decente Marta Ortega. Será lo que le pica a la pública Montero. 
 
Qué vergüenza esconde la ministra en el escaparate de la evidencia. De risa, de pena.