"Un joven de 24 años asesinado a golpes en el Paseo Marítimo de La Coruña".

Para asesinar a una persona a golpes hace falta tener muy malas entrañas y la sangre muy negra.

Para tamaña bestialidad hubieron de juntarse hasta siete animales de dos patas y podrido cerebro; siete cobardes alimañas que solamente en manada son capaces de actuar y eso, si los números les son (7x1) favorables. Entonces es cuando les aflora el valor.

La bestialidad que cada día vemos de manera mas notoria reflejándose en tan graves sucesos como el de Samuel, debería ser perseguida y reprimida con toda la fuerza de la Justicia y, si aun así persistieran y las herramientas que tienen los jueces han quedado sobrepasadas; si fuera preciso reforzarles, entregarles ese "algo" que para el infractor llegara a ser definitivo.

Para ese tipo de gentes, no cabe atenuante ni justificación. Son individuos bestiales; absolutamente deshumanizados que en todo momento, con espantosa naturalidad están listos, sin freno, dispuestos a quitar la vida a alguien por el mas mínimo de los motivos.

Pero hay cosas que no vienen por su propio impulso vital, ni nacen por generación espontánea. Lo que esta sucediendo en España; toda la bestialidad que estamos padeciendo los españoles -la propia y la que nos viene de importación- son el producto de la permisividad que desde diciembre de 1978 se ha instalado en nuestra patria; general permisividad y laxa penitencia para el delincuente. Lo que deja al Estado y a su gobierno sin "el coñazo" de estar pendientes de las necesidades de sus gobernados. Hay quien dice, porque la imbecilidad no puede disimularse, que esa permisividad era el lógico premio que la Democracia nos traía a los españoles víctimas de cuarenta años de esclavitud (bueno, eso mas que imbecilidad es una hijoputada, de las muchas que llevamos escuchando).

Y, claro está; la bestialidad parida y criada a los pechos de esta Democracia, ha contribuido a que se extendiera de esta manera: ajustes de cuentas a tiros entre bandas de narcotraficantes en plena calle; peleas multitudinarias entre personas de distintas etnias; maridos que maltratan a sus mujeres y mujeres que maltratan a sus maridos llegando hasta arrebatarles la vida, y ambos, cada uno por su lado o en pareja, maltratando hasta la muerte a sus propios hijos... ¿me quedo ahí? Si; ¿para que seguir apuntando lo que todos estamos viendo a diario?  Vale; pero aun así, no quiero que pase inadvertido lo que ha ocurrido en un hospital español esta misma mañana: un malas entrañas  y sangre muy negra, le ha propinado tal paliza a un sanitario, de 60 años de edad, que hasta le ha arrancado los dos globos oculares.

Son malas entrañas y tiene la sangre muy negra el  individuo que fue capaz de arrancarle los ojos a ese sanitario, y son malas entrañas y sangre muy negra los siete que apalearon hasta la muerte a Samuel; pero las mismas malas entrañas e igual color en la sangre han de tener -la Historia lo avala-, los pulgosos partidos de la extrema izquierda, revueltos con los de LGBTI, esas siglas que me tenían confundido creyendo que era el nombre de un producto para matar hormigas (el dependiente de la droguería me sacó de la confusión) utilizando a la víctima de un brutal asesinato, los del revoltijo de mayúsculas, con concentraciones en buena parte de España, entremetiendo "el folio" de no se sabe que reivindicaciones. Y los rojos, para no perder costumbre (si existe la víctima, bien, y si no ellos la ponen), como arma arrojadiza contra otros partidos a los que les tienen como enemigos, haciéndoles responsables a sus representantes y los que lo utilizan en apoyo de no se que reivindicaciones.

Lo bueno es que a los que no matamos a nuestras mujeres y somos heterosexuales, ya que todos los demás ya han conseguido el fruto de sus reivindicaciones, estamos los primeros para reivindicar lo nuestro.