Esta semana da comienzo la Cuaresma. El miércoles, día 17 de febrero, es Miércoles de Ceniza. Con la imposición, en forma de cruz, por parte del sacerdote durante la Misa, de ceniza sobre nuestra frente no sólo se nos recuerda que somos polvo, y que al polvo volvemos por el pecado de Adán y Eva, sino que, por medio de la Cruz de Jesucristo, aceptada en el Bautismo, y que algunos pervierten en Cruz del Anticristo con la imposición de “liturgias para una Nueva Normalidad Mundial”, somos Vivificados y Salvados, es decir, dignos receptores de la Salud.

Este Tiempo Litúrgico comprende tanto a la Iglesia Militante (que se encuentra en este mundo aún bajo Satanás) como a la Iglesia Triunfante (formada por los santos y mártires en el cielo, elegidos para gobernar, junto con Jesucristo, como reyes y sacerdotes de las naciones). Las dos iglesias “militante y triunfante” son una, pues su Cabeza es una, Jesucristo, y tienen un mismo Padre, y ambas están aún “en Cuaresma”, es decir, Esperando la Salvación Plena y la Pascua Eterna, el Verdadero Sabat que los hijos de la Perdición o réprobos como Esaú rechazaron por este mundo y sus dioses.

En este mismo tiempo, hace ahora aproximadamente un año, esos hijos de la perdición de los que hablamos, tanto directos como adoptivos, es decir, tanto en la carne como en la adopción masónica, decidieron imponer en todo el mundo (aunque en diversos días pero en Tiempo de Cuaresma) una Cuarentena con la excusa de un falsa pandemia e impusieron no sólo confinamientos ilegales (pues no se declaró el marco jurídico para tal situación de naturaleza militar) tanto domiciliarios como por sectores profesionales o productivos, así como confinamientos perimetrales que comprendían en un momento dado estados, después regiones y ahora incluso ciudades y hasta municipios; también, a modo de liturgia cuaresmal, a las personas y familias con las mascarillas y el llamado “distanciamiento social” que en realidad es desnaturalización, deshumanización y en el fondo, alejarnos de nuestro ser como criaturas de Dios e hijos de Él en Jesucristo, que no sólo es perfecto Dios sino también perfecto Hombre. En definitiva, lo que se ha conseguido con una gran mentira (rasgo característico del Padre de la Mentira, Satanás) es la aceptación voluntaria de una nueva liturgia para nuestra salud, nuestra salvación y nuestro bien, como sucedió al Principio.

Durante estos días de Cuaresma, las lecturas recomendadas, las oraciones y las meditaciones que hagamos han de ir enfocadas al desprendimiento del Ego, que este mundo de manera muy sutil a veces, y con apariencia de libertad, nos potencia y nos ofrece su desarrollo bajo la forma de espiritualidad o despertar de la consciencia. Las lecturas y meditaciones deben despojarnos del Ego. Sólo así tendremos el corazón liberado para identificar las trampas y las sutiles argucias de este mundo y su Élite o Cabal que está al servicio de la Sinagoga de Satanás.

Aquellos que fuimos Bautizados, aunque hayan pasado muchos años de inacción, debemos escrutar nuestra conciencia sin importar nuestro pasado e incluso nuestro presente, tanto en lo personal, como en lo familiar e incluso en lo político o religioso. Para esta acción de discernimiento o escrutinio es fundamental tratar de olvidarse del Ego y observar hacia Dios. Esto es la Cuaresma verdadera y no aquella otra que llaman “Cuarentena” pero que está suponiendo, de facto, una “neo - cuaresma” para esta Nueva Normalidad que ha de impregnar todo el ambiente del Nuevo Orden Mundial Satánico. Él y los suyos quieren ser como el Verdadero Cristo y tratarán de reedificar, a modo de una Nueva Torre de Babel, su mundo y su creación, su iglesia y su cristo. Pidamos a Dios, por medio de Jesucristo (nuevo Adán dador de Vida y Salud) y de su Amada Madre María Inmaculada, que esta Cuaresma nos agudice, nos mantenga en vela y Despiertos.