Una vez más, las esperanzas de que al fin podamos alcanzar la tan ansiada libertad de Cuba han sido renovadas. Los acontecimientos de desobediencia masiva iniciados el pasado 11 de julio así lo parecen indicar. Si la resistencia se mantiene; si se incrementa gradualmente el desafío al espantapájaros de Díaz-Canel, improvisado presidente, no de Cuba sino de los siervos del castrismo, caerá estrepitosamente la dictadura comunista. A pesar de que todavía golpean con saña y encarcelan y asesinan hasta convertirlos en maquinaria de terror, lo cual tiene en algunos cubanos efectos paralizantes, poco a poco se abre paso el valor y millares de jóvenes salen enaltecidos a las calles, no a implorar migajas de sobrevivencia pacífica, ni mendrugos de pan, sino a exigir el fin de la tiranía.

Para quienes tuvimos la oportunidad de seguir el proceso histórico de Polonia, con las acciones de protesta iniciadas en los astilleros de Gdansk por el líder de Solidaridad Lech Walesa, que dio al traste con la tiranía del general Wojciech Jaruzelski, y la sublevación masiva del pueblo rumano, que derribó sin contemplaciones a Nicolae Ceausescu, sin temor a equivocarnos podemos considerar que nos encontramos en tránsito hacia un nuevo día. Entre otros actos de rebeldía popular que pusieron fin a diversas tiranías comunistas en la Europa del Este, significan estos pasajes históricos una vigorosa inspiración para los cubanos que sufren la aniquiladora violencia del castrismo. Aunque se hace innecesario el ampliar con ejemplos similares, no podemos dejar de incluir el significado que tuvo para los amantes de la libertad la caída del muro de Berlín. Son pruebas fehacientes de que sí se puede. Sí se puede, si enfrentamos el reto y nos disponemos a pagar el alto precio que hoy demanda al pueblo de Cuba el romper las cadenas que lo oprimen.

Para nosotros no hay otra alternativa. No hay otra fórmula de poner fin a ese sistema político degradante y sombrío que durante más de 62 años ha venido imponiendo sufrimientos, desamparo y todo tipo de miserias a nuestra indefensa población. Un régimen de terror y de muerte, carente de toda sensibilidad humana, cuya única posibilidad que nos deja es la obediencia irreflexiva, el sumirnos en paralizante e inútil conformismo o la insurrección popular. ¡En Alpha 66 optamos por el enfrentamiento!

No obstante, por ser Alpha 66 una organización fundada sobre los cimientos de la más genuina democracia y el orden establecido de justicia universal, respetamos el criterio de todos. Y es razón de orgullo que nuestros pilares descansen sobre las estructuras del respeto a la libertad de expresión, abierta al pensamiento creativo dentro de la diversidad de opiniones en función de la paz y el progreso de nuestra nación. Sin embargo, no siempre coincidimos con posiciones o estrategias, que, aunque bien intencionadas en la práctica ha quedado demostrado que, en el caso de una tiranía tan carente de escrúpulos y amplia en falsedades como la existente en nuestro país, no son efectivas. Simplemente no funcionan. Son inútiles. Ha quedado demostrado que es tiempo perdido. ¡Con los tiranos no se dialoga! No se dialoga con los esclavizadores. A estos depredadores de los derechos y la paz de los pueblos no se les pide concesiones. Se les toma las calles. Se les escupe el rostro y se les desprecia. Se les exige libertad.

Eso es lo que hicieron miles de valerosos luchadores el pasado 11 de julio, cansados ya de tantas miserias impuestas y de tantas mentiras. Cansados del enriquecimiento ilícito de los chulos gubernamentales que integran la abominable cúpula del poder. De los que roban sin escrúpulos y atesoran riquezas que no les pertenecen, a expensas de la explotación más vergonzosa y deplorable a la esquilmada población. Sí, ese es el camino que al final dará sus frutos. Esa es la estrategia del honor, de la no claudicación, que hoy asumen con valor nuestros hermanos de infortunio dentro de la Isla, ese grupo de valientes que estamparon con coraje y con sangre las palabras "Patria y Vida", que significa sobrevivencia con decoro y con amor para la presente y las futuras generaciones, que con nuestro aporte de coraje e inevitables sacrificios florecerán en la conciencia de otros buenos cubanos y darán luz a la tierra que nos vio nacer.

Sabemos que esto no es más que el principio del fin. El comienzo triunfal de una etapa de gloria que pondrá de rodillas a los que durante muchos años erróneamente se creyeron que eran dueños de la nación cubana y los frutos del sacrificio humano de sus víctimas.

Ha llegado el momento de hacer que cada amanecer sea un 11 de julio, de hacer que como un mar embravecido, las olas de la libertad golpeen contra los mustios arrecifes de un régimen de maldad y de odio y los convierta en polvo, en desconchados escombros de la más abyecta tiranía que ha sufrido pueblo alguno de América Latina.

Continuemos alzando nuestras voces contra la opresión. Exigiendo en las calles ¡Libertad! Seamos tan fuertes como la espiga brava que germina en los páramos. Hagamos buenas las sabias palabras que una vez escuché de un buen amigo: "Los perdedores dejan que las cosas pasen. Los triunfadores hacen que las cosas pasen". Ánimos y adelante. ¡Dios está con nosotros y nos hace invencibles!