El independentismo catalán está provocando la creación de entidades y organismos propios de un Estado. Además, está produciendo una gran cantidad de costes económicos que no parecen coherentes con la realidad política catalana.

El Ayuntamiento de Barcelona aprobó el pasado 17 de diciembre el otorgamiento de una subvención al Consejo de la Diplomacia Pública de Cataluña, más conocido como Diplocat, el entramado diplomático de carácter no profesional cuya creación fue impulsada por la Generalitat en el año 2013 con la precisa finalidad de lograr el fortalecimiento del cuerpo consular que ya componían sus oficinas de promoción exterior y sus cinco embajadas, según ha indicado el diario El Mundo. La cuantía de la subvención asciende a los 50.000 euros.


Ada Colau prometió cambios en la política municipal de Barcelona. Sin embargo, no parece que quisiera referirse a la reducción del gasto producido en lo que a las entidades representativas de Cataluña que la Generalitat ha implantado en el exterior se refiere, probablemente porque no considera que ese aspecto deba ser modificado para el cumplimiento de objetivos de naturaleza social. El Ayuntamiento de Barcelona financió por primera vez al ente diplomático en el año 2014, cuando Xavier Trias celebró un convenio de colaboración con Diplocat, con la que entregó una aportación de 62.000 euros.

Lo que procede cuestionar es lo relativo a la conveniencia de que un municipio participe en el sostenimiento de las relaciones internacionales de Cataluña. Por un lado, es competencia exclusiva del Estado el mantenimiento de las relaciones internacionales, según el artículo 149.1 de la Constitución Española. Por otro lado, sería más adecuado destinar el dinero invertido en la diplomacia catalana a conseguir la satisfacción de las necesidades básicas que tienen los habitantes de Barcelona.

 

Es muy fácil decir que se va a lograr el cambio cuando se llegue al poder. Sin embargo, es complicado alterar ciertas conductas que son habituales, principalmente si se refieren a un secesionismo que parece convenir a los dirigentes políticos catalanes, aunque pueda no ser adecuada para los que viven en Cataluña.