Desde que se descubrió el entramado económico del clan Pujol se ha dicho que Cataluña había sido el chiringuito de esta familia. Que era su cortijo. Y no se equivocan los que así pensaban. Ahora bien, el tiempo ha dado la razón a muchos que opinábamos que el chiringuito se lo repartían todos, no solo los Pujol. Esto me recuerda aquel chiste de Mingote. Están dos personas hablando. Una de ellas le explica sus penurias. La otra le responde: “no te preocupes. Al Cielo iremos los de siempre”. Pues aquí sucede lo mismo. No te preocupes, el pastel nos lo repartiremos los de toda la vida, los que realmente mandamos en Cataluña.

Y esto se está poniendo en evidencia con la Operación Voloh. Con solo tres titulares podemos hacernos una idea del chiringuito. “Madí maniobró en Mediapro para colocar un producto en TV3”. “Vendrel trató de usar a Ferrán Adriá para su pelotazo”. “Madí ofreció hacer una pinza de negocio con Ábalos e Illa”. En Cataluña, después de la época Pujol no se ha movido nada que no pasara por las manos del Clan, de David Madí o Xavier Vendrell. Eso sí, todos los demás han vivido muy bien con los paquetes suculentos que les iban cayendo. Tenían contento al personal y, este, a su vez los tenía contentos a ellos financiando el procés y al huido a Waterloo.

En la Operación Voloh se les imputa malversación, prevaricación, blanqueo, trafico de influencias y traspasar fondos públicos al independentismo. El íntimo amigo de Artur Mas se hizo el dueño de todo. Nada se hacia en el entorno de Puigdemont sin el consentimiento de Madí. Tampoco Vendrell se quedó atrás. Cuando este fue conseller, le pidió a los trabajadores de su consellería -Governació- un diezmo de sus sueldo para ERC. Y no digamos nada de las encuestas amañadas por Madí. De las escuchas que están en poder el juez Joaquín Aguirre es interesante esta de Xavirr Vendrell. El ex miembro de Terra Lliure y membro del Tripartito, le dijo a la fugada Marta Rovira en conversación telefónica que “con todo lo que yo he hecho por el país sin pedir nada a cambio y me están tocando los cojones por el tema del concierto (educativo), me están haciendo perder el tiempo ¡hostia! Agilizar esto un poco… llama a la consellera de Salut por el tema de los laboratirios, llama al Bargalló y llama al Chakir por todo el tema de Villa Bugatti, que me desencallen lo de las subvenciones de la escuela y tal”. Suerte que nunca había pedido nada.

El chiringuito no era para la independencia, esa era la excusa. Todos ellos sabían perfectamente que habían mentido a la gente. Nunca conseguirían ser un “país independiente de España”. Nadie los reconocería oficialmente. Pero a ellos eso no les importaba. Nunca les ha importado la independencia. Lo fundamental era utilizarla para su enriquecimiento personal y de todos aquellos que formaban parte del chiringuito. Es cierto que ha habido empresarios que han dado dinero para el procés. Ahora bien, este lo han recuperado gracias a subvenciones y encargos. Dicho de otros manera, gracias al tráfico de influencias y al blanqueo organizaron un entramado económico-financiero de enriquecimiento a nivel catalanista. Un empresario daba -por conciencia política y porque creían en el independentismo- una suma considerable de dinero para que Puigdemont y los fugados pudieran vivir cómodamente en el extranjero. Poco después a ese mismo empresario se le concedía una subvención por ese importe o por otro superior. Una parte del montante final iba a los bolsillos de los impulsores y el resto al empresario. Así se compensaban las cosas.

Mientras tanto, la gente se manifestaba por las calles, se enfadaba con familiares y amigos, lo daban todo por unos falsos ideales. Esto les iba bien a todos estos amos del chiringuito. Cuanto más excitada estuviera la gente, más negocio. Todos tendrían la boca cerrada y no pondrían en duda lo que pasaba, porque era por una causa justa. Para unos el futuro estaba en ser un país próspero sin la rémora de España. Para los de verdad, el futuro estaba en hacer cuantos más negocios mejor. Esta es la realidad del procés. La Operación Voloh les ha desmontado parte de este chiringuito. De momento estarán calmaditos y no moverán ninguna ficha. Saben que los observan. No les preocupa demasiado. Siguen considerando que Cataluña es su cortijo. Hoy no hacemos nada, pero mañana duplicaremos lo que no hemos hecho. Consideran que el tiempo siempre está a su favor.

Y un último ejemplo de chiringuito. Se tenía que colocar a los amigos para que vivieran bien, sin hacer nada, y dejaran hacer. Este es el caso de Alexi Serra. A este personaje lo nombraron director de la Oficina para la Reforma Horaria, con el fin de “coordinar las políticas en el ámbito de la organización y los usos del tiempo de la vida cotidiana”. Con un sueldo de 77.672 euros anuales. La misión de esta oficina es conseguir que la utopía se convierta en realidad. Esto es, una vida mejor organizada y conseguir 8 horas de trabajo, 8 horas de diversión, y 8 horas de descanso. Total, una excentricidad que la único que le organizó la vida es a Alexi Serra.

Esperemos que la Operación Voloh sirva para que una parte de la sociedad abra los ojos y se den cuenta de la gran mentira que se ha creado alrededor del independentismo. Les han mentira, engañado, ultrajado y utilizado con el fin de hacerse más ricos. Nunca les ha importado el procés, pues este ha sido el medio para conseguir su lucrativo propósito. Esto es, mantener como fuera el chiringuito independentista.