Voy a hablar en este artículo sobre el espectáculo circense que venimos padeciendo con motivo de las elecciones madrileñas.  Gente que se manda cartas así mismos para ir de víctimas, debates cortados a la mitad por la fuga de algún de debatiente, apedreamientos a algunas fuerzas políticas, intentos de silenciar a otras...
 
Poco a poco vamos volviendo a la crispación de la segunda república. Solo faltan los muertos. Conviene recordar lo que pasó pues está en vista de repetirse. Nuestra clase política es cada vez más endeble intelectualmente y formativamente
 y caen en la tentación de la astucia trapera y el retorno a los tics del pasado. Un pasado bastante negro además.
 
Mientras, la desgraciada España se asoma al abismo de la ruina económica y moral. Asistimos impávidos a estos ejercicios de circo cuando la cifra de parados se vuelve espeluznante y nuestros jóvenes andan sin trabajo y sin futuro. Nuestros politicastros en su huida hacia adelante recurren a otorgar derechos y más derechos vacíos de un contenido real, puesto que sin el fundamental derecho de un buen puesto de trabajo todo lo demás se queda en papel apto para encender el fuego del hogar y nada más.
 
Urge hacer caer en la cuenta a nuestros parados jóvenes de que esa libertad que tanto ansían no es posible sin tener unos ingresos dignos. Vamos, que les están tomando el pelo miserablemente con tanto discurso vacío sobre lo malísimo que era el Caudillo y lo bien (?) que vivimos ahora gracias a estas mentes preclaras que tienen a bien el gobernarnos. El futuro es de la juventud y a ellos hay que hacerles ver de una vez que el rey va desnudo como en el cuento.
 
Yo lo intento con mis artículos, libros y disco. Intento dirigirme a esa juventud lobomotizada a la cual se les hace creer desde pequeños que España es un país inferior a los otros grandes países europeos y que nunca podremos competir con ellos. Que tenemos que resignarnos a ser la taberna de Europa y poco más, pues somos gandules y fiesteros.
 
Me niego a aceptar ese triste destino para mi patria. España llegó a ser la novena potencia industrial del mundo y debe volver a serlo, si no más alto todavía. Basta ya con tapar las miserias de nuestros dirigentes con este discurso derrotista y vamos a darle el poder a los que verdaderamente pueden hacernos grandes. Por ejemplo, si yo pudiera confeccionar el equipo ministerial, no dudaría a tener a Julio Iglesias como ministro de exteriores, al Juez Serrano como ministro de Justicia, a Mario Conde como ministro de Fomento. Un gobierno compuesto por este tipo de gente sobradamente preparada, despertaría la ilusión colectiva de que se pueden hacer cosas grandes con nuestro país. Serían revulsivos para los jóvenes que ven en ellos ejemplos a seguir. Se le diría a los españoles con ello que por fin nos van a gobernar los mejores.
 
Y así quitarnos de lo alto a tantísimos demagogos que no la han visto más gordas en su vida. Es necesario esto y el despertar el ansia de los españoles por hacer un país de primera que compita con Francia, Inglaterra o Alemania.  Yo en mis libros trato de transmitirles estas creencias y estos objetivos a los jóvenes que me quieran leer. Siento no llegar a más pues me niegan las entrevistas en los grupos mediáticos del sistema.
 
Se acercan las ocho de la tarde y he de enviar el artículo a Álvaro. Por ello voy a ir terminando insistiendo en el nivel circense de nuestra actual política y de que es hora de darle unos grados más de grandeza. Es hora de recurrir a los mejores para salvar el país. Lo malo es que esto no lo entienden los que están en la nómina del sistema.
 
Yo voy a quitarle las malas hierbas a las fresas de mi huerto. Para que sean abundantes y sabrosas. Espero que esta metáfora sirva para hacer entender a nuestra juventud del daño que esta causando tanto demagogo oportunista que no tendría posibilidades en la vida laboral privada. Esto es lo que he intentado explicar en este breve artículo, basta ya de payasadas y payasos. Exigimos para España grandeza y no esta miseria ni esta decadencia acelerada. Que no nos engañen más con derechos vacíos de contenido.