El dinero que financió el nacimiento de Vox va descubriéndose poco a poco. Gracias a una filtración de WikiLeaks de 17.000 documentos internos de la asociación Hazte Oír, descubrimos los inversores que permitieron el despegue de la formación de Santiago “Siete Machos” Abascal. Verbigracia: Esther Koplowitz (FCC), Isidoro Álvarez (El Corte Inglés) o Juan Miguel Villar-Mir (OHL). Se recogen 209 contribuyentes a las arcas de la organización identificados por ésta como "Grandes Grandes Donantes".

Follow the money, follow the power

No son los únicos “desprendidos” con pedigrí que han tenido los voxeros. También se encuentran donaciones de David Álvarez Díez, propietario del Grupo Eulen,  Bernard Meunier, consejero delegado de la corrompidísima Nestlé Península Ibérica en el 2012, Ignacio Esquer De Oñate, secretario del Consejo de Administración de Fertiberia y más cargos en otras empresas.

O Javier Javaloyes, proveniente de la Agencia Negociadora y el Grupo Reacciona. O, incluso, el político del Partido Popular ahora imputado por la cloaquera Operación Kitchen, el pésimo ministro de la porra Jorge Fernández Díaz. O Arsuaga solicitando, vía enternecedora epístola, una contribución de 100.000 euros al oligarca ruso Konstantín Maloféyev, fundador del fondo de capital riesgo y banca de inversión Marshall Capital. No teníamos ninguna duda del apoyo de las grandes fortunas, sólo comprobamos la prueba documental.

Y es dable recordar también sus sórdidas alianzas iraníes financiadoras: Consejo Nacional de la Resistencia en Irán (CNRI). Un grupo de origen ¡¡¡marxista e islamista!!! , aliado del régimen de Sadam Husein, que figuró hasta 2012 en la lista de organizaciones terroristas de  Estados Unidos. CNRI, denominación pues tras el que se esconden los Muyahidin-e-Khalq (Combatientes del Pueblo, MEK).

Vox, como todos…o peor, por “traicionar” a tanto “patriota” tonto

Vox, tan “vacunero” como todos, al servicio del más desorejado y corrompido ultracapitalismo (por ejemplo, el de la negra, nigérrima familia Rothschild, uno de los grandes actores que maneja la genocida tiranía plandémica, con su The Economist dejando las cosas suficientemente claras desde el inicio: portada marzo de 2020). Y lo llaman disidencia. A Vox, claro.

Apoyando a la putrefacta monarquía borbónica. O apoyando a los militares españoles, al servicio de una fuerza (terrorista) extranjera, la OTAN, tan colza. Militares españoles, tan diseñadores de falsa pandemias. Y tan masónicamente obsequiosos con los genocidas fautores de plandemias varias. Vox, pues, partido ultramonarquico, hipermilitarista y, confirmado, megacapitalista.

No tengo el chichi para farolillos

Y lo llaman disidencia, joer, al estilillo del turbador Steve Bannon, edecán del mayor truño "disidente" que los tiempos vieron. Con el inestimable e imponderable auxilio de los más pésimos de toda la barraca: la estafa criminal de Q Anon.

…Y vuelvo a reiterarlo, no tengo el chuminete para floripondios ni para disidencias controladas de manual: estamos completamente vendidos. Todos - repito, todos – sin excepción, aunque finjan lo contrario, conjuran contra su propio pueblo. En fin.