El pasado 27 de septiembre, la página web de la embajada de Estados Unidos en Varsovia, junto con las páginas web de varias embajadas más, publicaron una carta abierta en solidaridad con los activistas LGBT en Polonia. La carta estaba firmada por 50 embajadores residentes en Polonia, entre ellos Estados Unidos y varios países europeos como Alemania, Francia, Reino Unido, Bélgica, Lituania, Ucrania y, por supuesto, España. De los países del Grupo de Visegrado, solo el embajador de la República Checa firmó la carta. Entre los firmantes también había representantes en Polonia de Naciones Unidas, la Unión Europea, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa y la Comunidad de Democracias. La carta abierta de los embajadores reconoce la labor de los activistas LGBT en Polonia en sus esfuerzos por concienciar sobre su situación. “Nos gustaría expresar nuestro apoyo a los intentos para sensibilizar que afectan al entorno de los gays, lesbianas, bisexuales, transgénero e intersexuales, además de otras minorías que enfrentan desafíos similares en Polonia”. Obviamente, los embajadores no han debido enterarse de los actos violentos y provocaciones anticatólicas llevadas a cabo por estos activistas en los últimos meses.

La reacción polaca no se hizo esperar. El exministro de Asuntos Exteriores Witold Waszczykowski señaló que la carta constituía una violación del protocolo diplomático, concretamente del Artículo 41 de la Convención de Viena de 1961 que prohíbe a los diplomáticos inmiscuirse en los asuntos políticos internos del Estado en el que están trabajando. Por su parte, el viceministro polaco de Asuntos Exteriores, Pawel Jablónski, recalcó que “todo ser humano disfruta del mismo nivel de protección en la ley polaca”, aunque “según la Constitución polaca, el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer”. También afirmó que las resoluciones locales, refiriéndose a los municipios que se niegan a aceptar la ideología LGBT, no suponían ninguna discriminación, sino todo lo contrario, “una señal de respeto al estado de derecho y a los valores que albergan los polacos”.

Pero lo peor estaba por llegar. No satisfecha con firmar la carta abierta, la embajadora de Estados Unidos en Polonia, Georgette Mosbacher, dio una entrevista al portal de noticias Wirtualna Polska en la que afirmó que Polonia tenía la reputación de ser un país poco amistoso con las minorías sexuales. “En el caso del asunto LGBT, estáis en el lado equivocado de la Historia. Estoy hablando sobre el progreso que se está consiguiendo a pesar de todo”. Ese posicionamiento en el lado equivocado de la Historia podría traer consecuencias muy graves, llegando a afectar a las decisiones diplomáticas y militares norteamericanas sobre Polonia. “No es un secreto que muchos congresistas están muy involucrados en los asuntos LGBT. Mi opinión al respecto no importa, ellos son los que hacen las leyes y reparten el dinero”. Según la embajadora, la mayoría de los políticos norteamericanos apoyan el movimiento LGBT, incluyendo a Donald Trump y a Joe Biden. Ante la cuestión de que un embajador no puede interferir en los asuntos internos de un país, como señaló Witold Waszczykowski, Mosbacher respondió: “Ningún embajador tiene derecho a influir en la política de una nación soberana, pero los derechos humanos no son política o ideología”.

La respuesta más contundente a las declaraciones de la embajadora fue la del europarlamentario de Ley y Justicia Joachim Brudziński. A través de las redes sociales hizo hincapié en que Polonia no permitía el ataque contra ninguna minoría y enumeró las persecuciones de cristianos sin que se hayan publicado cartas en su defensa. “Por eso esperamos ansiosamente otra carta, esta vez en defensa de los cristianos asesinados, de los activistas provida encarcelados, los perseguidos y disparados por citar la Biblia, y aquellos a los que se aplica la eutanasia contra su voluntad”.  

La carta abierta de los embajadores se suma a la resolución de la Unión Europea contra Polonia en base al informe Lopez Aguilar y es un eslabón más dentro de la estrategia de presión internacional contra Polonia. El pasado 30 de septiembre la vicepresidente del Parlamento Europeo, Katarina Barley, pedía más presión sobre Polonia y Hungría para defender el “estado de derecho”. En palabras de la socialdemócrata alemana, “estados como Polonia y Hungría debe pasar hambre financieramente”. Asociar los fondos europeos a la definición de “estado de derecho” determinada por Bruselas, en este caso pasando por la ideología de género, es un ataque directo a la soberanía nacional de Polonia y de cualquier otro país que en un futuro no esté de acuerdo con los planteamientos totalitarios y globalistas de la Unión Europea. Los polacos, como cualquier pueblo soberano, no quieren que ningún poder extranjero interfiera con su legislación, y que en este caso imponga una nueva definición de matrimonio o que deba impartirse ideología de género en las escuelas. Pero para la Unión Europea, los polacos han votado mal. No escogieron a la derecha liberal y progresista de Plataforma y optaron por la derecha conservadora y católica de Ley y Justicia. Han elegido estar en el lado equivocado de la Historia. El lado de la soberanía nacional, la libertad y los valores de su pueblo. Cosas que antaño defendían muchos de los países de los embajadores firmantes de esa carta abierta. Son ellos los que han cambiado de lado y los que, con el fanatismo de los nuevos conversos, señalan con el dedo a todos aquellos que aún se mantienen firmes en sus principios.

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