Antes de valorar la polémica sobre el vídeo de C. Tangana y Naty Peluso debo decir que no acostumbro a escuchar su música, así que su trayectoria sólo la conozco de titulares que he leído de pasada al revisar la prensa. A simple vista podría etiquetarlos en el chonismo ilustrado de Rosalía, otro icono de la cultura oficial y políticamente correcta que ocasionalmente exhibe cruces en su indumentaria aunque no se recate en emitir opiniones contrarias a todo lo relacionado con la religión católica. En cualquier caso, los dos primeros parecen haber conseguido lo que buscaban al grabar parte de su videoclip en la Catedral de Toledo: que se hable de ellos. De grabarse en un edificio ajeno a la Iglesia Católica (y no será por ausencia de posibles escenarios en Toledo), esa canción habría generado una polémica muchísimo menor o directamente no hubiera obtenido tanta viralización por redes sociales. Animo al lector a que visione el tema y podrá comprobarlo: durante el videoclip muestran lo poco que les preocupa a los famosos que youtubers, tertulianos y cualquiera con un dispositivo móvil opine sobre sus vidas, estando la polémica en el escenario que lo complementa; sustituyendo la Catedral de Toledo por un hotel o un palacio, el videoclip habría quedado en otra canción más.

 

Hay quien ha considerado ofensivo el videoclip por frases como "Yo era ateo pero ahora creo porque un milagro como tú ha tenido que bajar del cielo" o "Que me perdone la Virgen de la Almudena las cosas que hago en tu cama". Sinceramente, no son nada del otro mundo para cualquiera que no tenga la piel demasiado fina (y entre los católicos, como sucede con los progres, también los hay) y sí son claramente menos hostiles contra lo que representa el catolicismo que consignas como "¡Arderéis como en el 36!", "¡Sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios!" o "¡Hay que quemar la Conferencia Episcopal!", que es posible escuchar en manifestaciones convocadas por la izquierda sociológica y no necesariamente por parte de grupúsculos marginales, sino de colectivos memorialistas y feministas vinculados al actual Gobierno de España. ¿Significa esto que los católicos no tenemos motivos para protestar por el rodaje de este video en la Catedral de Toledo? Por supuesto que los hay, pero más que por ofensivo por inapropiado. Las escenas rodadas en el interior de la catedral muestran a los protagonistas bailando y refrotándose en un templo de culto y eso no debería haberse permitido, ya que no era el lugar adecuado para exhibir esas conductas (como tampoco lo sería una mezquita, una sinagoga o un templo budista). Desde el Arzobispado de Toledo lo mínimo que podían haber hecho era conocer la temática y los contenidos que divulgan los protagonistas de la polémica para saber que no era buena idea cederles ningún espacio de su patrimonio inmobiliario.

 

¿Por qué se les cedió entonces nada más y nada menos que la Catedral Primada de España a dos faranduleros que predican un hedonismo del que no se recatan en presumir? Llegamos a una cuestión que tal vez no hayan tenido en cuenta (mejor dicho, no quieran tenerlo) muchos de los que llaman a protestar con velas y rezos. El Arzobispado de Toledo, dividido ante la opinión pública a la hora de dar explicaciones, no habrá permitido que C. Tangana y Naty Peluso se refroten por el interior de la catedral como si estuviesen en una discoteca sin llevarse nada a cambio. ¿Cuánto dinero han abonado los protagonistas o la empresa productora para bailotear tranquilamente en un templo de culto que diariamente recibe tantas visitas, teniendo en cuenta los ingresos que ello genera y lo bien sostenido que tiene la Iglesia Católica el negocio turístico en Toledo? Porque está claro que el Arzobispado no habrá renunciado a perder ingresos durante el tiempo de rodaje del videoclip por pura generosidad con la industria de la música comercial. Cuánto ha costado el permiso para refrotarse por la Catedral de Toledo es lo mínimo que deberían conocer los feligreses, dado que ya no puede impedirse que C. Tangana y Naty Peluso sumen visionados en Youtube. Pero si los pastores de la Iglesia Católica en España han consentido que se derriben cruces con nombres de mártires, que se profane la basílica del Valle de los Caídos y que se cuenten votos de un pseudoreferéndum secesionista en mitad de una eucaristía (llegando incluso a animar al Gobierno a dialogar), la polémica toledana que se olvidará de aquí a un par de semanas es el menor de sus debes.