El Papa Bergoglio se hace un “Ada Colau” y destroza la Navidad tradicional. Y es que los fieles se han quedado estupefactos y sobrecogidos cuando han contemplado, en la plaza de San Pedro, cómo el tradicional Portal de Belén recientemente inaugurado se ha convertido en un amasijo de monstruos cilíndricos representativos de San José, la Virgen María, el niño Jesús y el resto de figuras. La inclusión de “astronautas” y de soldados similares a vikingos, es la otra astracanada del particular Portal de Belén.

Las figuras empleadas fueron realizadas entre 1969 y 1975 por un Instituto de arte italiano en base a una concepción de arte “contemporáneo” que pretendía fundir modernidad con tradición y representar un hito del momento como era la llegada del hombre a la luna con la inclusión, en la escena cristiana, del famoso “astronauta”. En 1970 el mencionado “Belén espacial” se expuso en Roma, y después fue paseado por diversas ciudades, entre ellas Jerusalén, Tel-Aviv o Belén. Su carácter estrafalario y rupturista lo arrinconó dado el manifiesto rechazo de la entonces todavía digna sociedad católica pegada a la vivencia de la tradición navideña.

El actual Papa, sin embargo, ha decidido avanzar en la desacralización de la simbología cristiana y ha convertido el Portal de Belén del Vaticano en un insulto a los cristianos aplicando un esperpento ridículo, y lo ha hecho en un momento de especial virulencia y desesperanza como consecuencia de la pandemia.

El Portal de Belén, más allá de las burlas al sentimiento religioso como las habituales en los estercoleros erigidos por Ada Colau, es una manifestación sagrada de apegado a la tradición artística occidental, a sus mejores pintores, a su mejor exaltación religiosa labrada desde el arte pictórico gótico y renacentista al barroco. La época áurea de la escultura y la pintura europea, con genios como Botillecci, Miguel Angel, Donatello o Rafael, puso la imagen, el carisma y la semblanza de todo nuestro potencial creador al servicio del culto a Cristo, a su nacimiento y a su muerte en la Cruz.

El Papa Bergoglio ha decidido destruir la belleza que asiste al buen sentido de la Tradición y ha implantado contra los fieles su particular aquelarre. Además de las horrendas figuras cilíndricas del Belén de los horrores del Papa, Francisco ha iluminado la escultura de una “barcaza de inmigrantes” en la cual hay una representación de la Sagrada Familia, y ello para plasmar el compromiso vaticano con los procesos masivos de asalto fronterizo a que se enfrenta Europa y España con la vergonzosa complicidad de un Papa abiertamente decidido a culpabilizar a Europa –y no a las dictaduras africanas, ni a Soros ni a las ONSGs y su complicidad mafiosa- de las muertes en el Mediterráneo.

La última encíclica de Bergoglio, “Fratelli tutti”, lanzada en octubre de 2020, contenía la descarada promulgación del socialismo del siglo XXI elevado a rango eclesial. En el periódico español “El Pais” se elogió la citada encíclica a través de un artículo donde se establecía que el actual Papa “reformulaba el socialismo”. El documento de Bergoglio fue elogiado por todo el consenso progre: PSOE PP Podemos Ciudadanos y separatistas variados. En Europa, todas las naciones dominadas por políticos globalistas y salvo el grupo de “Visegrado” –Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa- alabaron oficialmente el texto papal, elogiaron con entusiasmo el texto de Bergoglio. En el mismo se enarbolaba la “deidad” universal de un Dios no cristiano, sino del “constructor universal”, al que todos los hombres podían aferrarse para su salvación. El reconocimiento del credo islámico, del “cambio climático” o el ataque al sistema “neoliberal” fueron parte esencial de las premisas de Bergoglio que blanquearon, una vez más, la invasión inmigrante, los regímenes comunistas de China y Sudamérica o la estafa de los catastrofistas climáticos que desean imponernos la dictadura ecologista. Las voces expertas en masonería, vieron, en el texto, una clara manifestación masónica, además de una conexión abierta con la izquierda antioccidental y anticristiana.

Con semejantes antecedentes no es de extrañar que Bergoglio haya consagrado la Navidad vaticana de 2020 a la burla contra los cristianos inaugurando un Belén siniestro, un ataque a la identidad europea mediante una escultura proinmigracionista y un absoluto desprecio a la civilización europea, sublime en su arte y su Tradición religiosa.

A la colección de dislates de este Papa como son la promoción del comunismo sudamericano de los Castro y Morales,  el reconocimiento del hereje Lutero como “testigo del Evangelio” o el perdón sacerdotal en confesión a las abortistas, hay que añadirle muchos otros como la apología de la mentira climática, la conversión de la Iglesia católica china en un apéndice del Partido comunista o el más reciente: la burla contra la Tradición del Belén navideño, contra el arte sacro, contra la consagración a la magnánima espiritualidad del nacimiento de Cristo.

El Belén barcelonés de Ada Colau en diciembre de 2019 fueron unas espantosas cajas apiñadas como si de un desván se tratase. El Belén barcelonés de este año son doce sillas vacías que parecen sacadas de unos dibujos animados. Se trata de esperpentos vomitivos para cualquier creyente. Creyentes que frente a estas aberraciones no podrán, sin embargo, oponer la grandeza y supremacía del tradicional Belén del Vaticano porque gracias a Bergoglio, la Roma eterna ha pasado a ser la Roma póstuma, la tumba del cristianismo y la burla a toda una civilización que agoniza gracias a un quinta columnista marxista cultural que no merece la categoría de representante terrenal de nuestro Dios Jesucristo.