Los crímenes de los castristas de los últimos días han  provocado comentarios en todos los medios de comunicación.  Los rojos –mayoría entre las  mentes de quienes brillan en los “media” como “apóstoles de la democracia y la libertad”,  defendiendo a los asesinos, manipulando la información según su norma habitual de actuación y negando que Cuba sea una tiranía, (“¡aunque no sea una democracia!) Hay que tener el alma podrida para escribir y hablar como lo hacen ellos.

Los liberales “ingenuos”, escribiendo cosas muy bonitas, pero ineficaces por no atreverse a coger al toro por los cuernos cuando, más que nunca, “las palabras son la excusa para no hacer nada”. El torero no remata la faena “tirándole cardos  al toro” lo hace “con una estocada”. Una lección para los políticos, espectadores despreciables y clase  absolutamente prescindible y eliminable para provecho de la sociedad—con excepciones mínimas--.

 Hace más de medio siglo, deberían haber organizado, “ellos”, la aniquilación  de la  tiranía castrista y, al no hacerlo, “ese cáncer” político está logrando destruir, en Hispanoamérica, lo mucho bueno dejado por España, que ha sido capaz capaz de aguantar doscientos años de  ataques constantes, por parte de las logias, el poder francés y el sajón. Todos enemigos mortales de la Hispanidad.

Y digo “¡pobres cubanos!” porque únicamente quiénes vivimos los años felices anteriores a la tiranía castrista –yo viví los catorce años anteriores a la ruina— podemos medir la desgracia de ese pueblo alegre, ágil --de mente y de brazos-- y trabajador. Ha sido tal manipulación de la realidad cubana vivida por mí, bajo Grau, Prío Socarrás y Batista, que no la reconozco. Ni siquiera los cubanos de menos de setenta años conocen ya la verdad.

Lo he proclamado de voz y por escrito durante estos sesenta y dos años de terror rojo en aquella Isla: En Cuba teníamos el mismo nivel de vida que los norteamericanos. La moneda cubana, corría mezclada con la estadunidense, valían lo mismo un peso, que  un dólar, un “realillo” que un “dime”. Los nuevos modelos de los “carros” americanos  salían, a veces, antes en Cuba –donde eran presentados—que en los Estados Unidos. Por sus calles –en 1945-- circulaban todas las marcas USA,  sus últimos modelos. Prácticamente en todas las casas había un coche, al menos.  Lo más común era dos y tres. Los habaneros vivíamos en “los repartos”, no en la “Habana vieja”,  reservada principalmente para los comercios y oficinas.

¿Qué eran  “los repartos”? Simplemente, las “zonas residenciales”, donde realmente se vivía. Por eso los colegios –los Maristas, La Salle, los Jesuitas, los Escolapios, los Salesianos— estaban todos en esos repartos: La Salle en el Vedado, los Jesuitas -- “Colegio de Belén”--, en Marianao, los Maristas en la Víbora y en el Cerro, los Escolapios en Santos Suárez y Guanabacoa, las Teresianas en la Víbora, la Universidad Católica en Marianao… etc.

Si yo vivo en Gavá, --cosa que extraña a algunos-- es porque,  cuando regresé no se me ocurrió ir a vivir a Barcelona – necesitaba vistas al campo--y al no tener “repartos” busqué un “pueblo próximo” que supliera  las zonas residenciales cubanas. ¡Fue mi suerte!, pues me vinieron a buscar,  --por dictado expreso de los dueños de Compañía Roca Radiadores-- para formar parte de la generación de altos ejecutivos que cogía la antorcha de los fundadores, con lo cual “entré por arriba” –como vulgarmente se dice—y nunca atuve más jefes que los amos”. (¡Once años de felicidad inolvidable!)

Con  estas pinceladas –al alcance únicamente de quienes lo han vivido—espero quede claro que,  en Cuba,  nuestro nivel de vida, en 1959,  era superior al de Europa ¡sin la menor duda! (Los atascos para pasar de los “repartos” a las zonas laborales eran, en  1945,  similares a los de veinte años después en la España  de la invasión turística. Ir de  Marianao al Centro, te podía costar media hora cruzar el Almendares, y “cruzar a pie” el Malecón” --para acercarte al mar--, te podía costar la vida. --la circulación era bestial y no existían los “pasos de peatones”.

Otro dato ilustrativo que cualquier empresario captará en el acto: Cuando llegó Fidel con sus crímenes, teníamos varios canales de TV –quizás una decena o más—y entre ellos uno trasmitía ya “en color”, cuyo  dueño era un  empresario santanderino muy popular y simpático --Gaspar Pumarejo--.

En Europa y,  especialmente en España, por entonces,  estaban iniciando la andadura de la TV.  Había unas doscientas emisoras de radio, pues el cubano vivía escuchando música. Pues bien, no había ninguna cadena de televisión o radio “publica”,  todas eran “privadas”. O sea se autofinanciaban. Eso evidencia que la industria y el comercio cubanos podían gastar en publicidad“.

La deducción  lógica y elemental es clara y simpleTanto a la Industria como el Comercio tenían beneficios suficientes para  financiarlos; el  dinero de la Publicidad no se pinta,  ni cae del cielo –salvo en la España sanchista que los subvenciona para destruir España—

Lo explicado es la mejor señal de su salud económica cubana,  cuando vino Fidel para arruinarla. Quienes lo vivimos, lo conocemos y no lo olvidamos. Pero los manipuladores de la realidad nos ignoran y buscan otros informadores. No olvidaré este ejemplo. José Maria Gironella – un escritor que yo tenía por serio, habiendo leído su libro “Los cipreses creen en Dios”—visitó Cuba poco después de la llegada de Fidel., y publicó una serie de artículos “explicando” la revolución castrista.  Cuando los leí quede´ “maravillado” de su capacidad para “digerir y explicar esa Revolución”. ¡No se había enterado de nada!, y así todos cuantos informaron a los españoles sobre lo que parece comienzan a intentar entender.

Desde que con diecisiete años llegué a la Isla, comprendí la necesidad de convencer a los cubanos  de que su locura por la democracia, los llevaría a la tiranía, --“mi tesis de siempre y más de hoy—y traté de abrirles los ojos. Acerté pero me dieron la razón tarde:…cuando algunos pudieron “llegar a Madrid y a la verdadera libertad “franquista”.