Tres en la sombra. Tres figuras fundamentales del globalismo desconocidas para la mayoría de la población mundial. No son ni Bill Gates, ni George Soros, ni Mark Zuckerberg, por citar algunos nombres conocidos de quienes podríamos decir: tres en la plaza pública. Tampoco vamos a hablar de Leslie Wexner, el hombre más rico de Ohio y cuyas conexiones con Epstein, otro “suicidado” que no podemos olvidar a la manera de McAffee, son inquietantes. Por el contrario, Klaus Schwab, Giuliano Di Bernardo y Vaclav Smil, de quienes vamos a tratar aquí, son menos conocidos pero quizás más influyentes. Poco conocidos, aún así. Los peces verdaderamente gordos están más al fondo que ellos, incluso, y sus nombres nos resultan desconocidos o, de saberlos (Ejemplo: Larry Fink), no nos dirían nada. Sin embargo, Schwab, Di Bernardo y Smil merecen nuestro seguimiento:

En primer lugar hay que hablar del economista germano Klaus Schwab es el fundador y director del “Foro de Davos” que, junto a “El club Bilderberg”, la “Comisión Trilateral” o el “Consejo de relaciones exteriores”, es una de las grandes instituciones globalistas. Se trata de una fundación que se dice “humanista” ligada a la (mal) llamada “Declaración Universal de los derechos humanos”. Recordemos que, además, la ONU basó su Agenda 2030 en el “Gran Reseteo” de Klaus Schwab, punto por punto. También organizaciones como GreenPeace siguen sin objeciones sus postulados. Paulo Coehlo, escritor de cabecera de autoridades mundiales como Bill Clinton, superventas y amigo personal de Schwab, definió al fundador del Foro de Davos como “un verdadero alquimista”. En el libro clave para entender la Agenda 2030, La cuarta revolución industrial, Schwab dice lindezas como la siguiente: “Surgirá un nuevo mundo, cuyos contornos nos corresponde a nosotros imaginar y trazar” porque “ahora es el momento del gran reseteo”. Este libro, deudor de La tercera ola de Alvin Toffler, anuncia el advenimiento de una nueva época de la tecnología y de la información que supondrá una auténtica tabla rasa con respecto a toda etapa anterior histórica, mental e incluso fisiológica de la humanidad. Anuncia la llegada del transhumanismo en un tiempo post-humano. En su reciente título Covid-19: El Gran Reinicio, Schwab afirma lo siguiente: “el mundo carece de una narrativa consistente positiva y común, esencial, si queremos empoderar a un conjunto diverso de individuos y comunidades y evitar una violenta reacción popular contra los cambios fundamentales en curso”. Este mesianismo que pretende imponer a los demás una determinada forma de pensar apesta a los peores totalitarismos del siglo pasado: “hay que ir hacia cierta forma de gobernanza global efectiva, cuanto más se impregne la política global de nacionalismo y aislacionismo mayores serán las probabilidades de que la gobernanza global pierda su relevancia y se vuelva ineficaz”. Se trata de alguien que dicta, no que sugiere. En 2021, el Foro de Davos ha contado con un “invitado de honor” inmejorable: Xi Jinping.

Por su parte, el profesor de Ética italiano Giuliano Di Bernardo es menos conocido. Ha sido durante décadas Gran Maestro de la logia masónica “Gran Oriente de Italia”. Divulgador de la “filosofía de la masonería” y supuesto filósofo (más bien risible) él mismo, es autor de numerosos libros. Sin embargo, su relevancia empieza a destacar en 1992 cuando refunda a los “Illuminati de Baviera” bajo el título de “Orden Dignidad” en Lucerna. Así lo escribe el propio Di Bernardo: “Este proyecto DIGNIDAD que estaba en desarrollo desde 1992 y pasó a la fase operativa. La operación se llevó a cabo precisamente el 11 de abril 93, con el apoyo de algunos nombres ilustres de la masonería internacional,como Lord Northampton, y algunos miembros importantes de la Dignidad futura, como el profesor Vittorio Mathieu. La presencia, en el mismo cuerpo de los masones y "opus dei" parecía ser una señal de que determinados puestos y cierta incompatibilidad pasada estaban ahora en gran medida a superar, como veremos más adelante en el tercer volumen de mis Confesiones de un Iluminado. También hemos podido saber como “detrás del ya famoso divorcio entre Di Bernardo y el Gran Oriente de Italia (que tuvo lugar entre el 13 y 17 de abril 1993) es su nueva creación, la Dignidad. Entre otras cosas, el acto de constitución de la empresa, con sede en Lucerna, Halder Strasse 40, son los mismos ideales que iban a aparecer, después de diez años, con la creación de la Academia Internacional de los Illuminati”. Estos Illuminati estarían muy relacionados con el lobby israelí de las finanzas (al frente de BlackRock está Larry Fink y otra serie de personajes de ascendencia judía), como indica Mario Conde sobre Di Bernardo, del que escribe en sus memorias: “...entre los asistentes se encontraba alguien singular: Di Bernardo, el profesor italiano de Ética, el hombre que recibió el encargo de la masonería inglesa de destruir la versión putrefacta de la Orden en Italia y comenzar desde cero con un modelo de Arte que se ajustara a los patrones ortodoxos emanados desde las islas Británicas”. Di Bernardo indica que la masonería ha traído la democracia a Occidente pero que ahora es necesario dar un salto a un sistema nuevo: “Occidente sufre una crisis profunda.la democracia ya no es suficiente. Necesitamos un tirano ilustrado para salir del caos del mundo globalizado. La sociedad global no se puede gobernar con democracia ya que el recurso a la democracia por sí sola, en un mundo globalizado, crearía muchos de esos conflictos que, al final, resultarían en el estado de guerra de todos contra todo de lo que habló Locke ¿La alternativa a la democracia? El gobierno de los ilustrados. Creo que el futuro de la humanidad, que ve la realización de la sociedad global debe ser gobernado por una comunidad de sabios que expresen al Uno, el tirano ilustrado. Un pensamiento probablemente no muy lejos del de los propios arquitectos de la globalización, el sistema-mundo rediseñado por los diversos Rockefeller y Rothschild, Kissinger y Brzezinski”. Esa sería la tesis de su último libro, El futuro del Homo sapiens, publicado en mayo de 2021 y donde se atreve a hablar de “El futuro de la humanidad”. Dictando, por supuesto, un futuro alejado de las democracias y muy cercano al modelo chino liderado con mano fuerte por un tirano o nuevo emperador global: Xi Jinping, quien, además, es un conocido Illuminati.

El tercero en discordia es el científico checoslovaco residente en Canadá Vaclav Smil. Quizás es el menos conocido pero es el autor favorito de Bill Gates, su referencia intelectual detrás de ideas como sustituir la carne animal por carne sintética; favorecer la inmigración en los países desarrollados donde desciende la natalidad; reducir la población mundial ante un futuro de hipotética escasez de recursos y desastres naturales; la revolución técnica de los robots; o la implementación de le energía nuclear a lo ancho del mundo. ¿Conocen el concepto de “transición energética” que todos nuestros políticos repiten? Es suyo. Es considerado por muchos la máxima referencia mundial en el ámbito energético, y las elites globalistas escuchan sus palabras como si fuesen las de un profeta de la antigüedad. Smil es autor de decenas de libros y de cientos de artículos que, según su página web, versan mayoritariamente sobre “los campos de energía, cambio ambiental y poblacional, producción de alimentos y nutrición, innovación técnica, evaluación de riesgos y políticas públicas”. Como ha dicho el propio Smil recientemente, “se necesita una transición acelerada para evitar un calentamiento global excesivo y, por lo tanto, la única medida del éxito es global”. Como Schwab, como Di Bernardo, Smil habla de la necesidad de un cambio de rumbo a nivel global. Por suerte para ellos, ha llegado el COVID-19: “una oportunidad” para alcanzar sus objetivos. Una desgracia para el resto.

Lo curioso de esto es que tanto K. Schwab (83), como G. Di Bernardo (82), como V. Smil (74) son tres hombres de avanzada edad empeñados en programar nuestro futuro. Estros tres tecnócratas con ínfulas de iluminados padecen tal nivel de narcisismo que se creen capaces de controlar los destinos del mundo. Y parece que hay un número suficiente de poderosos dispuestos a llevar a cabo sus intenciones. Por supuesto, todos ellos rinden pleitesía al Illuminati Xi Jinping: su modelo político y económico para dominar un mundo que, además, está poniendo en práctica una política imperialista de dominación global comprando deuda de países europeos, de competidores asiáticos como Japón o del propio EEUU. Además, está usando empresas en apariencia privadas para influir sobre puntos estratégicos relacionados con materias primas o energía en latitudes tan alejadas, en principio, de sus intereses como lo es Hispanoamérica.Pero no solo se trata de ellos. Si el mundo de la comunicación está en manos de magnates (como Ted Turner) y, más allá de la política visible, los nombres verdaderamente importantes siempre se mueven en la parte trasera del escenario (D. Rumsfeld o D. Cheney), la realidad es que el mundo está en manos de varios grupos financieros (BlackRock, State Street Corporation, Fidelity Investments, BlackStone Group, Capital Group, Vanguard Group) cuyo poder es prácticamente ilimitado y cuyos directores, como es el caso de Larry Fink, son poco conocidos para el gran público, a pesar de su poder, además de miembros de sociedades secretas como la “Kappa Beta Phi”, que domina las élites financieras neoyorkinas.

Reza la Agenda 2030: “La COVID-19 puede servir de catalizador para un cambio social. Debemos reconstruir mejor y cambiar nuestros patrones de consumo y producción hacia unos más sostenibles. Este momento de crisis también se debe aprovechar como una oportunidad para invertir en políticas e instituciones que puedan invertir la situación de desigualdad. Aprovechar un momento en el que las políticas y las normas sociales puedan ser más maleables que en épocas normales y dar pasos radicales que aborden las desigualdades que esta crisis ha puesto de manifiesto puede encauzar al mundo de nuevo hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Aquellos que nos oponemos a sus intereses debemos ser conscientes de algo fundamental: están condenados a la derrota. Si están actuando de forma tan evidente y mostrando sus objetivos al público es porque están desesperados. La globalización es su mejor arma para conseguir sus objetivos pero también es su mayor problema: no pueden continuar trabajando en secreto, como querrían. Su manipulación es eficaz, pero no total, y todavía quedan algunos focos de resistencia. Señalar quienes son, más allá de los nombres conocidos, estar al tanto de sus planteamientos y buscar la forma de combatirlos es el camino. Todavía no han ganado, todavía estamos luchando, aún queda lugar a la esperanza. No debemos dejarnos vencer. El Coronavirus puede ser una oportunidad para que acaben con la democracia y nos obliguen a cambiar nuestra forma de vida. Pero también puede ser una oportunidad para detener su imparable avance desde mitad del siglo pasado. Estamos viviendo, desde las sombras de los terribles acontecimientos presentes, la batalla de nuestras vidas. Ellos parecen tenerlo claro. Nosotros no del todo. Cambiar eso, conocerlos tanto como ellos nos puedan conocer a nosotros, es la mejor forma de torpedear sus acciones. Seguimos luchando. Sin descanso. Nuestra vida y nuestra libertad van en ello.