«La políticos han reabierto la Guerra Civil Española». 

Arturo Pérez-Reverte, martes 6 de octubre en Europa Press

Durante los últimos días hemos tenido novedades en relación al confinamiento y a su gestión en diferentes comarcas españolas (Linares, Arnedo, Rincón…). Destaca ―cómo no, la capital de España― la gestión de Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid gracias a la desinformación y el caos generado allí y al dudoso recuento de cifras de afectados por la COVID 19. El pasado martes, Sanidad dudaba de la veracidad de los datos.

Mientras tanto los diferentes partidos políticos siguen a la misma gresca política a la que nos tienen acostumbrados desde el comienzo de la democracia, demostrando que no están a la altura. Sus políticas de partido parecen estar por encima del compromiso con la ciudadanía que les exige nuestro derecho al voto. Esta una característica que tendría que ser excluida de cualquier manual de buenas prácticas. Pero temo que al PP y al PSOE les importen poco las buenas prácticas. Los partidos con más experiencia en el poder de nuestra democracia deberían haber aprendido algo de sus antecesores. ¿Y qué podían haber aprendido? Déjenme introducir el tema antes de sugerir una respuesta.

En 1986, el presidente Felipe González permitió que España entrara en la OTAN después de haber defendido lo contrario en la campaña electoral. En 2004, Alberto Ruiz Gallardón ―por aquel entonces alcalde de Madrid― afirmó tras los atentados del 11M que «Lo que ETA ha hecho es imposible de calificar ni de comparar. Es la masacre más importante que ha habido nunca en nuestra historia». Como ya sabemos, ETA no fue responsable de este atentado. Esto sucedió durante el Gobierno de José María Aznar. Dos antiguos presidentes a los hemos podido ver juntos, por ejemplo posicionándose en contra de Pedro Sánchez (sic). Ya podían haberse unido antes de meternos en una crisis ―me refiero a la Recesión de 1992― por la que aún estamos sufriendo las consecuencias.

Hoy los protagonistas son otros. Pero siguen sin unirse por un bien común. Siguen sin unirse por España. ¿Así como vamos a creernos que «Este virus lo paramos todos»? Todos no. Porque cuando nuestros representantes en el Parlamento se aferran a sus políticas de partido antes que unirse por un bien común están dando un ejemplo pésimo a la ciudadanía. Este virus tenemos que pararlo nosotros. Muy bien, de acuerdo. Pero espero que no eludan responsabilidades cuando termine esta crisis.

El martes 6 de octubre, María Jesús Montero, ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, se congratulaba en Consejo de Ministros de que se suspenden los límites de deuda en situaciones de excepcionalidad y celebraba que estamos atravesando una pandemia. Les invito a ver ese momento. Búsquenlo en las redes. Entiendo que una ministra de Economía se alegre de que España no siga endeudándose, ya estábamos bastante mal antes de la irrupción de la COVID19. ¿Pero cómo puede celebrar esto? Sigue muriendo gente, señora ministra. Y una vida vale más que todo el dinero del mundo…

Entonces, ¿qué podrían haber aprendido? Por ejemplo, que las falsas promesas decepcionan a quienes han demostrado su confianza en las urnas o que mentirnos debería ser una práctica inconcebible en un estado de derecho. Pero no. ¿Saben de qué sí han tomado nota? De que por mucho que nos mientan, si tienes el beneficio de tener a favor a los grandes grupos de comunicación, tus votantes estarán tan aturdidos que mantendrán su fidelidad en el voto. ¿Y por qué? Porque los grandes medios solo buscan audiencia, dinero y poder. Pero también por el miedo que nos infunden ante nuevas fórmulas de hacer política.

El problema es lo suficientemente serio como para que olviden sus diferencias ideológicas igual que nos han obligado a cambiar nuestros hábitos de vida y a restringir nuestras libertades. Únanse de una vez y dejen de jugar a «quién es el mejor» y al «y tú más» que ya han muerto más de 32.000 personas. Y recordad que vuestra responsabilidad es mayor que la nuestra. Al menos eso demuestran vuestros cargos. Y vuestros sueldos…