Se ha podido ver como, en los dos debates de investidura, los líderes de los principales partidos políticos hablaban sobre sus respectivos programas y planes. Ambos eventos, conectados de modo político y jurídico, sirvieron para disfrutar de una interesante obra de teatro protagonizada por sujetos que, según el artículo 66 de la Constitución, son representantes de la población.

Las personas que intervinieron en el Congreso de los Diputados hablaron en numerosas ocasiones de las cuestiones que preocupan a sus votantes, pero no parece, por sus actos, que ellos piensen en los mismos asuntos. Simplemente, se dedican a ejercer un despotismo parlamentario, en el que se habla del pueblo, pero sin prestar atención al pueblo, como ha estado ocurriendo durante los últimos años, debiendo destacarse lo que sucede en la elaboración de muchas leyes.

Ya es algo común que se utilice a los ciudadanos como arma por los parlamentarios, que no son capaces de pactar, aunque sea lo que se deduce de la voluntad popular indicada por los resultados de las elecciones generales. Cada partido político quiere llegar a acuerdos, pero sin ceder y con la pretensión consistente en aceptar, únicamente, aquellas propuestas en las que el rival se adhiera absolutamente a las condiciones que presenten, de modo que la mayoría de las negociaciones están bloqueadas, siendo la única salida que pueda renunciarse a determinadas pretensiones.

Es cierto que habló mucho sobre cambios, pero pocos se han producido, ya que, habiéndose alterado la composición del Congreso y habiéndose incorporado miembros de partidos políticos sin experiencia parlamentaria estatal, los comportamientos y las confrontaciones que hay actualmente recuerdan a las discrepancias de tiempos pasados. En cualquier caso, no resulta especialmente lesiva para los intereses de España el panorama presente, pues, ahora, la situación no es peor que la existente con anterioridad al proceso electoral del día 20 de diciembre del año 2015.

 

Si los dirigentes públicos hablan mucho y actúan poco, como ocurre con frecuencia, no cambiará nada realmente. La situación es preocupante