En su tradición milenaria China se ha considerado siempre el centro del mundo y su estado se calificó como el “Imperio del Centro”. Esto es evidentemente una inexactitud pues China no ocupa una posición central ni en las tierras de Eurasia ni en las aguas oceánicas.

En las épocas en que el dominio terrestre era importante China siempre tuvo como talón de Aquiles sus fronteras occidentales sometidas a constantes incursiones de pueblos nómadas de las estepas centrales eurasiáticas y que en varias ocasiones acabaron incluso conquistando todo el país. En cuanto al poder naval que siempre ha sido determinante para el mantenimiento de los imperios como ya estudió el almirante americano Mahan, China no pudo mantener las grandes flotas necesarias para ello puesto que hubiese necesitado los grandes ingresos provenientes de las explotaciones coloniales que no tenía y que históricamente Roma, España e Inglaterra emplearon para ello.

De todo esto nace una contradicción insuperable para que China pueda llegar a ser el imperio mundial que pretende. Por un lado su posición geográfica terrestre le obligaría a expandirse por Siberia lo que implica el choque con Rusia que así resulta ser su aliado táctico y su enemigo estratégico (como ya se vió por ejemplo con Vietnam en 1979), por otro lado en el mar solo tiene acceso al Pacífico y aun este queda limitado por el enemigo estratégico japonés que apoyado económica y militarmente por USA no le permitirá siquiera la hegemonía en ese teatro y llegado el caso bloquearían sus costas.

De manera que la geografía ha condenado a China a no poder llegar a ser ese “Imperio del Centro” al que aspiran los chinos desde la época de Confucio o antes.