Siempre confié  en poder disfrutar en el otoño de la vida cuando,  libre de obligaciones laborales,  pudiera dedicar todo mi tiempo a mis aficiones: escribir y leer… en ese orden (el inverso…lo veía, ya,  como  pretérito y cumplido con creces: durante  veinte años me dediqué a formarme, estudiando a fondo,  sin dejar de ganarme la vida trabajando  a jornada completa.

No me he equivocado, mi otoño no puede ser más feliz, a pesar de los palos recibidos desde que me jubilé.  Es un otoño risueño, con alguna carcajada. Sería terrible pasarse los días riendo; es más fácil verla transcurrir con la sonrisa en los labios. ¿Qué provoca mi sonrisa? Simplemente,  vivir para ver confirmado lo previsto por la lógica y anunciado con tiempo.

Créanme,  es un  placer de dioses tener buena memoria “selectiva” Quiero decir, recordar los que sostenía ante los “genios” de lo pragmático en los diversos campos, especialmente en los temas sociales, políticos y religiosos. Y ver que el tiempo me da la razón.

No me puedo quitar de la memoria los argumentos de aquellos defensores y “apóstoles de la Democracia y el Antifranquismo”,… cuando les decía: “No sabéis lo que es  la democracia, y  el odio os ciega y os impide ver la realidad, en la que estáis inmersos”.  Yo había  vivido catorce años fuera de España  en la “Democracia por excelencia”, donde podías leer titulares como éste: “¡Que suerte tiene el cubano, doscientos millones para dos hermanos!”—los  “dos hermanos” eran,  el Presidente Carlos Prío y su hermano ministro de Hacienda—“¡Y no pasaba nada!”

O  ver al Dr. Ramón Grau caminando por la calle y un “espontáneo”  acercársele, pasarle el brazo por encima del hombro, sin que se inmutaran,   ni el Presidente de la nación, ni los que le acompañaban… ¡allí no había “distancias”!,  los dos iban en guayabera… (No me lo han contado, lo vi yo).

Yo argüía a los cubanos: una cosa es la libertad y otra los valores que se pisotean con la corrupción, la pérdida de las normas morales de todo tipo, etc.,  que los acompañan como la sombra al cuerpo.

En los años sesenta me daba pena la ingenuidad o la memez de quienes no veían que, en la España de Franco,  estábamos viviendo la Segunda Edad de Oro de nuestra Historia, con la máxima libertad que hemos disfrutado jamás, salvo los chorizos --o aspirantes a serlo-- disfrazados de  “grandes demócratas”. Los únicos “sin libertad» eran los enemigos probados de la Patria y al servicio de la Sinagoga de Satanás –con otro nombre- , pero no me gusta  engañar utilizando el lenguaje impuesto por “ella”.

Entonces “aquéllos” me daban pena  pero hoy, “éstos” –discípulos o seguidores suyos--, me hacen reír: los grandes comunicadores, los ilustres y prestigiados periodistas, los escritores de todo tipoviéndolos “ignorar” a Franco, despreciarlo, lo insultarlo, calumniarlo,  perseguirlo.

Llevamos cuarenta y seis años oyendo, leyendo y viendo mentiras en  los medios de comunicación, en los libros, etc. y  he cambiado la “pena” por “la sonrisa o la carcajada”  Deberíamos, llorar  por su incultura y limitada inteligencia, pero prefiero sonreír o reír.

Ayer leía esto en un artículo con el que un ilustre periodista, “blanquea” al genocida, asesino y sinvergüenza de Carrillo:  

“La Transición no fue perfecta pero Carrillo--  propició que ‘los españoles recuperaran la libertad perdida’ tras la guerra fratricida que acabó en 1939”…

Esta estupidez mastodóntica y cretina,  la publica un señor que  tenía veinte años cuando murió el Caudillo y que nació  en una ciudad inmune en 1936 al terror rojo,  muy cerca de la capital de la Zona Nacional. Y lo hace en un periódico que “fue decisivo y creíble” durante  décadas y cuyo dueño financió el “Dragon Rapide” –clave al inicio de “esa guerra civil”…. Completa el escrito con otra necedad, --media verdad el texto, y “puerca mentira” por lo que insinúa--: “… algunos hablan de fascismo y comunismos sin saber lo que significan esas palabras ‘porque han nacido en un país libre’…

Ilustre señor periodista mirandés: Tú sí que naciste en la nación más libre del mundo,  en pleno Régimen del 18 de julio. En un país donde cada español hacía lo que le daba la gana y la salía de las narices: En primer lugar porque gozaba absolutamente del uso de su plena Libertad y, además – algo importante—tenía dinero para hacerlo

Únicamente los asesinos, y canallas probados o aspirantes a serlo, y  los chorizos probados o aspirantes a serlo –cuyo sueño han realizado con la Transición, pudiendo robar a placer  desde los cargos “democráticos” oficiales. La “divina” Transición  hizo el milagro. (Modelo de perjurio y de traición). Pero  todos los españoles normales, decentes, trabajadores, de izquierdas de derechas de centro, o sin idea de política… podían hacer y decir lo que les daba la gana. Libertad que nos han robado ya.

Ilustre Señor:

Tenías, tu, veinte años cuando murió Franco y, sin duda, como todos los de tu generación,  “conserváis imborrables en vuestros cuerpos  las ‘marcas de las torturas’  en vuestra ‘dura piel’…”. ¡No me hagas reír! Cuando tú tenías cuatro años yo regresé a mi Patria, desde “paraíso de la Democracia”—Cubita la Bella—donde un nuevo Santiago Carrillo trajo la “libertad” que vosotros,  los valientes universitarios defendíais haciendo atletismo delante de los “grises”. Estos, "conocían perfectamente” a los cabecillas – ¡y a Isidoro!—pero  tenían “orden de no molestarlos” y de dedicarse al “deporte de correr detrás de vosotros”… (¡Sé lo que afirmo!)

Tengo 27 años más que tú, y  con mi curriculum podría darte lecciones de algunas cosas pues esas afirmaciones tuyas me dicen que a tus sesenta y seis años,  tienes mucho que aprender (Historia Moderna, sentido de la orientación y un poco más de respeto a la Verdad vivida…)  Me temo que tú mismo no sepas lo que es el fascismo,  ni el comunismo, ni la objetividad para juzgar a un canalla como Santiago Carillo.