Lo sucedido en las Comunidades de Madrid y Murcia reflejan con claridad meridiana el lodazal en que se ha convertido la política española, ofreciéndonos un retrato fidedigno de los valores, actitudes y conductas que caracterizan a cada uno de los partidos que nos representan, si bien en el cuadro faltan los partidos nacionalistas, dado que sus felonías se circunscriben a la comarca donde se enraízan sus desquiciadas y supremacistas ensoñaciones aldeanas.

Así -en medio de una pandemia, que ya se ha cobrado más de 100.000 víctimas mortales, y de una crisis económica, que registra una caída histórica del PIB,  4 millones de parados y más un millón de personas en ERTE- tanto el PSOE como Cs, ajenos por completo a los problemas reales de los españoles, han desatado la tormenta perfecta al presentar una moción de censura, finalmente fallida, contra el presidente de la Comunidad de Murcia, el popular Francisco López Miras, obligando con ello a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha disolver la Asamblea de Madrid y convocar elecciones anticipadas, para no verse inmersa en la misma situación que su compañero de partido.

De esta forma, el PSOE con su inconmensurable falta de escrúpulos a la hora de actuar ha puesto de manifiesto que, bajo el liderazgo de un ególatra como Pedro Sánchez, ha dejado de ser una organización política al servicio de los ciudadanos, para convertirse en una empresa de marketing y publicidad cuya única finalidad es promocionar su propia imagen para perpetuarse en el poder. De hecho, solo desde la ausencia absoluta de principios morales puede entenderse que su actividad política vaya encaminada a desestabilizar a los gobiernos regionales del PP y Cs, en lugar de ocuparse en solucionar los enormes problemas que en este momento acucian a España, como evidencia el hecho de que seamos el país con mayores tasas de morbimortalidad por coronavirus y con mayores tasas de paro de toda la Unión Europea.

Por su parte, Cs se ha superado a sí mismo con su proceder, hasta el punto de dejar de ser un partido veleta para convertirse en todo un parque eólico. Así, ya no sorprende a nadie el que una experimentada acróbata de la política como Inés Arrimadas, a pesar de decir que “quien esté pensando en poner en peligro la estabilidad de los gobiernos tiene un problema moral”, haya decidido consumar algo tan inusitado como una automoción de censura, alegando fundamentalmente la vacunación irregular de trabajadores de la Consejería de Sanidad, a pesar de que ello se saldó con la dimisión de su titular, mientras no parecen dar importancia a que el Ministerio de Sanidad, en manos de sus nuevos socios, tenga en paradero desconocido 28.000 vacunas. Pero como todo es susceptible de empeorar, el disparatado golpe de mano fracasó estrepitosamente a las pocas horas de ponerse en marcha cuando tres diputados de Cs decidieron dar marcha atrás, mantener la coalición de gobierno con el PP y no apoyar la moción de censura. Todo lo acontecido en la región murciana viene a confirmar la sospecha de que Cs, con su decisión de convertirse en muleta del PSOE cuando éste no cuenta con el apoyo de podemitas e independentistas, se estaba suicidando políticamente. Así, a día de hoy, el partido ya no es otra cosa que una empresa de colocación, con todos sus cargos, como si de tripulantes del Titanic se tratara, buscando desesperadamente donde encontrar acomodo antes del inexorable hundimiento que se avecina.

En cuanto a Podemos, dada su escasa representación en los parlamentos regionales y teniendo en cuenta que la tropelía la realizan sus socios de gobierno, los damnificados son de derechas y en los hechos no están implicados ni la Monarquía ni las Fuerzas Armadas ni la Judicatura, se ha limitado a apoyar la iniciativa sin mayores alharacas. Mientras tanto, Pablo Iglesias parece ser que, disfrutando de un merecido descanso tras unas jornadas de intensa actividad revolucionaria protegido por la Guardia Civil, se ha recluido en su lujosa mansión para proseguir con su compulsiva adicción a las series televisivas, con el consiguiente descuido no solo de sus responsabilidades políticas, sino también de sus hijos, tal y como ha denunciado a los medios una apesadumbrada Irene Montero, que algo sabrá del tema ya que es su pareja sentimental, además de ministra de Igualdad por la vía del nepotismo.

Por lo que respecta al PP, nos encontramos ante una dicotomía de difícil resolución. Así, el partido en su conjunto, bajo la dirección de un hombre de escasa reciedumbre como Pablo Casado, mantiene los complejos fundacionales, la cobardía a la hora de la confrontación ideológica y, en consecuencia, el sometimiento a la dictadura del pensamiento progre. De hecho, es tal su falta de gallardía que sabiendo de antemano que en Murcia les iban a desalojar del gobierno regional, con tal de evitar el posible “sorpasso” de Vox en unas elecciones anticipadas, decidieron cruzarse de brazos y entregar la plaza al enemigo. A su vez, como loable contrapunto dentro del PP, nos encontramos con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la cual, tras la defenestración de Cayetana Álvarez de Toledo, se ha quedado como único líder en el que puede confiar el votante popular. Así, ha demostrado su firmeza y capacidad durante la pandemia al mantener una gestión equilibrada y eficiente, orientada a proteger tanto la salud como la economía de los madrileños, a pesar de las críticas recibidas no solo por parte de la coalición socialcomunista, sino también de Cs, sus socios de gobierno e, incluso, de relevantes figuras del propio PP. A su vez, ante la amenaza nada descabellada de traición por parte de Cs, lejos de acobardarse prefirió someterse al escrutinio de los madrileños, para lo cual decretó de motu proprio la inmediata disolución de la Asamblea de Madrid y la convocatoria de elecciones anticipadas, acertando con el planteamiento ya que solo unos minutos después tanto el PSOE como Más Madrid presentaron de forma torticera sendas mociones de censura. Sorprendentemente la Mesa de la Asamblea de Madrid, a pesar de conocer la firma del decreto presidencial, admitió a trámite ambas mociones, con los votos a favor del PSOE y Cs, obligando a intervenir para resolver el conflicto al Tribunal Superior de Justicia de Madrid, el cual finalmente ha resuelto permitir la celebración de elecciones el próximo 4 de mayo.

A la vista de estos hechos, resulta curioso comprobar una y otra vez como los socialistas no pierden ninguna oportunidad de mostrarnos su total hipocresía, ya que hace solo un mes clamaban por la celebración de elecciones en Cataluña a pesar de la pandemia y ahora en relación a Madrid proclaman indignados que en medio de una pandemia no se deben celebrar elecciones. Evidentemente no es la protección de la salud lo que guía las decisiones del partido socialista, sino el miedo a que los madrileños, en el libre ejercicio de su derecho a votar, se decanten mayoritariamente por Isabel Díaz Ayuso, convertida ya por derecho propio en su auténtica bestia negra.

Finalmente, Vox ha dado suficientes muestras de la honorabilidad que le caracteriza, ya que no solo ha sido capaz de mantenerse firme en la defensa de sus valores, sino que, gracias a una lealtad absoluta a los compromisos adquiridos a pesar de los indecentes insultos recibidos por parte de la cúpula nacional del PP, ha conseguido dar con sus votos la necesaria estabilidad a los gobiernos regionales del PP y Cs, no aceptando formar parte de complot alguno para derrocarlos. En este punto es necesario destacar la serena inteligencia y el encomiable vigor con que Rocío Monasterio se ha desempeñado en la Asamblea de Madrid, anteponiendo en todo momento la defensa del bienestar de los madrileños a cualquier otro tipo de consideraciones.

En conclusión, solo cabe señalar que, como han puesto de manifiesto tanto Isabel como Rocío, ha llegado para todos los madrileños el momento de elegir entre socialismo y libertad. En esta tesitura solo hay dos opciones válidas y útiles: la que representa el PP de Isabel Díaz Ayuso y la que representa Vox con Rocío Monasterio.

Decía el emperador Marco Aurelio que “el eco de lo que hacemos ahora resuena en la eternidad” y efectivamente nunca como en estos momentos de zozobra nacional tal aserto puede resultar más cierto. Por ello, ante la descomunal embestida socialcomunista que se vislumbra en el horizonte, todos aquellos que amamos la libertad tenemos la obligación moral de hacerles frente con la convicción de que el futuro de España está en nuestras manos y comienza a decidirse en Madrid.