Carta de Giorgia Meloni en el diario conservador La Veritá, publicada en La Voce del Patriota el 2 de abril.

Los acontecimientos de los últimos días, con el ataque a una iglesia en Indonesia y la masacre islamista en Mozambique, nos han devuelto repentinamente a la trágica dimensión de la persecución de los cristianos. Hermanos de Italia nunca ha desistido en su empeño de tratar de poner el foco en lo que es el genocidio más grande del mundo. Es un tema muy importante para nosotros y, tanto en el Parlamento Europeo como en el Parlamento Nacional, hemos sido los promotores, junto con Carlo Fidanza y Andrea Delmastro, de los intergrupos parlamentarios por la libertad religiosa.

En 2020, más de 340 millones de cristianos fueron perseguidos o discriminados. Se estima que murieron casi 5.000 personas, más de 13 al día. A esto se suman las miles de iglesias atacadas, demolidas o cerradas y de las muchas personas que siguen sufriendo, desde Nigeria a Kosovo, desde Egipto a Irán, desde Siria a Armenia, desde Pakistán a Irak, desde Mozambique hasta Corea del Norte. Hasta el intento de masacre en Indonesia el Domingo de Ramos.

Millones de cristianos son perseguidos simplemente por su fe. En algunos estados como Siria e Irak, donde son atacados por los terroristas del Daesh, esto es una emergencia. Les reiteramos nuestra solidaridad, pero también nuestro firme compromiso político.

Es inaceptable que la Unión Europea, que sigue profesando ser la defensora de los derechos de cualquier minoría posible e imaginable, no dé prioridad a la defensa de estas comunidades. Cuando inesperadamente se decidió eliminar la referencia a las raíces cristianas de la Constitución Europea que se estaba redactando, una decisión a la que nos opusimos, fue como si hubiéramos cortado una parte de nosotros mismos y con ella el profundo vínculo con nuestros hermanos cristianos perseguidos en todo el mundo por su fe.

En cada ocasión, Europa debe poner en el centro la libertad religiosa y la defensa de las comunidades cristianas: debe hacerlo cuando firme acuerdos comerciales con terceros países, así como cuando proporcione fondos para la cooperación internacional para el desarrollo. Y la comunidad internacional debe hacerlo antes de dar lugar a aventuras militares que, con el espejismo de exportar la democracia, muy a menudo terminan allanando el camino para el islam fundamentalista. Defender a los cristianos, dondequiera que estén, también significa defender nuestra identidad, reafirmar nuestro apego a lo sagrado de la vida, a la igualdad entre hombres y mujeres, a la defensa de la familia natural fundada en el matrimonio. Estoy orgullosa de que, con motivo del Jueves Santo, Hermanos de Italia organizase la conferencia “En nombre del padre. La tragedia diaria de los cristianos perseguidos” y agradezco a todos los que han intervenido en ella, en particular a los misioneros y sacerdotes que nos han enviado su testimonio. Gracias a estas personas valientes, que están en primera línea todos los días, podemos tener información libre de censura y conocer hechos que de otra manera nos serían vedados. Desafortunadamente, en muchas realidades su fe y su trabajo son los únicos escudos que protegen a aquellos que son olvidados o sacrificados en el altar de los intereses económicos o políticos, como todos vemos que sucede con demasiada frecuencia. Los conservadores siempre han luchado para defender la libertad religiosa. Lo hicieron en el pasado oponiéndose al ateísmo de estado impuesto por el comunismo soviético y lo volverán a hacer en el futuro, contrarrestando los excesos del Partido Comunista Chino, del islamismo radical y de cualquier otra persona que no quiera defender la libertad religiosa.

Este compromiso está y estará aún más en el centro de mi mandato como presidente de ECR, el partido de los Conservadores y Reformistas Europeos, y es un objetivo en el que pretendo involucrarme. A nuestros hermanos cristianos perseguidos en el mundo, mi deseo de que puedan pasar, en libertad y seguridad, una pacífica Pascua de Resurrección.