Europa se ha levantado sacudida por otro atentado. Y como siempre, el circo se ha puesto a andar. El legado intelectual que tenemos en España ha salido del letargo y un día más han tirado de su gran elocuencia para hacernos entender que todos y cada uno ellos, son hoy especialistas en antiterrorismo y lo que es más sorprendente, explicarnos el cómo y de que maneras se podría haber evitado el atentado de Bruselas.

 

Existen individuos dispuestos a atentar y con capacidad para hacerlo. Y cuando escucho a esta muchedumbre intelectual, decir que al primer sitio que hay que mirar cuando se produce un acto terrorista, es a los servicios secretos que deberían haber protegido el entorno de esa cuestión, me echo a reír.

 

Hace unos días, Cercas nos daba lecciones de cómo ser buenos cristianos y nos proponía que revisáramos las formas y maneras que tenemos a la hora de recibir e integrar a los inmigrantes dentro de nuestras fronteras. El hoy venido a menos escritor, ponía nombres y apellidos a los responsables de la existencia de atentados, viniendo a decir que es la propia sociedad la que debería de mirar en sus entrañas para redimirse de los históricos pecados a los que repercutir la autoría de los atentados. ¿Apología del terrorismo? Le recomiendo un buen examen psiquiátrico, señor Cercas.

 

A los tres minutos de las dos primeras explosiones de esta mañana en Bruselas, las únicas y verdaderas fuentes a las que hay que ir a mamar en estos días tan particulares, cifraban en torno a cuarenta los muertos con los que cerraríamos el día, sin contar heridos. A la vez que se informaban de esas cifras, se desalojaron algunas de las instalaciones de la ciudad porque se sabía que habría al menos uno o dos problemas más. Y los técnicos competentes en la materia que no las autoridades que andan más perdidas que el barco japonés que perdió las ostras en el Mar Menor, trabajaban por encima de sus posibilidades para evitar lo que podría venir.

 

En esos mismos instantes, los platós de televisión y las emisoras de radio, se convertían en el patio de colegio al que nos tienen acostumbrados y entremezclaban palabras incompatibles en estos días.  Alguien tiene que poner remedio a esto. Alguien tiene que decir basta. Alguien tiene que limitar a estos mamarrachos que hablan y hablan sin saber y sin entender absolutamente nada.

 

En estos momentos, pongo la televisión y me encuentro a un chaval de treinta años. No me interesa su nombre y desconozco su formación, de donde viene y a donde va, pero me resulta sorprendente como habla de la supuesta economía del grupo terrorista que presumiblemente atentó esta mañana en Bruselas e incluso la compara con la capacidad que estos mismos tenían hace dos años. Ningún dato es real, no hay apreciación que tenga ningún valor ni porque atenderle, habla por hablar. Pero ahí está, en una televisión cualquiera dando información que no tiene ningún valor.

 

Estamos en guerra y cuando entendamos eso, seremos capaces de hacer frente al estado de terror que nos están implantando dentro de nuestras fronteras. Pero mientras eso llega, que se callen, por favor.