Ni se hablan entre ellos, ni se quieren. La Familia Real (Felipe, esposa e hijas) parecen huérfanos. Hasta para dar una imagen de familia son un fiasco. Ojala sean sus últimas vacaciones a costa del erario público. O dicho más exactamente, ojala acabe esta farsa que es la Monarquía. Así de claro, y así de rotundo debería ser por el bien de España.

El día 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, el Monarca le pedía a nuestro Patrón ayuda para “cultivar (la cultura laicista) nuestra convivencia democrática”. El día 27 acudía a la toma de posesión del ridículo indio que no se cansó de insulta a España, el otro Pedro, Pedro Castillo, como presidente de Perú, al que la Corte Suprema de su país casi tiene imputado como miembro del grupo terrorista-marxista Sendero Luminoso. Y ayer, 3 de agosto, se reunía con Pedro Sánchez al que no pedía explicaciones, y se hacían públicas, sobre sus concesiones a la mesa golpista de Cataluña.

La historia siempre tan impredecible en España no puede descartar otro 14 de abril, que de la misma forma que el de 1931 tendría como resultado la marcha del Rey, aunque puede que no tuviera que huir precipitadamente porque seguro que en esta ocasión no se pondría precio a su cabeza.

Si por azar del destino siempre tan caprichoso yo fuera Rey, como por azar son todos los reyes que han sido, son y si los pueblos no lo remedían serán, ejercería como tal, porque igual me daría que me daría igual que me tuviera que ir habiendo cumplido o habiendo sido un fiasco para propios y extraños.

Felipe VI no representa más que una institución impuesta, la Corona, normada en una Constitución que se puede modificar, cambiar de arriba a abajo o sencillamente revocar. Y porque lo sabe, a ello se atiene sin salirse un milímetro de lo que le dicte el gobierno de turno, con más precaución si se trata de un gobierno de izquierdas. Lo mismo que hizo su padre hasta que se cansaron de verle la cara y le echaron de España por los mismos cargos por los que otros no han pagado.  

No sé cuántos monárquicos de verdad hay en España, supongo que muy pocos, y divididos entre Felipe y Sixto, y aunque esto es una realidad, la nefasta memoria de la República en España se va diluyendo, porque como bien dice el refrán: A la tercera va la vencida. Que en eso estamos. TODO POR LA PATRIA.