El recién llegado Joe Biden ha vertido sus primeras Órdenes ejecutivas, y la diarrea del detritus marxista cultural no ha podido ser más infame y desoladora. No se podía esperar otra cosa de quién cabalga a lomos de la masonería iluminada norteamericana y sus lobbies más siniestros, contando con la bendición del actual jefe del Vaticano, el globalista Bergoglio.

Biden ha aprovechado sus primeras decisiones presidenciales para establecer al frente de la Subsecretaría de Salud de los EEUU y por tanto de las Agencias de medicamentos y Sanidad, a un conocido transexual de la política norteamericana: Rachel Levine. Levine, hombre que trepó en el Partido demócrata tras renunciar a su sexo biológico y proclamarse “mujer”, dirigió la Sanidad en el Estado de Pensilvania durante la oleada de Coronavirus y fue investigada por su responsabilidad en la muerte de 5000 ancianos secuestrados en residencias por una orden de la propia Levine. Eso sí, ella sacó a su anciana madre de una de esas residencias poniéndola a buen recaudo. El transexual Levine, con la titulación de Pediatría, fue padre de dos hijos. Abandonó a su esposa y a su prole, y actualmente ejerce de transexual- lesbiana pues cohabita con una mujer.

Es evidente el guiño de Biden al poderoso movimiento LGBT de EEUU, cuya fuerza de masas se entrelaza con el terrorista “Black lives matter” con el que comparten estrategias de acción. Este favor al LGBT se evidencia también en la Orden presidencial que manda que las escuelas nacionales de EEUU, bajo amenaza de no percibir fondos federales, integren a hombres biológicos travestidos en los equipos femeninos deportivos de mujeres de verdad.

Además de empoderar al lobby transexual, el equipo gubernamental de Biden también ha lucido el palmito racista anti blanco.
El “trabajo fino” de Black lives matter en favor del candidato Joe Biden comenzó en junio del pasado año, cuando la muerte de George Floyd no por la brutalidad policial sino por la droga que este delincuente portaba en sus venas, sirvió a la citada organización terrorista para comenzar una campaña de terror social y demonización tremebunda contra los norteamericanos blancos arguyendo un supuesto racismo sistémico inexistente contra los negros.

Al contrario de lo que sostiene BLM, el único racismo existente en EEUU es el del empoderamiento de grupos socialistas anti blancos unidos a Black lives matter. Su poder es tal que Joe Biden ya está tramando un sistema legal que lleve a la cárcel inmediata a quiénes difundan verdades templarias pero opuesta al pensamiento progre como que el 55 por cien de homicidios en EEUU son protagonizados por personas de raza negra, o que el 60 por cien de robos y delitos de droga en EEUU son también ejercidos por ellos.

La probabilidad de que un policía blanco muera a manos de un delincuente negro es 17 veces mayor a que un delincuente negro sea abatido por un policía. Teniendo en cuenta que la población negra de EEUU representa un 13 por cien respecto al total, las ratios mencionadas son elevadísimas. Las cifras están relatadas de forma independiente y objetiva por los Informes de las agencias federales y son constantes desde hace décadas.

Pues bien: Biden estimulará la entrada inmediata en la cárcel de aquel periodista o comunicador que informe libremente sobre estos aspectos.

Cabe decir que las élites demócratas de Biden son afines no sólo Black lives matter sino a las publicaciones racistas y violentas como “Race Traitor”. Se trata de un periódico fundado por Noel Saúl Ignatin, profesor de Historia. Desde el mismo se postula la “extinción de la raza blanca”.

“La clave para resolver los problemas sociales de nuestra época es suprimir la raza blanca. Hasta que esa tarea no se culmine, incluso la reforma parcial resultará difícil de alcanzar, debido a la influencia blanca que penetra en todos los asuntos de la sociedad, ya sea a nivel nacional o en el extranjero”. Así se expresaba un conocido artículo de este “think tank” de la izquierda norteamericana.

“La traición a los blancos es lealtad a la humanidad”. “A los blancos se les debería encaminar a su desaparición, disminuyendo la natalidad entre ellos y potenciando la del resto de razas”. Rezan otros artículos del mismo diario.

Este periódico, autoproclamado enemigo de la raza blanca, es legal y es panfleto de cabecera de los Demócratas y línea de acción de Black lives matter.

Voces de este panfleto, así como de la “liga Antidifamación” y de todos los lobbies progres de EEUU desde los filo pedófilos hasta los progres del Partido demócrata, hicieron fuerza para destruir al Doctor James Watson, Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos sobre el ADN en los años 60. Watson estudió el Coeficiente Intelectual de las distintas razas de la humanidad en base a parámetros de la ciencia moderna y biológica aprobados por todos los Estados. Arrojaba una superioridad mental de los asiáticos sobre los blancos y eurodescendientes de unos cuantos puntos de diferencia, así como el superior Coeficiente Intelectual general de blancos y asiáticos respecto a las poblaciones de raza negra.

Los informes de Watson, que no planteaban aserto alguno que promocionase la sumisión de las personas de raza negra ni su discriminación social, sino que se limitaban a un mero estudio científico, sirvieron para despojarlo de sus títulos honoríficos y premios otorgados durante su excelsa carrera como descubridor, profesor e investigador. A los 93 años de edad, Watson fue apestado.

Las publicaciones racistas como “Race Traitor” podrán seguir clamando por la extinción de la raza blanca mediante su brazo ejecutor llamado Black lives matter. Mientras tanto, arreciarán las purgas contra los científicos independientes o la prensa objetiva contrarios a la corrección política.

Si el Doctor James Watson probó la censura y la persecución, con Biden será aplastante el huracán de depuraciones anunciado por Kamala Harris, su Vicepresidenta. Además recordemos que el crimen abortista, el mayor genocidio de lesa humanidad, será promocionado por Harris y Biden mediante el bloqueo de las leyes estatales pro-Vida estimuladas por Trump y garantizando el asesinato impune de todo bebé cuyo aborto haya sido infructuoso y sea decidida su ejecución después del parto.