Alice Weidel, líder de la facción parlamentaria, y Tino Chrupalla, copresidente, han sido elegidos por los militantes de Alternativa para Alemania (AfD) para liderar el partido en la próxima campaña electoral del Bundestag. Su elección no ha sido una sorpresa, puesto que eran los favoritos, pero sí lo ha sido la diferencia de voto con los otros dos candidatos, la diputada de Hesse, Joana Cotar, y el ex general del Bundeswehr de Baja Sajonia, Joachim Wundrak. En la votación participaron algo más de 15.000 miembros de AfD, casi la mitad de los 32.000 afiliados del partido, y el resultado fue de un 71% de los votos para el dúo Weidel/Chrupalla, representantes de la facción nacional-conservadora, frente al 27% de sus rivales, los candidatos promovidos por el copresidente del partido Jörg Meuthen, representante de la facción más moderada y económicamente liberal de la organización.

Esta notable diferencia de apoyo es una señal de que la militancia de AfD ha apostado por la línea más patriota y por poner fin a las divisiones internas que han estado a punto de provocar un cisma en el partido. Durante el último congreso de AfD, celebrado en noviembre del año pasado, el partido fue incapaz de resolver una división que ha afectado negativamente a la organización en las últimas convocatorias electorales. En las elecciones regionales de Renania-Palatinado y Baden Wurtemberg, el partido no consiguió superar el 10% de los votos como sí había logrado en las elecciones anteriores. En una entrevista en este medio con Steffen Kotré, el diputado afirmaba que el partido estaba aún más dividido. La aplastante victoria de los nacional-conservadores, que han contado con el apoyo de la disuelta “el ala”, la facción más dura del partido en torno a Björn Höcke, puede dar carpetazo, al menos temporalmente, a esa fractura. Weidel señaló que ahora se trata de “ir a la campaña electoral juntos”, mientras que Chrupalla habló de cerrar filas y de que la votación ha dejado clara la voluntad de los afiliados de poner fin al debate interno del partido, “este resultado habla por sí solo”. Meuthen felicitó a los vencedores y les deseó éxito para “representar a AfD”. Los dos derrotados también han mostrado su disposición para unir al partido. “Estoy deseando poder apoyar a ambos activamente en los próximos meses. A veces se gana, a veces se pierde, lo importante es seguir adelante. Juntos por nuestra AfD y por nuestro país”, dijo Cotar. Por su parte, Wundrak señaló que la elección se llevó a cabo “con decencia y respeto mutuo” y que era hora de mirar hacia adelante “para liderar una campaña electoral exitosa para AfD y para los intereses de Alemania y el pueblo alemán”.

La campaña se presenta muy complicada para AfD, que actualmente es la tercera fuerza política del Bundestag, porque según todas las encuestas los Verdes son en este momento el primer partido de Alemania. Además, el cordón sanitario impuesto por todos los demás partidos políticos impide a AfD tener ninguna opción de poder y, por tanto, podría ser víctima del duelo entre la CDU/CSU y los Verdes, ya que sus votantes podrían cambiar de papeleta para impedir que Annalena Baerbock se convierta en canciller. En las encuestas a nivel nacional, el partido se mantiene en torno al doce por ciento, es decir, muy cerca de los resultados obtenidos en las elecciones de 2017, pero de momento no ha logrado recoger el enorme descontento motivado por las medidas empleadas por el gobierno en la gestión de la crisis del coronavirus. La inclusión en el programa del partido de una posible salida de la UE puede restarle apoyos, sobre todo en Alemania Occidental, aunque es cierto que la organización sí está haciendo una buena campaña para denunciar la agenda globalista.

Pero además de la complicada situación política, AfD se enfrenta a un acoso sistemático. Desde arriba por parte de la Oficina de Protección de la Constitución, y desde abajo por la violencia contra sus sedes y militantes a manos de grupos antifas (AfD suma más agresiones que todos los demás partidos políticos alemanes juntos). Un día antes de que se anunciaran los resultados de la votación interna del partido, la fiscalía de Mühlhausen, Turingia, confirmó que la casa del presidente regional de AfD, Björn Höcke, había sido registrada por las autoridades debido a supuestos “discursos de odio” en las redes sociales contra la activista de ONG Carola Rackete, a la que Höcke acusó de trabajar con las redes de tráfico de personas.

Frank Magnitz, diputado de AfD, agredido brutalmente por tres encapuchados en enero de 2019. No ha habido ningún detenido.

A principios de año, las autoridades alemanas calificaron a toda la AfD como una amenaza y un grupo político extremista, permitiendo de este modo monitorear todas las comunicaciones de los miembros del partido, incluidos correos electrónicos y llamadas telefónicas, aunque no estén relacionadas con la política. Parece algo sacado de la película “La vida de los otros”, que relata el espionaje de la Stasi sobre los alemanes orientales, pero es real y tiene como objetivo al tercer partido político de Alemania y al único que se opone a la agenda globalista. Está decisión está actualmente paralizada hasta que se produzca una decisión por parte de los tribunales, aunque varios estados, como Turingia, siguen vigilando a los miembros de AfD. Curiosamente, la extrema vigilancia de los miembros y actividades de AfD no impide los actos de violencia contra el partido ni la detención de sus agresores de extrema izquierda. Alemania, como la Unión Europea, se aleja cada vez más de los valores de democracia y libertad de expresión que tanto dice defender.