A nivel internacional se pudo conocer la existencia de un proceso judicial cuyo objeto se refería a la controversia sobre los derechos de propiedad intelectual de un selfie realizado por un simio, en el que se le podía ver sonriendo mientras fijaba sus ojos en el objetivo de la cámara. El fotógrafo propietario de la cámara consideraba que él mismo era el propietario intelectual de la foto, mientras que determinadas asociaciones de defensa de los animales opinaban que los derechos morales y de explotación de la instantánea correspondían al simio. Finalmente, tras varios años de litigación, se ha terminado indicando que la autoría de la fotografía corresponde al propietario de la cámara, aunque, pese a haber ganado el pleito, donará una parte de los beneficios de la instantánea para garantizar una buena vida al protagonista de su captura.

El problema está muy relacionado con la titularidad y el contenido de los derechos subjetivos. Se habla de la posibilidad de que los animales tengan derechos, pero se ignoran determinados aspectos de la cuestión que sirven para comprenderla de manera absoluta.

La concesión de derechos subjetivos se realiza a los miembros de la especie humana, porque es la única especie en la que existe una regla general de aptitud para ser titular de derechos y obligaciones con la posibilidad de ejercitar sus facultades, sin perjuicio de las restricciones que existen para los menores y para los incapacitados. Los animales no se caracterizan por tener, generalmente, la aptitud necesitaría para tener derechos y ejercitarlos, de modo que no pueden ser titulares de relaciones jurídicas y no podrán llegar a ser responsables en los tres sentidos indicados por Fernando Pantaleón, aunque si lo serán los poseedores de esas criaturas.

Los animales se encuentran en el ámbito de aplicación de las normas que regulan el estatuto de las cosas. Esas reglas recogen una protección particular para asegurar el respeto a seres de diversas especies.

La mejor manera de proteger a los animales no es otorgarles derechos, ya que no pueden tenerlos por su falta de aptitud y por la imposibilidad para que puedan disponer de facultades jurídicas. Solo es posible establecer deberes para las personas, para las que pueden ser indispensables prohibiciones para limitar sus actuaciones en todo lo relacionado con los animales, a menos que la conducta sea indispensable para la satisfacción de necesidades humanas básicas.