Comencemos haciendo la pregunta que procede… ¿Tiene Julio José Rodríguez, el ex Jemad antisistema, información que no debería conocer en las actuales circunstancias la tropa de Podemos?

Es posible que me preocupe de algo de lo que no tendría que preocuparme, habida cuenta que en su momento fue tema de preocupación máxima, y el asunto ya está controlado. Puede, digo, pero a mí esto me sigue preocupando, sobre todo, a tenor de los “estados” de confinamiento o control que puedan implementarse después del ya sufrido “estado de emergencia”. Estados todos ellos, entiendo, planificados como hipótesis estratégicas en los planes de las Fuerzas Armadas a fin de aplicarse, si llegase el caso, para controlar a la población en circunstancias excepcionales.

¡Ojo al dato!, pues, que decía antaño “otro” de los convertidos de hoy. La hormiga atómica del 23-F. El amigo que advirtió a Carlos Goyanes, miembro de la jet nacional y habitual en las revistas del corazón, de que estaba siendo investigado por la Policía tras haber sido denunciado por el narcotraficante argentino Leónidas Horacio Walger, que había introducido el 16 de enero de 1987 en Madrid, 347 gramos de cocaína, parte de la cual vendió por 800.000 pesetas de la época. Denuncia que doña Raquel Heredia Scasso (q.e.p.d.) hizo del susodicho, calificándole del “camello” de su hija adolescente, fallecida a consecuencia de la droga.

¡Ojo al dato!, digo, porque comunistas no son solo los hijos de los terroristas, los nietos de yayos fusilados por su condición de asesinos, o quienes afectados por un físico, digamos, esquivo a lo normal, creyeron que el comunismo les daría lo que la naturaleza no les había dado; o, puede, porque le echaran la culpa a Franco de lo que sólo competía a los padres del susodicho. Amén, naturalmente, de los vagos, los analfabetos, los maleantes, los fracasados o simplemente los envidiosos. Como igualmente pueden ser comunistas los soldados de nuestros Ejércitos y los marinos de nuestra Armada, por más sorprendente que nos parezca a tenor de lo que juran defender, y por lo que se les paga. No deberíamos pasar por alto que el fundador del Partido Comunista de España (PCE) fue el capitán de Artillería, Oscar Pérez Solís, que por los servicios prestados a la causa fue nombrado miembro del Komitern Internacional de Moscú.

Así, pues, comunistas no son sólo aquellos que podríamos calificar de lumpen, sino gente aparentemente distinguida, pero afectados a nivel de ADN, o por alguna infección contraída en la más tierna infancia que hubiese afectado su cerebro, a uno o a sus dos hemisferios, y que con el paso de los años fue desarrollándose hasta terminar en pandemia, infectando todo el organismo. Que es lo que presupongo en Julio José, el ex Jemad antisistema, partidario de aniquilar la Monarquía y favorable de la independencia de Cataluña y País Vasco, de momento, y que siga…

Y digo que no debería de extrañarnos, porque el marxismo es un fenómeno penetrante que utiliza todas las tácticas y todas las técnicas de captación para abrirse camino; cuyos partidarios, defensores del sistema comunista, tienen un ideario, una mística y unos objetivos. Siendo así que son hábiles seductores en la simulación para infiltrarse y captar adeptos, los “tontos útiles” de los que se viene aprovechando desde los años sesenta del pasado siglo, cuando desde la dirección del PCE controlada por la “rata de Pontejos” (Santiago Carrillo) se diseña la nueva estrategia comunista sobre la coartada de la “reconciliación”, diseñada como táctica en el estudio que a tal fin se elabora con el título, “Infiltración comunista para España”. Siempre, naturalmente, bajo la consigna de la liberación de los oprimidos, que naturalmente también pueden ser soldados.

Por eso desde el primer momento, y hasta el día de hoy, me preocupa que no se esté pautando a Julio José, el ex Jemad antisistema, más que nada por la información que este hombre puede tener y que no debería conocer la tropa de Podemos.

¡Y ojo al dato!, que, en el orden político, el comunismo juzga lícitos todos los medios que supedita al avance de su sistema sobre sus ideales. Siendo que desde esta concepción utiliza, ante todo y sobre todo, la violencia, que desata en todas las esferas sociales, unida a la astucia y al uso de las medias verdades… Todo es lícito con tal de aniquilar al adversario e implantar su régimen.