Algo ha cambiado. Todo ha cambiado. Y no hemos salido reforzados, mejores personas y tal y tal y tal. ¡No! No lo creas, no les creas. Era marketing puro y duro, nueva fachada, el servil e inequívoco titular de los medios, un guiño al postureo, una traición a la verdad. La realidad no se cansa de asestar puñaladas traperas con el mismo ímpetu que tus sueños se desvanecen en el abismo de tu impotencia e incredulidad.
 
Te contaron esa milonga, pero era para idealizar el momento futuro, para que cogieses carrerilla en una carrera sin meta, y concebir esperanzas en un cruel presente al que no le faltan los ingredientes del distópico control anticipado hace décadas. Sólo hay puntos suspensivos, suma y sigue, sin punto final.
Así, Huxley, Orwell o Zamyatin renacen en mi memoria, en esos recuerdos que, al menos, se resisten a sufrir un definitivo revés en forma del triste final de los protagonistas de sus obras de referencia cuando la realidad actual se pone a la altura del ficticio relato de aquellas lejanas distopías.
 
De ilusiones se vive y, de ellas, el embaucador hace su negocio mientras, abducido por la falacia y la manipulación, aglutina votos y se regocija en la poltrona de una zona de confort ajena al infumable precio de la luz o el combustible, la inseguridad laboral o ciudadana y el bienestar social devastado por una nefasta gestión, las subvenciones públicas y el tsunami del revisionismo histórico, de ese "democrático" posicionamiento que apesta a odio y sectarismo por mucho que la ley de la discordia cambie el adjetivo de su torticera "memoria". El odio llama al odio y su rastro no tiene pérdida por mucho que cambie de disfraz. Mismos perros, distinto collar, con quejicosos aullidos de un resentimiento que no parece tener fecha de caducidad.
 
La insistencia del martillo percutor del pensamiento único nos ha trasladado a hechos impuestos y vigilados, al movimiento perseguido y geolocalizado, a la comprobación del reconocimiento facial, a las obligaciones exigidas por "su" nueva normalidad, esa en la que resulta imposible respirar por las cloacas de diferente olor u origen.
 
Es parte del ritual, del adoctrinamiento, de los renglones en las hojas de ruta, de detalles y reglas que consolidan los dictados del NOM, ese nuevo orden mundial cuyo acrónimo es tan demoledoramente global que absorbe toda intención, capacidad y fuerza de los poseedores de otros acrónimos, desde la sonrojante OMS hasta la decrépita UE, pasando por la poco fiable EMA, la ultrajada OTAN, la tibia CE, el tambaleante FMI o los "desaparecidos" sindicatos en una perenne, sonrojante y silente época de vacas flacas. 
Sus siglas no dicen nada, no transmiten. Han llevado a la soledad del orfanato a la mayoría de las letras que contenían. Han perdido presencia y hemos perdido unión, garantías de salud, fondos económicos, calidad de vida, oraciones e intenciones, interés por el trabajador, por su situación laboral. Implicaciones y responsabilidades, a pesar del overbooking de asesores, "todólogos" y expertos, las mínimas.
 
Y de identidad, como de afecto a lo nuestro, ni te cuento. Marchó al exilio junto con nuestros valores, costumbres y tradiciones ante la persistente e inquietante llegada de un miedo dirigido. Salió disparada, acosada por el odio independentista, el rédito político, la hispanofobia y la tibieza e inacción de nuestras leyes, sus gestores y un pueblo inerte.
 
También se fueron los besos, los abrazos, los encuentros. Ahora son tiempos de codos, coditos, puños, puñitos, compasivas miradas y una sonrisa burlona de complicidad para correr un tupido velo por la otrora cálida y cordial muestra de salutación que nos caracterizaba como nación. 
 
La desafección en las relaciones y la falta de interacción social siguen su curso con las velas de la deshumanización desplegadas. La travesía no puede detenerse con un viento tan favorable, aunque su desnortado rumbo no conozca puntos cardinales en una brújula enajenada, maniatada y sin control.
 
Si hay que plegar algo o a alguien, tú eres el objetivo. Y te plegaron, te doblegaron e, incluso, te hicieron hincar la rodilla en el suelo en señal de sumisión, cumpliendo con eslóganes ad hoc y #hashtags alimentados con la suficiente dosis de provocación para generar crispación y fracción socialingredientes del cóctel que agita su agenda y te estigmatiza con el falso delito identitario de tu estirpe.
 
Todo está pensado, bien pensado. Divide et impera. Divide y vencerás. Todo forma parte del proceso de sumisión para revertir lo que tenías, lo que vivías, aquello con lo que disfrutabas y, ahora, echas de menos. Ya no se estila, no es del agrado de los nuevos regidores que mueven los hilos de tu vida y tú, adormilado sin necesidad del fentanilo de moda, sigues sin darte cuenta del fraude y la mentira que, de la mano, circulan con el indigno salvoconducto de la manipulación.

Y, bajo este nuevo prisma, he recordado la llegada del "Bienhechor" y el "Estado Único" en el Nosotros de Zamyatin, una obra centenaria, aguda y perspicaz que moldea, trabaja y juega con la imaginación a la hora de evocar y anticipar las líneas principales de un espectacular estado definido por la evolución tecnológica, el servilismo o la dedicación y confianza absoluta a sus gobernantes. ¿Te resulta familiar?
 
Ese estado es un paraíso de cristal con habitantes que son números, no personas. Carecen de vida e identidad ante la opresión de horarios fijados para la uniformidad de unas actividades en las que la felicidad es un ideal sujeto a una propuesta geométrica. El mundo se ve sometido al "Benefactor", el "Bienhechor", que, junto a su guardia pretoriana, los Guardians, espían y controlan las acciones cotidianas que se llevan a cabo en los apartamentos de cristal. Ahora no podrás negar que tu realidad, nuestra cruda realidad, se asemeja a lo que te estoy contando.
 
Sin embargo, la rebelión aparece en forma de amor. Toda esa perspectiva tecnológica y científica se ve alterada cuando D-503 se encuentra con un preocupante teorema que va a sacudir las leyes de su universo al enamorarse de I-330 y, craso error, fugarse al Mundo Verde, a su primitivo pasado. Obviamente, hay que correr los riesgos que conlleva la apuesta por la disidencia ante la distancia social, el distanciamiento interpersonal y la deshumanización.
Tras su captura, D-503 es rehabilitado hasta el punto de convertirse en impasible espectador de la tortura de su amada. Aquí, sin la habitación 101 de la tortura de 1984, tampoco hay un resquicio para la rebelión de la pareja protagonista, capada de emociones, como los "orwellianos"Julia y Winston Smith. Los sentimientos también han desaparecido. Son cosa del pasado. Cualquier ser que se deje llevar por ese "estado de rebeldía" encuentra la respuesta de una cirugía exclusiva que se encarga de extirpar la parte del cerebro relacionada con el afecto, la pasión, la creatividad y la originalidad.
 
El objetivo primordial del Estado es conseguir una igualdad capaz de desfigurar y despreciar la belleza o el arte. Ambos se consideran herejes en un lugar donde el individualismo o la disidencia pueden estigmatizarte y distinguirte del resto infringiendo el principio de igualdad. El fracaso de los ciudadanos es inconcebible si se someten a la dictadura de la infalible máquina del Estado Único. Ese es el propósito.
 
En el presente, nuestra idealizada insumisión se centra en retornar al camino ya explorado, ese que el Mundo Verde de Nosotros nos enseñó en facetas económicas, profesionales, sociales o de una historia que, visto lo visto y lo que está por ver, añoramos sin condiciones, sin pedir nada a cambio, sino el mero recuerdo de todo aquello que fue, de lo que pasó, de lo que nosotros, tú y yo, alguna vez vivimos con la libertad de protagonistas con identidad propia y sin control.