El pasado jueves el Parlamento Europeo aprobó por una inmensa mayoría una resolución en contra de Polonia, la décima en los últimos cinco años, tras un debate iniciado el lunes sobre el estado de derecho en ese país. Un nuevo ataque en toda regla a la soberanía polaca en base a un informe redactado por el presidente de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior, el socialista Juan Fernando López Aguilar. El que fuera ministro de justicia entre 2004 y 2007 en el nefasto gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, y responsable de la polémica ley de violencia de género, se ha convertido en un ariete contra Polonia y Hungría.

El debate comenzó con la exposición del informe López Aguilar por parte de la vicepresidenta de la Comisión Europea. La liberal Vera Jourová denunció de nuevo la reforma de la judicatura polaca (para más información sobre este asunto: www.sinpostureo.com/entrevistas/alvaro-penas-los-polacos-no-estan-dispuestos-a-que-nadie-decida-por-ellos/) y la supuesta persecución de activistas LGBT, como el reciente caso del famoso “Margot”, que en realidad fue detenido por actos de vandalismo y violencia contra activistas provida. Este último punto, particularmente la declaración de un centenar de municipios polacos como “zonas libres” de LGBT, ha sido la punta de lanza de esta nueva resolución antidemocrática. Jourová prometió que se tomarían acciones contra Polonia, que no recibiría fondos europeos en caso de que se violen los derechos fundamentales de las personas LGBT. En julio se negaron fondos europeos a seis municipios polacos por esta razón. La respuesta vino de parte del eurodiputado de Ley y Justicia Patrik Jaki: “En Polonia estamos familiarizados con su ideología. En el pasado tuvimos a los comunistas empleando su mismo lenguaje, llamando a la censura protección de la libertad, del mismo modo que hoy usted describe la toma de medidas contra los matones de la extrema izquierda como un ataque contra la tolerancia”. Tras negar la existencia de ningún tipo de discriminación ni de “zonas libres”, Jaki señaló que los políticos de la UE no se ofenden por una estatua de Lenin en Alemania, pero encuentran ofensivo que Polonia defienda los valores de la familia tradicional. 

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El miércoles fue el turno de la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Su discurso de hora y media no se salió del mantra progresista: Agenda 2030, igualdad de género, pacto verde, un nuevo coordinador contra el racismo, más poder para Bruselas y menos para las naciones soberanas, etc. Lo de siempre, un discurso totalmente alejado de la realidad. “Bla, bla, bla”, como señaló el eurodiputado de VOX Jorge Buxadé, “esto va a ir a peor si ustedes no tocan la realidad y se olvidan de sus agendas globales llenas de climatismo, inmigracionismo, progresismo y socialismo”. Von der Leyen también dedicó palabras duras a Polonia: “Las zonas libres de ideología LGBT no tienen cabida en nuestra Unión”, y las calificó como “zonas sin humanidad”. También apuntó a que se estaba preparando una estrategia para reforzar los derechos LGBT e impulsar el reconocimiento de todos los tipos de familias en los países de la UE.   

¿Qué son las zonas libres de LGBT? Para empezar, hay que aclarar que se trata de un término inventado por los grupos de izquierda y LGTB, una manipulación del lenguaje a la que estos grupos nos tienen bastante acostumbrados. Todo comenzó hace un año, cuando el alcalde de Varsovia, Rafal Trzaskowski (de Plataforma Cívica, afiliada al Partido Popular Europeo) firmó una declaración de apoyo al movimiento LGBT con medidas de discriminación positiva y la introducción de contenidos sobre diversidad sexual e ideología de género en las escuelas. En respuesta a esta declaración, muchos municipios polacos firmaron otra en apoyo de la familia tradicional, donde se comprometían a no permitir la difusión (en el ámbito escolar) de la ideología LGBT y no apoyar ninguna medida discriminatoria. El eurodiputado polaco Ryszard Legutko insistió en que sancionar a municipios por restringir el adoctrinamiento de género, es una clara intervención ideológica en asuntos de conciencia. Los tratados europeos vigentes conceden a los estados miembros libertad en lo referido a cuestiones sociales, pero, “como se han acostumbrado a romper tratados, pueden hacer cualquier cosa. Siempre encontrarán alguna justificación. El Tribunal Europeo de Justicia no nos respaldará y apoyará todo lo que diga la Comisión Europea. Para ellos los derechos LGBT son el santo grial”.

La resolución contra Polonia fue aprobada por toda la izquierda (socialistas, comunistas y verdes), el centro liberal y el centro derecha del Partido Popular Europeo (con la excepción del Fidesz húngaro). En contra se posicionaron la derecha conservadora (grupo de Conservadores y Reformistas Europeos, al que pertenece VOX) y la derecha soberanista (Identidad y Democracia). En total, 513 votos contra 148. El ministro de justicia polaco, Zbigniew Ziobro, manifestó tras la resolución que se trataba de un ataque a la democracia, una negación de la democracia.

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Polonia es un país católico comprometido con la defensa de los valores de la familia tradicional, y cuya población se opone mayoritariamente al matrimonio gay y a la adopción por parte de parejas del mismo sexo (según las encuestas, un 62% y un 79% frente a un 22% y un 10% respectivamente). En una sociedad así, la enseñanza de la ideología de género no tiene cabida. Que la Unión Europea pretenda imponer sus valores progresistas y políticamente correctos mediante el chantaje, saltándose además sus propios tratados, y aludiendo a la defensa del estado de derecho es una broma de mal gusto. Una prueba más de la deriva totalitaria de la Unión Europea que busca socavar la soberanía de sus estados miembros. Mientras los polacos, o los húngaros, sigan “votando mal”, serán castigados por una Europa que, como señala Legutko, ha olvidado valores universales como la verdad y la decencia.