La noticia de ABC (23/08/2020) pone ante nuestros ojos una ciudad sin ley, ampliable a un país sin ley, cual Far West, el Viejo Oeste: “Los vecinos se organizan para frenar las okupaciones en sus barrios”.

En el Far West, los ganaderos, ante la misma falta de ley en determinadas zonas, se organizaban para poner coto a los cuatreros y a más de uno colgaron en el primer árbol adecuado que encontraban.

Es el mismo problema y la misma solución: ante la incompetencia del Estado, Comunidad o Ayuntamiento, son los ciudadanos quienes toman medidas en la solución de un problema que les afecta de manera directa.

 En esta noticia concreta que comentamos, el texto que explica el titular aclara que “son los ciudadanos los que buscan salida ante el fracaso del sistema”. Parece que el periodista redactor no se ha enterado de nada. No es un fracaso del sistema, sino un acierto pleno del sistema. Se trata de no molestar a los okupas al objeto de contar con su voto. En esto, el sistema es perfecto. Tú okupa, yo te protejo, y tu me votas. Es un trato encubierto en toda regla, una corrupción del sistema, pero para nada en absoluto un fallo del mismo, sino un modus operandi de una clase política que hace lo que sea para seguir en el poder. Que se lo digan a los barceloneses con su alcaldesa pro okupa, la misma que ha convertido Barcelona en el paraíso okupa ¡No quieres Colau, po toma Colau!

 El respeto a la propiedad privada es un derecho de máximo rango en los países democráticos y civilizados, cosa que no es esta España populista.

Que los políticos estén para crear problemas hasta tal punto que sea la ciudadanía quien salga a defenderse de su interesada y electoralista dejadez es impensable en cualquier país de la Europa actual, salvo España.

Una vivienda es de su propietario escritural, así de sencillo. Y cualquiera que entre en una vivienda sin poder demostrar su propiedad incurre en delito. Debe ser detenido de inmediato y puesto en manos de la autoridad judicial. El asunto no admite discusión que valga, ni presenta complejidad alguna. Es nítido y meridiano. Todo lo que se quiera enredar con este asunto es puro populismo, pura demagogia que encubre una compra fraudulenta de votos, los votos de okupas.

 Asunto éste que merece una política audaz de promoción de viviendas, subvención de alquileres para jóvenes, parque de viviendas del Estado destinadas a su módico alquiler. Lo que no es admisible, ni tolerable, es que los políticos de esa nueva izquierda populista pretendan asaltar la propiedad privada y permitir delito tras delito. Claro que quien verdaderamente delinque no es el okupa, sino el responsable político de ese barrio, la persona que consiente tales okupaciones, un kara dura, sí con k.

Quizás algún día, cuando la sociedad civil española por fin aparezca estructurada, la noticia de ABC será la que sigue: “Los vecinos se organizan para echar del Ayuntamiento a la alcaldesa responsable directa de las okupaciones en su barrio”.

Efectivamente, me refiero directamente a la tal Colau y también, cómo no, al resto de politiquillos pro okupas, todos sinvergüenzas, ojo, todos.