Las Fuerzas Armadas no pueden desfilar por sus calles. La presencia de la bandera de España en balcones es una osadía peligrosa. Los diputados de VOX son acosados y agredidos. Los camaradas falangistas en sus periplos por la zona se la juegan. Y los miembros de la Guardia Civil no pueden salir de los cuarteles a tomar una cerveza porque son agredidos brutalmente por los chicos de Alsasua, que, condenados y sentenciados, quedan pronto en libertad. Y eso sin mencionar lo que está ocurriendo en Cataluña y en menor medida, pero también, en Galicia, Valencia y si no se remedia puede que llegue a la mismísima Ávila.

Señor, bien sé que no tiene ningún poder conferido por la Constitución y que sus funciones se limitan a un estar que ni siquiera tiene un contenido compartido en todo el ámbito nacional, pues es distinto ese contenido de significación en Extremadura, pongamos por caso, que en Vascongadas, donde abiertamente se rechaza a nivel institucional y en la calle.

Siendo esta la situación, produce sonrojo que sus visitas a la zona referida estén muy medidas y pautadas por un espectacular dispositivo de seguridad, que nada dice del país de la libertad, la tolerancia y el respeto que le hacen decir en infinidad de discursos.

Por eso, aunque no digo que la situación de rechazo a lo que representa vaya a cambiar en esa zona de asesinos y cobardes, a los que se ha consentido y se sigue consintiendo demasiado, si digo que se les debería meter en cintura. Y esto no hace falta que se haga llamando a arrebato, por más que lo firmáramos muchos y en esa carga formáramos encantados.

Señor, es urgente reformar la Constitución en cuanto a nuestro modelo territorial, cuyo recorrido largo ha demostrado ser nefasto para España, para su convivencia y su progreso. Porque un modelo territorial como el nuestro necesita de otras gentes que no somos los españoles.

¿Puede usted concitar esa reforma alentado por un equipo de prestigio, sabiendo que tiene el apoyo de la inmensa mayoría de los españoles?

Dos interrogantes me asaltan. Que no quiera traspasar sus competencias o que tenga miedo. En cualquiera de los dos supuestos la pregunta se hace inevitable.

Usted, Señor, a quién sirve, ¿a España o a un legalismo que rompe España y que hoy es pero mañana puede dejar de ser?

Señor, no pierda esta oportunidad que el momento histórico de España debería demandar a su conciencia y a su quehacer, porque al final de toda vida humana lo que queda es el valor. Nada nos llevamos a la otra salvo eso. Y si fuera que fracasará y tuviera que elegir el exilio, se cumpliría aquello de que la Monarquía que usted representó y encarnó fue “una institución gloriosamente fenecida”. Jamás le dejaríamos solo los buenos españoles. Siempre sería de los nuestros. Yo mismo sería de los primeros en visitarle donde estuviera para cumplimentarle en afecto y respeto.

Y una cosa más, Señor. Exija que antes que procesen a su padre, que no digo que no lo merezca, ingrese en la cárcel Chaves, Griñón y la banda de los ERE.