En el pasado mes de Agosto, escribí una reflexión titulada ¿Quién dijo aquello de “ Juventud, divino tesoro”?, visto y constatado que el vórtice del torbellino irresponsable de las fiestas y juergas multitudinarias no cesa sino que adquiere mayor intensidad,   jolgorios, en su mayor parte organizados por los jóvenes,  sazonados con la sal y pimienta de estos tiempos de decadencia moral y social, me veo en la obligación de renovar los esfuerzos, denunciando sin paliativos la criminal irresponsabilidad de una parte de la juventud española.

Para lo cual, con algunas precisiones que la complementan, me limitaré a reproducir el texto de la misma.

En primer término, debo incidir en una personal percepción respecto al sentimiento político de la juventud, esos jóvenes, que se solazan necia y temerariamente en las fiestas ilegales “a favor del Covid-19”, son el fiel producto de los planificados designios de la política socio-comunista, de la propaganda de las izquierdas radicales,  de la instrucción recibida en sus centros docentes y de la educación en el ámbito familiar; todo ello, producido y dicho “a calzón quitado”, pues tanto unos como otros, son conscientes de que van ganando, y sería una pérdida de tiempo el retrasar la explotación del éxito y posterior persecución del enemigo.

Para espíritus suspicaces y puntillosos, he de decir que los dígitos que cifran la cantidad de estos jóvenes, se la dejo al Sr. Tezanos, que maneja a su antojo científico las estadísticas que la determinan.

Para los susceptibles, reconozco que no todos han de sentirse aludidos.

 El autor de dicho poema, Rubén Darío, murió un año antes de la revolución bolchevique de 1917, lo que le exime de la responsabilidad histórica por tal aseveración de carácter universal.

El ilustre nicaragüense se proporcionó una incuestionable coartada muriendo en 1916, quedando absuelto tanto él como su poema de las acusaciones que el devenir del tiempo contradecían tan arriesgada afirmación, pues la Humanidad empezó a sufrir las criminales consecuencias de los actos revolucionarios de los monstruosos y deformes alevines del comunismo soviético, que bien alimentados y dirigidos por las satrapías de la Nomenclatura, consiguieron engordarlos y anularlos hasta convertirlos en “jóvenes” de barra libre, en jenízaros crueles e irresponsables, en escoria universal, y al mismo tiempo en reaccionarios del progreso, de la libertad y de la civilización.

Ni que decir tiene, lo que pensaría Rubén Darío de la juventud que se congrega en las fiestas ilegales “a favor del Covid-19”, si tuviera que inspirarse en la desdichada, agarbanzada, y hedonista juventud “revolucionaria” que pace en los esquilmados pastizales españoles.

“Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros”. (Sócrates).

Siempre existe alguien que quiere dar la nota “revolucionaria” estando en total desacuerdo con el espíritu de la cita, le obsequiaré con otra, que seguro será de su agrado: “folla como una perra, miente todo lo que puedas y engaña a los hombres, que estás en la edad”; muy propia para el redil lacayuno de los /as seguidores de la ideología de género o de los jóvenes fiesteros que se revuelcan como los cerdos de la piara de Epicuro en el estercolero criminal e irresponsable de sus fiestas.

Se supone que la función de la juventud es dar un paso y asentar los cimientos de la civilización.

¿Qué os proponéis con ese desprecio a la sociedad, con esa indiferencia a los miles de muertos por la pandemia, cómo sois capaces de desdeñar el peligro de contagio de vuestros padres, de vuestros familiares, de la sociedad en su conjunto, que soporta vuestros desvaríos de mequetrefes estúpidos y mantenidos?

España cabalga sobre jumento con herraduras que chacolotean, y aquí no hay dios quien encuentre un herrador que maneje con destreza el pujavante y la legra.

La juventud aquí descrita, entre todos la estamos convirtiendo en una “juventud superflua”, en ciudadanos prescindibles, inútiles, sobrantes, y en el caso y situación de pandemia que nos ocupa en seres nocivos y perniciosos para el tejido social, económico y sanitarios de España.