Tal y como Galton, su fundador, plantea la eugenesia, esta podría ser un sustituto de la religión, en la línea de Auguste Comte y su religión laica. Todos aquellos que desde muy distintos puntos abogan por ella (bajo eufemismos), son miembros de dicha religión. ¿Por qué no ideología? Porque como dijo Juan Donoso Cortés, “en toda cuestión política va siempre envuelta una cuestión teológica”. Sin embargo, el nivel intelectual de estos filántropos plutócratas que componen la élite del mundo es bastante bajo. Sus frases pretendidamente iluminadoras son, o bien auténticas perogrulladas, o bien imbecilidades dignas del peor couch. Por el contrario, ellos se creen muy brillantes, y no solo eso, sino capaces también de absolver al resto de la humanidad de sus múltiples pecados. Y siempre existirá una caterva de miserables dispuestos a esculpir sus ampulosas palabras en mármol por un puñado de dólares: se trata de la "supresión de la conciencia ante los dictados de la autoridad", incluso si se causa daño al prójimo, y a veces justamente por ello, como estudiaron brillantemente Stanley Milgram desde la psicología o Hannah Arendt desde la filosofía: "la banalidad del mal".

Se ha escrito mucho sobre las influencias malthusianas sobre la ONU y su máximo financiador, Bill Gates, entregados ambos al catastrofismo; sería un error pensar que se trata solo de un caso aislado. Karl Pearson estudió la eugenesia desde un punto de vista biométrico y desarrolló la estadística matemática que quiso usar para evitar “los nacimientos de pobres”. Se empezó a emplear legalmente en los EEUU en 1907 y continuó hasta el auge de un Hitler que estaba financiado por numerosos empresarios norteamericanos, entre ellos Joseph Kennedy; su hijo, John Fitzgerald Kennedy, futuro Presidente de los EEUU, dejó escrito en sus diarios: “Se puede entender fácilmente cómo dentro de unos años Hitler surgirá del odio que le rodea ahora como una de las figuras más significativas que jamás haya vivido”. Todavía en el reciente gobierno peruano de Fujimori durante la década de los 90, se usó la eugenesia para esterilizar a miles de mujeres indígenas. El salario mínimo fue empleado como mecanismo de eugenesia en el pasado. Así, Sidney Webb, socialista convencido, escribió en La teoría económica del salario mínimo (1912): “Los no susceptibles a ser empleados, para ser honestos, no pueden bajo ninguna circunstancia ganarse la vida. Lo que debemos hacer con ellos es velar para que la menor cantidad de ellos se reproduzca”. Royal Meeker, Ministro de Trabajo del masón y creador de “La liga de las naciones” Woodrow Wilson, escribió: “Es mejor que el estado apoye totalmente la ineficiencia y prevenga la multiplicación de sus crías, a que subsidie la incompetencia y el despilfarro permitiéndoles engendrar a más de los de su calaña”. Expulsar del mercado laboral a aquellos que se quiere marginar es otra forma de evitar que se reproduzcan. Entre 1935 y 1996 en Suecia se estuvieron aplicando medidas de “higiene social y racial” de forma planificada. Coincidiendo en el tiempo con la teorías sociales de la “Escuela de Frankfurt” en filosofía, el partido socialdemócrata sueco se alejó del marxismo clásico —algo que, poco a poco, se iría extendiendo por todo el mundo— en un proyecto dirigido por el Premio Nobel de Economía y de la Paz Alva Myrdal. Los principios de dicha revolución demográfica aparecieron compilados en el libro La cuestión de la crisis de la población de 1934. Junto a su marido Gunnar, a la sazón Ministro de Comercio, se erigieron en “arquitectos” —término de connotaciones masónicas evidentes— de una sociedad nueva para un tiempo nuevo. Olof Palme sería el gran continuador de este triunfo de la “socialdemocracia” europea, aunque de alguna forma trataría también de denunciarlo.

Ese mismo modelo sueco de Myrdal lo quiso extrapolar a los EEUU el periodista Marquis Childs con su libro Suecia: el camino intermedio, escrito en 1936. Este modelo mereció la admiración de Winston Churchill o del propio Francis Delano Roosevelt, que quiso convertirlo en su modelo para el “New Deal” norteamericano que todos los keynesianos proponen como modelo económico.

Autores cercanos al socialismo como H.G. Wells o George Bernard Shaw apoyaron ideas eugenistas. Pero fue el economista Keynes, presidente de la “Liga Malthusiana” y vicepresidente de “La sociedad británica de la eugenesia”, uno de los que más escribió sobre el control de la natalidad: “La gran transición en la historia humana empezará cuando el hombre civilizado se atreva a asumir el control consciente en sus propias manos, lejos del ciego instinto de la mera supervivencia predominante”. A pesar de la muy buena prensa del keynesianismo hoy, cabe recordar cuál era la primera prioridad de su fundador: “No hay objeto más importante de la política estatal deliberada que asegurar un presupuesto equilibrado de la población”. Y en ello sigue la socialdemocracia hoy: manteniendo sus aspiraciones marxistas de "igualdad" y de destrucción de la propiedad privada ("no tendrás nada"), al tiempo que cómodamente instalados en el capitalismo de Estado más burgués, desde donde practican la consabida ingeniería social con la que pretenden alterar el destino de los hombres. No hay más que leer los objetivos de la Agenda 2030 o las medidas del "Plan Sánchez 2050" del PSOE para darse cuenta de sus objetivos. Una figura fundamental en el “control de la natalidad” fue Margaret Sanger, ícono del feminismo y fundadora de la lucrativa empresa abortista “Planned Parenthood”, más tarde dirigida por William H. Gates, padre de Bill Gates. En su revista La mujer rebelde (1924) aparece por primera vez el término “control de la natalidad”. También fundó la revista “Revista de control de la natalidad”, fue detenida por la venta ilegal de anticonceptivos y fue pionera en la separación pública —”lo personal es político” (S. Beauvoir)— de sexualidad y reproducción, un mensaje de hedonismo que terminaría calando tras el “Mayo del 68” francés y la obra de autores de la Escuela de Frankfurt como Marcuse. La inteligencia de Sanger le permitió comprender que la burocracia estatal era un instrumento demasiado lento para sus ambiciones eugenésicas, y que era mejor introducir dicho elemento dentro de una idea mucho más atractiva: la “liberación de la mujer” y su “salud reproductiva”. Una idea fundamental para entender la alianza de largo recorrido hasta nuestros días entre abortistas, feministas y eugenistas.

Junto al magnate Clarence Gamble y el doctor eugenista Alan Guttmacher, Sanger fundó en 1957 la “Internacional Pathfinder”, cuyo fin era y es promover el aborto y la esterilización, y que pronto se convirtió en distribuidora de la píldora anticonceptiva. También trabajaron juntos en el “proyecto Negro”, un plan racista de control de la población afroamericana. Por su parte, la eugenesia tuvo fortuna en las legislaciones de distintos países hasta culminar en la Alemania nazi de 1945. Así, un juez estadounidense de 1927 escribió: “Es mejor para todo el mundo si, en vez de esperar para ejecutar a los descendientes degenerados por algún crimen o dejarlos que se mueran de hambre por su imbecilidad, la sociedad puede prevenir que aquellos que son manifiestamente ineptos se reproduzcan”. Hitler escribió en Mi lucha (1925): “Hay un Estado hoy en día en el que podemos apreciar levemente el comienzo de una mejor concepción. Por supuesto, no es la República de Alemania, sino los Estados Unidos”.

Esta aceptación social de una barbarie que se llevó por delante a cientos de miles de personas a lo largo de varias décadas fue posible gracias a la labor filantrópica de grupos como el “Sierra Club”, una de las más antiguas asociaciones de poderosos con la ambición de controlar a la población. Según reconocen hoy en su propia página web: “Varios de los primeros miembros del Sierra Club fueron vocales defensores de la supremacía blanca y las ideologías de limpieza de la raza, y a medida que continuamos reconociendo el lado más oscuro de nuestro legado, es importante que mencionemos las formas en que la raza y la política han dado forma al poder institucional, la cultura y el movimiento ambiental”. La eugenesia como génesis del ecologismo. De nuevo en la web del “Sierra Club”: “Se estima que 70.000 mujeres fueron esterilizadas sin consentimiento durante la primera mitad del siglo XX para deshumanizarnos y ejercer control sobre nuestros cuerpos, reprimiendo la libertad reproductiva, la elección y los derechos humanos fundamentales”. Concluyendo: “Esta historia de la eugenesia “limpieza de raza” tiene una relación profundamente preocupante con el movimiento ambiental. La raza, las ideologías de limpieza de la raza y el "orden natural" fueron características y valores muy problemáticos del comienzo del movimiento medioambiental y del Sierra Club”. A nadie debe sorprenderle que la “eugenesia” se encontrara implantada en EEUU; el “ecofascismo” lo estaba en la Alemania nazi: “La naturaleza habitualmente desarrolla decisiones correctivas específicas respecto a la pureza racial de las criaturas terrenales. Demuestra poco amor por los bastardos”, se lee en Mi Lucha de Hitler. Los nacional-socialistas esterilizaron a medio millón de personas, aproximadamente.

Aún así, entre 1946 y 1948 se experimentó desde el Gobierno de los Estados Unidos con guatemaltecos inyectándoles enfermedades venéreas con el fin de esterilizar a la población; algo que no fue reconocido oficialmente hasta 2010. Décadas antes, W.E.B. Du Bois y Marcus Garvey decidieron aplicar la eugenesia para “mejorar la raza negra”. John D. Rockefeller insistió, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, en el control de la población en países asiáticos como el derrotado Japón, y con este objetivo fundó la "Population Council", poniendo al eugenista Frederick Osborn al frente. Entre 1948 y 1996 se esterilizaron a decenas de miles de mujeres de forma silenciosa pero eficaz en Japón. En 1953, el pensador asociado a la Fundación Ford, Frank Notestein, propuso el concepto de “transición demográfica”. Según Notestein y algunos colaboradores tan notables como Ansley Coale, la demografía va íntimamente ligada a la economía y, si en sociedades del pasado se tenían muchos hijos porque la mortalidad era muy alta y resultaba necesario dejar garantizada la descendencia, con la reducción de la mortalidad y el crecimiento de la esperanza de vida, era necesario reducir también la natalidad. La consecuencia es un “crecimiento cero” en países desarrollados donde mueren más personas anualmente de las que nacen. Fundado en 1969, el “Fondo de Población de las Naciones Unidas” (UNFPA), organismo hoy financiado por la “Fundación Rockefeller”, la “Fundación Bill y Melinda Gates”, la “Fundación David y Lucile Packard”, la “Fundación Ford” o la empresa pro-abortista “Planned Parenthood”, tiene como objetivo alcanzar “estrategias de población y desarrollo que posibiliten el fomento de la capacidad para la programación sobre la población”. Propuestas similares encontraron siempre en frente al liberal Ludwig von Mises, totalmente opuesto a la idea de eugenesia y de “planificación central” existente en toda forma de socialismo, desde el nacional-socialismo a la socialdemocracia: “La eugenesia tiene como objetivo colocar a algunos hombres, respaldados por el poder policial, en completo control de la reproducción humana. Sugiere que los métodos aplicados a los animales domésticos se apliquen a los hombres” (Caos planificado, 1947). Ya en 1974 se celebró en Bucarest el “Tercer Congreso de Población Mundial de las Naciones Unidas”. John D. Rockefeller III, poco antes de morir, abandonaría sus tesis de “control de la natalidad” para sumirse en una estrategia que dejaba entrever opciones más contundentes relacionadas con la concepción femenina: las vacunas “anti-fertilidad”. Sin embargo, el hermano de John, David Rockefeller, que vivió hasta los 101 años, continuó con la cruzada familiar: “De lo que se trata es de sustituir la autodeterminación nacional, que se ha practicado durante siglos en el pasado, por la soberanía de una elite de técnicos y de financieros mundiales”. Para concluir anunciando: “Todo lo que necesitamos es una gran crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial”. Se ha querido dudar de la validez de dicha afirmación, pero en eso estamos.

Al tiempo, la destrucción de la familia para reemplazar la base de toda sociedad por la de unos individuos hedonistas aparentemente “emancipados”, supone un paso clave para reducir la población mundial. Favorecer la emigración, el desarraigo y la extraterritorialidad de las personas, fomentando la emigración en los “países pobres” superpoblados hacia los “países ricos” en decadencia demográfica es la solución propuesta por organizaciones como “La sociedad abierta” de George Soros o el "plan Sánchez 2050". Como advierte Frank G. Rubio: “Nuestra Modernidad no puede aceptar un exceso de modernos viviendo como tales y propone, más allá de las dos salvajes guerras mundiales que bien pudieron haberse evitado y que dependieron en su génesis y ejercicio de no más de cien cabezas decisoras, un programa de duras renuncias, control absoluto de las conductas y erradicación eugenésica de millones de personas ‘inútiles’”. A lo largo de 40 años en la India (1975-2017) de esterilizaciones a cambio de dinero y dádivas creada por Sanjay Gandhi. Se calcula que más de 11 millones de personas fueron privadas de la posibilidad de tener hijos por la fuerza. Eso sin contar a los miles de muertos con los que se saldaron las operaciones, plagadas de irregularidades. Si se nos quiere tratar como a animales maleables, ¿cuando tomaremos conciencia de ello y nos rebelaremos? ¿Para cuándo nuestra particular rebelión en la granja? Nos gobiernan auténticos psicópatas desatados, pero todavía muchos creen que buscan nuestro bienestar. Como dice Enrique de Diego, "para muchos la mejor forma de erradicar la pobreza es erradicar a los pobres, en vez de generar riqueza". Sigan leyendo los artículos de la serie para conocer más.