Al día siguiente de que Cuba sea libre comenzará el trabajo de quienes estén dispuestos a padecer el castigo y sufrir la ingratitud que traerá consigo la construcción de la nueva nación cubana.

Durante más de seis décadas los hijos bastardos de un soldado español que odiaba a Cuba, despreciaba a los cubanos y mataba haitianos han convertido a mi patria en la antesala del infierno en la Tierra. Cuando ellos hablaban del "hombre nuevo" quienes no estábamos al tanto de sus planes diabólicos creíamos que se referían al hombre perfecto. Pero lo que en realidad se proponían era diametralmente diferente. El "hombre nuevo" del que hablaba el argentino atorrante de Guevara era "el hombre autómata", el hombre sin principios, sin ambiciones y sin esperanza. Y en eso han tenido un éxito absoluto. El cubano de  hoy, según dije hace unos días, parece un ente venido de otra galaxia.
Como resultado, los que quedaron dentro de aquel infierno han sufrido sesenta años de opresión, de mentiras, de vejaciones, de humillaciones, de miseria económica, de miseria moral, de cárceles, de traiciones y de hipocresía. Los que tuvimos la relativa suerte de salir del país hemos padecido sesenta años de deambular por el mundo, de alimentar esperanzas, de superar desengaños, de ajustar prioridades, de fabricar seguridad con prosperidad, de recibir rechazos y de ignorar agravios. Pero ni unos ni otros hemos sido felices. Porque el hombre y la mujer cubanos de mediados del Siglo XX ya no existe. Han sido deteriorado de tal forma por la crueldad de sus tiranos que vamos a pasar mucho trabajo para construir la nación de libertad, justicia y prosperidad a la que todos aspiramos.
Sin embargo, tanto los de dentro como los de fuera−sobre todo los que hemos tenido la fortuna de vivir una vida larga−seguimos soñando con el día en que Cuba sea libre y podamos regresar a la tierra idílica y musical donde transcurrieron nuestros primeros años. Nos resistimos a aceptar la realidad de esta Cuba violada y envilecida por esta gavilla de rufianes. Ante la inconveniencia de que la Cuba real se nos ha perdido en el tiempo, hemos hecho una realidad virtual de nuestro recuerdo, sublimizado por la añoranza de la  patria lejana.
Pero, a pesar de su encanto y de su atractivo, no podemos dejarnos dominar por la fantasía de los sueños. Si queremos servir a Cuba tendremos que despertar y empezar a trabajar sin perder tiempo. Al día siguiente de que Cuba sea libre comenzará el trabajo de quienes estén dispuestos a padecer el castigo y sufrir la ingratitud que traerá consigo la construcción de la nueva nación cubana. Cuando Cuba sea libre conoceremos realmente a sus hijos. Porque entonces los intereses competirán con los principios. Los habrá de todas las ideologías, todas las razas, todos los sexos, de muchas virtudes y de mucho más defectos. Pero todos serán cubanos trabajando por el bien de la patria. Y malditos sean los que se atrevan a dividirlos para medrar con su división.
No podemos permitir que se repita el espectáculo de la Cuba anterior a la tiranía castrista en que muchos cubanos eran reacios y hasta hostiles a la participación en la vida política. Para algunos cubanos de mi generación, la política era un menester sucio y para otros una labor de holgazanes y mentirosos. Pagamos el precio de nuestra indiferencia con la dictadura de Batista y la tiranía de los Castro. Para mi vergüenza yo estuve entre ellos.
Ese error me ha enseñado que, en  el futuro, no buscaré el poder pero tampoco lo rechazaré si Cuba me necesita. Porque la patria es como una joven virtuosa que tiene que ser protegida de los miserables. Todos tenemos el deber de cuidar de su virginidad para que no nos la prostituyan. Eso sí reconociendo nuestras propias limitaciones. Por ejemplo. no todos los ciudadanos estamos capacitados para ser políticos; pero todos los ciudadanos estamos capacitados para vigilar a los políticos y ellos están obligados a obedecernos. Nosotros somos sus patrones y ellos son nuestros empleados.
Por otra parte, cuando se hace con honradez y con decencia, la política es el más noble e importante de todos los empeños. Por medio de su aplicación honesta se crean las condiciones que garantizan la paz, la estabilidad, la prosperidad y la libertad de los pueblos. Ninguna actividad que realicemos como seres humanos redundará en beneficio de mayor número de personas. Así lo entendió y lo dijo James Madison, uno de los Padres Fundadores de la nación americana. El 6 de febrero de 1788, en el número 51 de El Federalista, James Madison escribió una frase memorable:" Si los hombres fueran ángeles, ningún gobierno sería necesario".
Por aquello de que toda regla tienes sus excepciones, nosotros tuvimos en Cuba una excepción a nuestra regla de la indiferencia a la vida política. Fue un verdadero "Angel de la Libertad" que se llamó Jose Antonio Echeverría Bianchi. El 13 de marzo de 1957 cayó abatido a balazos como parte del ataque al Palacio Presidencial junto a los muros de su amada Universidad de La Habana. En su testamento político, José Antonio escribió: "No desconozco el peligro. No lo busco. Pero tampoco lo rehúyo. Trato sencillamente de cumplir con mi deber". ¡Díganme quienes lean este trabajo si puede haber una expresión más humilde y elocuente de verdadero patriotismo que esta de José Antonio Echeverría!
Concluyendo con nuestro futuro de libertad por el que han muerto tantos de nuestros mártires, quienes queramos contribuir a que se convierta en realidad no podemos tomarnos vacaciones. Tenemos que trabajar mientras nos quede un aliento de vida. Porque los verdaderos patriotas no construyen para ellos sino para sus pueblos.