Los derechos sexuales y reproductivos de la mujer son uno de los grandes avances de la sociedad de nuestro tiempo, sin embargo el  uso partidista, e incluso el aprovechamiento económico de esos derechos han enturbiado el debate. 

Se dice que el aborto es un logro de la mujer, cuando en realidad es una respuesta a un fracaso del conjunto de la sociedad, incapaz de construir un marco de convivencia, basado en relaciones sanas, que haga posible el disfrute de la maternidad sin los condicionamientos sociales, laborales y económicos que soporta en la actualidad. 

La mujer, como consecuencia de este fracaso colectivo, debe elegir en muchas ocasiones entre ser madre y su carrera profesional; y en los casos más dramáticos entre el aborto o encontrarse sola y desamparada en una situación de pobreza con su hijo recién nacido. 

Surge entonces el negocio del aborto, el negocio de las clínicas abortistas que hacen caja, muy a menudo con dinero público. De hecho, en la actualidad se dedica más dinero a pagar abortos en clínicas privadas que dinero se destina a promover la maternidad. 

No se puede aceptar  que con el dinero público se siga engordando las cuentas corrientes de las clínicas abortistas que hacen negocio con  el drama de la mujer.

Este no es un discurso religioso. Es un discurso social, el del derecho a ser madre sin que suponga un perjuicio profesional. Es un discurso ético, pues no es justo eliminar una vida para solucionar un problema, pero sobre todo es un discurso apoyado en principios científicos..

El VII Congreso Nacional de Bioética organizado por el CEU y la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI)puso sobre la mesa el carácter contrario de la actual ley del aborto a los principios más elementales de la bioética. Esta asociación insiste que «con la fecundación completa de los gametos comienza la existencia de cada ser humano». «No existe duda acerca de que el cigoto es el viviente en estado unicelular». En este sentido se han pronunciado voces tan cualificadas como don Luis Miguel Pastor, titular de Biología Celular de la Universidad de Murcia, quien denuncia la «sistemática ocultación de datos biomédicos de los que quieren negar el estatuto de humano al embrión». Y destaca que «entre los comportamientos no bioéticos se encuentra el de manipular la ciencia por motivos ideológicos para hacer apología de posturas previas».