Rusia se ha convertido en coartada del globalismo mundial para blanquear al verdadero enemigo geopolítico y económico de Occidente: China. La China del Covid protagonista del Foro de Davos y el Gran Reseto que acabará con la libertad humana hasta ahora conocida.


Ahora que mediante estafa electoral, reconocida incluso por la revista TIME, los globalistas han tumbado a Donald Trump, el enemigo a batir, por su nacionalismo soberanista, parece ser Vladimir Putin.


Apreciado lector: yo no comparto el mantenimiento de la parafernalia Soviética que explota y conserva el presidente ruso en su país, aunque sea por motivos simbólicos, sentimentales o históricos (allí no practican la “Damnatio Memoriae” impuesta en España para borrar nuestro pasado franquista, más admirable y esplendoroso que el soviético desde luego). No obstante a ello, la política rusa de bajos impuestos,  los valores cristianos impregnados en la vida pública e institucional, así como la defensa de la natalidad y la familia, no sugieren a una Rusia “neo comunista” que pintan los popes del liberalismo.


No soporto cómo la Unión Europea, cuyo maridaje con los Clinton-Bush-Obama le llevó a destrozar Siria, Libia o Irak, se cuelga las medallas de defensora de los 'Derechos Humanos' dando lecciones a Putin por asuntos rusos que nada le deberían importar.


El socialista Borrell, representante de Asuntos Exteriores de la UE, enfrentándose a Putin por el tan Navalni, ha hecho el ridículo. No obstante ha seguido la senda de Joe Biden, que ya ha declarado amor incondicional por el “opositor” ruso solicitando su liberación.


Borrell, Sánchez, Casado o la Ministra de Exteriores González Laya, chulean a Putin pero no a la tiranía narco- migratoria de Marruecos que invade sigilosamente Ceuta y Melilla y que nos envía a su ejército de ilegales y “menas”. Tampoco España chulea a China, que nos regaló un 'bien' tan altruista como el Covid 19.


No soporto que socialistas y populares proclamen que Rusia 'defiende a los separatistas catalanes' cuando quienes los llenaron durante 40 años de dinero y competencias fueron el PP y el PSOE. Y cuando los principales valedores del golpismo catalán no están en Rusia sino en la Unión Europea; en Bélgica y Alemania, que regalaron a Puigdemont el blindaje, el escaño y sueldo en la Eurocámara.


No soporto que los soldados españoles estén en el mar Báltico amenazando a Rusia para no se sabe qué, cuando nuestras fronteras españolas son invadidas por Canarias y El Levante a gusto del sátrapa de Marruecos.


No soporto que las fuerzas armadas españolas sean mandadas y dirigidas en idioma inglés al servicio de intereses ajenos a España, mientras España es invadida desde África. España forma parte de la OTAN, que no sólo protege y ampara a la colonia ilegal y pirata de Gibraltar sino que admite el expansionismo marroquí sobre territorio español norteafricano y sobre nuestras aguas canarias.


No soporto que me cuenten que Rusia no es una “democracia plena” porque dicen que un tal Navalni fue envenado, cuando nuestra democracia, la española, permite, potencia y tolera a los pistoleros de ETA o a los golpistas de ERC, matones que pueden presentarse a elecciones y que gobiernan ayuntamientos y regiones.


No soporto que la viciada, imperfecta y fallida ' democracia' española dominada por partidos políticos y organizaciones defensoras del feminismo, el LGTB o la inmigración musulmana, den lecciones de nada a Rusia, país que persigue y encarcela a las feministas anticristianas, que reconoce a Dios en sus leyes y que prohíbe la promoción del homosexualismo y la perversión de menores con penas de prisión. Los “podemitas” que yendo de “antisistema” y rojos seculares, han apoyado o apoyan a la Rusia cristiana de Putin, son tontos de baba o viven alucinados en la ignorancia del porro y la litrona.


Rusia es un gigante con pies de barro que no es una amenaza para Occidente, como sí lo es la Agenda 2030, que Rusia ha criticado como mundialista y repugnante mientras la UE la acata y potencia.


Rusia no es la amenaza como sí lo es hoy, y ahora, Joe Biden y su aliado Bill Gates, decididos a arrebatarnos la ganadería, el diesel, las Patrias y la propiedad privada con una agenda de control global.


Francamente, desconozco la amenaza real que para nuestros hermanos europeos polacos y demás pueblos del Este, puede suponer la Rusia de Putin. Si es así yo condeno tales amenazas tengan un sentido económico, militar o político. Y, por supuesto, defiendo la independencia y Soberanía de esas naciones ex comunistas, que sufrieron la bota de la represión, la ruina y el totalitarismo marxista. Por otro lado, me place comprobar cómo Ucrania o Polonia persiguen el comunismo, lo prohíben y derriban sus estatuas.


Pero es notorio y evidente cómo Putin se está convirtiendo, tras la caída del patriota Trump, en el objetivo a batir, en la coartada del globalismo y de los cuentistas criminales sumisos al mundialismo para blanquear a Joe Biden y validar el dominio mundial chino.

Cómo Putin desafío al clan Rothschild y a George Soros.

El Gobierno ruso post-soviético dirigido la marioneta de Bill Clinton -el borracho Boris Yeltsin-, cediendo al soborno y al chantaje del lobby globalista, consolidó reformas para hurtar al pueblo ruso sus recursos e incrustó en el poder oligárquico a los testaferros de los Rothschild como Boris Berezovksy y Mijaíl Jodorkovski (dueño de la petrolera Yukos).

Una vez que Putin logró el poder, inició una persecución contra el poder de esos oligarcas. En primer lugar, contra los ya mencionados Berezovksy y Khodorjovksy, hoy exiliado en Londres uno, y hasta hace poco, preso el otro, acusado de evasión y fraude contra el Estado. Ambos fueron señalados como figuras emblemáticas del lobby globalista y apátrida.

Una vez que Putin se hizo con la presidencia de Rusia en el año 2000, promocionó el nacionalismo ruso de cariz cristiano con un fuerte control sobre el Ejército para afrontar la situación de la guerra contra el terrorismo checheno apoyado por la CIA. 


La relación de los jerarcas hostigados por Putin con los multimillonarios de la Banca internacional, era tal que prensa británica llegó a denunciar la conexión entre el ruso Jodorkovsky y el mundialista Jacob Rothschild. También Roman Abramovich y Boris Berezovsky, se exiliaron en Reino Unido donde consiguieron trasladar sus fortunas con el apoyo de la masonería inglesa. A cambio, suministraron valiosa información “desestabilizadora” al magnate George Soros, entonces ya asalariado por Rothschild en los objetivos de atacar la identidad cristiana y cultural de las naciones libres.


Una vez que Putin y los nacionalistas rusos expulsaron a los oligarcas afines a Rothschild y a su testaferro George Soros, los globalistas operaron en varios frentes para derrocar al presidente ruso:


  1. a) Las "revoluciones naranja" financiadas por George Soros y sus Fundaciones y ONGs, que intentaban destruir el mandato de Putin.

  2. b) La mafia (armas y drogas) y el "terrorismo checheno" controlados por la CIA que buscaban desestabilizar el espacio postsoviético creando las condiciones para alzar gobiernos sometidos a Washington y al lobby globalista.

  3. c) La creación de un cordón de bases militares, tanques y artillería de la OTAN alrededor de Rusia, siempre amenazante y especialmente localizado en el Mar Báltico y en las fronteras de algunas ex repúblicas soviéticas.

  4. d) Las "revoluciones de terciopelo" sirvieron a los intereses financieros globalistas de Washington –representados por la Open Society de George Soros y la Fundación Nacional para la Democracia (NED) cuyos fondos provienen de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID)-.

    e) Campaña mediática desde el think tank “Open democracy” tutelado por George Soros, y desde los medios generalistas occidentales, para pintar como represor a Vladimir Putin e invalidar el proceso electoral libre que lo eligió con el abrumador apoyo de su pueblo. Del mismo modo, intoxicación masiva por el caso “Navalni” mientras omiten que durante años el opositor al presidente ruso ha hecho campaña en Rusia con total libertad.


Último golpe de Putin al globalismo de Davos y la Agenda 2030

El discurso del Presidente Putin de hace unas semanas se enfrentó a la agenda que se pretende desde el Foro de Davos como objetivos para el 2030. El ruso denunció que la ONU se ha convertido en un ente al servicio lacayo de la oligarquía mundial, lo cual es visible especialmente desde el año 2015. Aseguró que la ONU está de acuerdo en dirigir a los gobiernos del mundo en favor de los intereses estratégicos de los grupos formados por la oligarquía financiera y tecnológica.