Recordarán los más veteranos la cinta de Walt Disney de sus años de infancia que se titulaba "Fantasía: EL Aprendiz de Brujo" en la que el pequeño ratón Mickey adquiere poderes extraordinarios con el gorro del genio maléfico para que la escoba hiciese el trabajo que a él le correspondería hacer.
 

Pues, en estas o parecidas estamos. El  presidente del gobierno dispone hace tiempo su particular aprendiz de brujo, que no es otro que el expertisimo comunicador en imagen política, que responde al nombre de Iván Redondo y su corte de aprendices, con todos los poderes a su cargo para que le diseñen los trabajos sucios.

Lo único que le importa a este gobierno es perpetuarse al precio que sea y en lo único que hay que afanarse es en tener una buena estrategia de comunicación, porque lo demás  -gobernar-  da lo mismo.

La estrategia de este gobierno y de cuando todavía no lo era, es la mentira. La mentira repetida una y miles de veces, echándole la culpa de todo a la oposición. El estratega de semejante iniquidad no es el presidente, que es incapaz de hilar algo coherente, salvo si alguien previamente se lo escribe.

El estratega, es un señor que suele salir al lado del presidente, bajito y con cara de estudiantillo de COU y de  marisabidillo repelente niño Vicente. Este "estratega", que se dice experto es el típico mamporrero que actúa como un mercenario, que asesora lo mismo al PP que al Psoe, artífice de una conducta política que lleva a esta nación al degüello con tal de sostener a un usurpador que llegó al palacio de sus sueños echando a un inane, con la compañía de una basura política jamás vista. Bueno sí, la misma que llevó a España a una fratricida guerra civil, hace 90 años.

Este señor, sin vergüenza, pretende hacernos vivir en un matrix, en una ficción que nada tiene que ver con la realidad, con la única finalidad de sostener un inmenso tinglado y un gobierno que no es otra cosa que un régimen de corrupción, revanchista por la derrota que sufrieron hace 85 años, gobernado por auténticos ágrafos, incompetentes y analfabetos. En medio de esta patulea, el tal Iván destaca y brilla en todo su esplendor de cartón piedra como el de los estudios del mítico productor Samuel Bronston de los años 60 del siglo pasado.

Para mantener esta ficción es necesaria la propaganda, que a su vez es el sustento imprescindible para el  recorte de libertades, amparándose en un abusivo decreto de alarma, claramente inconstitucional. A este señor y aquellos para los que trabaja les da lo mismo ocho que ochenta. 

Cierran el parlamento, nos vigilan por GPS, liquidan la libertad de empresa, se incautan de lo que les viene en gana para que nadie despunte por encima de su desastrosa gestión,  les trae al fresco estar sin presupuestos 22 meses después de tomar posesión, no aprobaron una ley sino que echaron mano siempre del decretazo, amordazan con el silencio a los medios no afectos y censuran las preguntas de las ruedas de prensa, mientras riegan de millones a los voceros de sus mentiras y a los de la cultureta de la ceja, etc, etc. Pues bien, detrás de todo ello y otras muchas tropelías está  este pájaro llamado Iván.

De este aprendiz de brujo llamado Iván no sabemos lo que en su fuero íntimo piensa, pero sí sabemos lo que urde y su discípulo el doctor-trampa lleva a efecto con su corifeo de ministrillos y ministrillas. Ahora, su estrategia es la de socializar sus irresponsabilidades, adjudicandoselas a la oposición. A su vez, manera a su antojo al rasputín Iglesias, al que mantiene en el gobierno con el resto de adláteres comunistas porque cada vez más ya no se fía de la gandalla independentista, que ve próxima una debacle.

No le basta a este gobierno con las mentiras, la socialización de su desastrosa gestión y la goebeliana propaganda de los medios que le bailan el agua, adjudicándole bulos a la oposición, cuando el gobierno es un puro bulo, sino que echa mano de la manipulación y la censura de las redes sociales para impedir que se conozcan sus desmanes. Léase el tijeretazo de Whatsapp al reenvío de mensajes.

Hasta ahora, ningún español ha visto la cara de la tragedia de los miles de fallecidos, ni la imagen de ninguno de sus familiares, ni de cómo se sacan a los ancianos muertos de las residencias y domicilios. Ni siquiera el presidente muestra en el parlamente una corbata negra en señal de duelo. Todo esto sí se ve en las tvs y medios extranjeros, porque aquí este aprendiz y el gobierno no quieren ponerle cara a su dolosa gestión.