Sabemos que la izquierda aprueba un proyecto de ley de “memoria democrática” que achicará, en maldad, a la ley de “memoria histórica” lanzada por José Luis Rodríguez Zapatero, pues se lanzará a la persecución sancionadora, carcelaria y social contra los que analizamos objetiva –y sentimentalmente- el franquismo y por ellos somos y nos sentimos franquistas.

No voy a narrar las inefables y tóxicas mentiras revanchistas y el catálogo sancionador del proyecto de ley de “memoria democrática” parido por el Consejo de ministros, pero si voy a poner el énfasis en un aspecto esencial que la derecha mediática, que ahora se viste de defensora de incorrección política no toca, ni critica ni reflexiona.

Es el siguiente: la izquierda tiene un proyecto de anti España y todos lo conocemos. La izquierda es clara, abierta y directa. Pero, ¿qué horizonte de lucha plantea la derecha? ¿Cuál es su alternativa? ¿Puede considerarse como “la alternativa” la propuesta de derogar la ley de memoria democrática “cuándo gobernemos” o la de “recurrir al Tribunal Constitucional”? ¿Sólo eso? ¿Ahí nos quedamos?

De Pablo Casado, el que ahora promete derogar la ley de memoria democrática “cuando gobierne” nada se puede esperar: alentó la profanación del cadáver de Franco (“nunca defenderé el Valle de los Caídos ni quién está enterrado allí”, agosto de 2018); no impugnó ante el Tribunal Constitucional el decreto gubernamental de la profanación pese a prometer hacerlo; y su partido no derogó y asumió como propia la ley de memoria histórica de ZP cuando entre 2011 y 2018 Rajoy la avaló y promocionó y hasta un ministro de Justicia llamado Rafael Catalá la alabó con insistencia.

No me importa que el traidor Pablo Casado o que la formación Vox digan que “derogarán” esa ley o que la impugnaran al Tribunal Constitucional. Muy bien. Pero: ¿qué alternativa proponen? Ha hablado, Pablo Casado, de sustituir las leyes de memoria por una “ley de concordia”.

¿Qué mamarrachada es ésta? ¿Acaso hay algo que concordar con los herederos de Indalecio Prieto, Largo Caballero o Luis Companys?
Déjense de absurdeces vacuas y rosadas, destinadas a blanquear el fracaso de la Transición y la democracia de criminales socialistas, comunistas y separatistas “que nos hemos dado”.

La “concordia nacional” entre españoles fue un logro del General Franco cuando en los años 40 y 50 España derrotó al maquis, último intento de revivir la guerra civil, y el pueblo español caminó en sus familias -donde había hijos y nietos de ambos bandos de la guerra- hacia un rumbo compartido de trabajo y unidad nacional sin separatismos regionales ni partidos políticos socialistas envenenadores.

La “concordia” se logró cuando la legislación laboral y económica de los gobiernos de Franco, inspirada en criterios de la doctrina social cristiana y por postulados de justicia social falangista, hizo que los trabajadores de toda extracción, región y condición se convirtieran en clase media, pagasen en 6 años su vivienda sin hipotecas usurarias y el país se industrializase como octava potencia industrial.

Haber enterrado el estigma de la lucha de clases y la tentación de represalia de los apóstoles marxistas, y haber creado la unidad y armonía de las clases y los españoles, fue lo que fabricó la concordia nacional de España. Gracias a Franco. Por eso en 1975, a la muerte del Caudillo, España era pacífica, estable, laboriosa y próspera y su listón de renta y PIB la situaba entre las diez primeras potencias mundiales.

¿Qué coña marinera es esa de una “ley de reconciliación” o “concordia”? ¿Esa es la alternativa de combate de la derecha contra la izquierda hispanicida? ¿A esta emasculada “alternativa” la llaman dar “la batalla ideológica y cultural a la izquierda”?

Miren, señores de Vox - y me dirijo a ustedes porque el PP es la podredumbre sempiterna y traidora-: una batalla no es sólo derogar una ley o interponer un recurso, lo cual es necesario sin duda y si lo hacen ustedes –del PP no me creo nada-, lo alabaré. Pero no sólo es eso, ni mucho menos.

Combatir el poso de la izquierda ruin y sus leyes y “RENACIONALIZAR” España, es anunciar un blindaje de todas las calles, cruces y monumentos que todavía queden en honor a Franco, los mártires católicos, la División Azul, los heroicos falangistas y requetés, o la simple y mera historia de España que están arrancando de calles y plazas.

Combatir a la izquierda es anunciar que aquellas calles, monumentos, remembranzas u homenajes hacia personajes del régimen de Franco o del bando nacional que hayan sido retirados al amparo de la” ley de memoria histórica” 52/2007 volverán a restaurarse.

Combatir  a la izquierda es anunciar que la Fundación Nacional Francisco Franco será blindada y protegida como de interés cultural preferencial dado el carácter esencial de la custodia documental y material sobre la historia del periodo franquista que esta entidad protagoniza.

Combatir a la izquierda es anunciar que el Valle de los Caídos será objeto de una partida presupuestaria específica para su restauración completa, poniendo fin a todo intento de exhumaciones y de desvirtuación del monumento.

Combatir a la izquierda es anunciar que los familiares del General Franco, si lo desean, podrán volver a reinhumar el cadáver de su abuelo en la Basílica de Cuelgamuros o en la Catedral de la Almudena como ellos querían y que el Valle de los Caídos será protegido de forma preferencial dado su carácter cristiano y exclusivo en Europa por su grandiosa monumentalidad.

Combatir a la izquierda es anunciar que será eliminada la concesión de la nacionalidad española a las Brigadas Internacionales votada a favor por el PP.

Combatir a la izquierda es anunciar que la derecha reconoce la legitimidad y legalidad del Alzamiento nacional del 18 de julio de 1936 donde media España no se resignó a morir, pues la rebelión cívico- militar fue una respuesta a un proceso revolucionaria golpista iniciado en octubre de 1934.

Combatir a la izquierda es rechazar la declaración de condena al Alzamiento Nacional y al franquismo que José María Aznar y las izquierdas hicieron en noviembre de 2002 insultando a media España.

Combatir a la izquierda es defender la realidad próspera y no totalitaria del franquismo en vez de decir que fue una “dictadura” equiparándolo con Corea del Norte o Cuba como Rocío Monasterio hizo hace unos días, y como el PP, traidor sempiterno, ha hecho siempre. Los votantes de Vox arden ante tamaño despropósito.

Estos puntos que acabo de enumerar son la única y verdadera batalla política y cultural que podría ensombrecer el odio y el proyecto hispanicida de los herederos de Largo Caballero y la Pasionaria pues ellos tienen bien claros sus fines y no renuncian a sus referentes, aunque se trate de criminales y forajidos. Pero, ¿qué referentes tiene la derecha? ¿El “constitucionalismo” es su magno referente? ¿Lo es la defensa de una monarquía ataviada con la Agenda 2030 en la solapa y con su firma regia sobre los indultos a los separatistas catalanes asesinos de España?

Ya pueden anunciar, señores de la derecha, los “recursos”, las promesas de derogación y la “legalitis” que ustedes quieran, que sólo con eso no van a recuperar a España ni a dar la batalla ideológica ni cultural y menos a ganarla. Las izquierdas son malignas pero tienen un fin y unos referentes; ustedes, señores de la derecha, no tienen ninguno salvo la cáscara, la vacuidad, la “concordia” y el adocenamiento.