La RAE define el honor como: “cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo”. También como: “Gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y acciones mismas de quien se la granjea”.  Igualmente: “buena opinión granjeada por la honestidad y el recto en las mujeres”.

Pero conozcamos la opinión que tienen sobre el honor los que consideramos hombres sabios.

-Ariosto (1474-1533), el célebre autor de Orlando el furioso: “El verdadero honor consiste en que todos te consideren como hombre de bien, y que lo seas; puesto que, si no lo eres, fuerza es que la mentira se apague pronto”.

-Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), el gran dramaturgo español, escribe en el Alcalde de Zalamea:

                  “Al rey la hacienda y la vida

                  se ha de dar, pero el honor

                  es patrimonio del alma,

                  y el alma, sólo es de Dios”.

-Chamfort, literato y novelista francés: “La estimación vale más que la celebridad; la consideración más que la fama y el honor más que la gloria”.

-Chatterton, poeta inglés del siglo XVIII, escribe: “Busca primero el honor; el placer espera detrás”.

-Foscolo, poeta lírico italiano: “Cuando obedecemos al honor, aunque nos imponga ser muy desgraciados, siempre se siente una voluptuosidad delicadísima y magnánima que nos compensa de todos los dolores”.

-Ch. F. Jacobs, escritor alemán, nos dice: “No es cosa rara que uno venda su honor por lograr una distinción honorífica”.

-Juvenal, poeta satírico latino, escribe en sus Sátiras: “Es una cosa enormemente infame preferir la vida al honor, y perder la razón de vivir, para mantener la vida”.

-Duque de Levis, político francés, afirmaba en su Máximas, preceptos y reflexiones: “Hay personas para las que el honor constituye un cálculo; dejémoslas hacer, porque el público está muy interesado por el buen éxito de esta especulación”.

-Montagne (1533-1592), filósofo y novelista francés, de los mejores de su tiempo, relata en sus Ensayos: “Toda persona de honor prefiere antes perder su honor que su conciencia”.

-Méndez Núñez, el famoso marino español sentenciaba: ”Mi patria quiere mejor honra sin barcos que barcos sin honra”.

-Rüekert, poeta lírico alemán, escribía: “Hijo mío, el sentimiento del honor es una transformación del instinto general de la vida, de la conservación de sí mismo”.

-Shopenhauer, filósofo pesimista alemán: “El honor es la conciencia externa y la conciencia es el honor interno”.

-Shakespeare, el gran trágico inglés, afirmaba: “Todos tienen estima a la vida; pero el hombre honrado considera al honor como algo más precioso que la vida”. El mismo autor, añadía: “Pero si es un pecado desear el honor; yo soy el alma más perversa de este mundo”

-Tácito, el célebre historiador latino, sentenciaba en sus Anales: “En un espíritu corrompido no cabe el honor”. 

-Tirso de Molina, el gran dramaturgo español, en La villana de Vallecas, escribía:

                  “Entre tanto que está oculto

                  no da deshonra el agravio”.

-Voltaire, poeta francés, escribía: “Bien poco se ha perdido cuando se mantiene el honor”.

Hablando de honores, dignidad y vanidad, el agudo poeta satírico italiano, G.B. Casti, escribió:“Rangos, grados, distintivos y adornos, consideraciones y garambainas de todo género; títulos, blasones y honores; son cosas que dan mérito a quien no lo poseen”.

Refiriéndose a los honores, F. Guicciardini, historiador italiano del siglo XVII, escribía en su Recuerdos: “Las grandezas y los honores generalmente se desean porque todo cuanto existe de bueno y bello se aprecia exteriormente y aparece y se halla esculpido en la superficie; en cambio, las molestias, las fatigas y los fastidios y peligros están escondidos y no se ven”. 

-Pope, el célebre poeta inglés, decía: “El honor y la vergüenza no son inherentes a ninguna condición. Haced lo que os corresponde; en eso consiste el honor”.

Nos tememos que, muchos de los políticos de hoy, no están bien representados entre las definiciones de los grandes pensadores que citamos ¿Será que nos estamos haciendo viejos? No lo creo, porque el honor es intemporal.