La “nueva verdad” a la que aludí en el escrito anterior, a mi entender  es ésta:

Lo que le preocupaba a Fidel era su persona, su seguridad”,

al saberse elegido por la Sinagoga de Satanás para  recibir el regalo del poder absoluto en su patria y, al mismo tiempo, el poder absoluto para poder arruinarla, hacer de ella un gulag y esclavizar a sus habitantes. El  proceder posterior del criminal  revolucionario me confirma que el resumen hecho por el  P. Llorente de su visita, debe ser interpretado, como la confirmación de esa verdad. 

Esa misma misión tiene “el elegido” para España, el embustero impresentable que nos gobierna, utilizando el mismo método. Miente siempre que habla y se salta a la torera,  todas las barreras, desde la “ elemental decencia y vergüenza” --innata en el hombre racional-- hasta la divina “Constitución que nos hemos dado”, --según dicen --. Yo voté: “¡No!”.

El objetivo, por lo tanto,  asignado al rebautizado como “Falconetti”,  es : arruinarnos, traer el hambre y esclavizar a España . Y, mientras tanto, miente siempre. Miente  como buen marxista, y lo hace siempre, con  la boca, con la pluma y con los hechos.

Precisamente,  “el mito Fidel”  nació de las mentiras cocinadas y difundidas por el periodista Herbert Mathews,  desde el New York Times –el “órgano sionista por excelencia”-- con la citada y miles de veces reproducida entrevista  al tirano-asesino del 17 de febrero de 1957. Llevaban casi dos años en la Sierra y no había noticias de Fidel.  El diario sionista,  eligió el momento preciso. Su método: ¡mentir siempre!, adobándolo todo con “medias verdades” (que son la “peor mentira”) por desgracia les proporciona siempre excelentes resultados. Pues bien, nadie supera al “copiador de tesis” en el uso de esa técnica;  y los españoles digieren sus embustes sin pestañear… y, ¡no pasa nada! Hasta el día en que ocurra lo temido: la ruina de España, la pobreza, el hambre y la esclavitud. Dense una vuelta por Cuba  o Venezuela

Volvamos al relato que nos  ocupa.

Fidel y sus guerrilleros están en la Sierra,  escondidos y atacan en  escaramuzas al Ejército,  que no acierta a  eliminar la guerrilla. Ésta, cada día coge más fuerza y el número de “fidelistas” crece de modo exponencial,   hasta llegar a ser los “devotos” del “Fidel ‘Libertador’…” mayoría absoluta.  Forma parte de los fenómenos inexplicables de “ceguera colectiva”.

A quienes veíamos claro el futuro de la Isla  --por razones obvias y experiencias anteriores--  nos ignoraban e  incluso,  los más fanáticos,  nos llamaban “fascistas” y hasta  “batistianos”. Es el método de quienes no desean o no tienen capacidad de razonar. Exactamente,  como ocurre ahora en España. Siguen llamándonos fascistas y, en  mi caso y similares, añaden un calificativo nuevo: “conspiranoicos”. (Quienes mantenemos la vista clara,  somos  “ilusos, que vemos ‘conspiraciones judeo-masónicas’ por todas partes”).

Luego oiré  el ya viejo, conocido y repetido: “¡Si te hubiéramos hecho caso!” (Aunque, a mi edad,  no sé si tendría tiempo de comprobarlo). Se repetiría lo que me decían cuando en los años sesenta y setenta iba a Madrid, me acercaba al “Centro Cubano” de la calle Claudio Coello a tomar un daiquiri y me toaba con conocidos y amigos de Camagüey,  Ciego de Ávila o la Habana. Mi respuesta era,  un dicho de mi pueblo: “¡A burro muerto, la cebada al rabo! (En Perales de Campos,  nos movíamos entre “burros y cebada”; tenía sentido el refrán)

Y eso mismo le oyó decir una nieta de tío Severo (que no resistió “el golpe” ver que Fidel le quitaba hasta la casa) y moría en diciembre de 1959, once meses después de la llegada al poder de Castro:

“Mi abuelo les dijo a mis padres y a mis tíos, pocos días antes de morir: “si hubiéramos hecho caso a Gil…”

Me lo contó ella en el último viaje a España. ¿Por qué les dijo eso?

Como no hay nada que interese más y convenza mejor que las realidades vividas y contadas –y, si es por escrito, mejor—voy a explicarlo.   Al regresar, en la primavera de 1958, de un viaje a Europa de estudios y relax de ocho meses, la situación cubana se veía ya grave.  Se estaba paralizando la economía por culpa de los guerrilleros que habían abierto un frente nuevo en la Sierra del Escambray.  Tío Severo tenía muy cerca de esa Sierra una finca de ochenta y nueve “caballerías (traducido a hectáreas: mil doscientas) Cuando nadie compraba,  un “despistado” o un “listo”, le ofreció medio millón de dólares por esa finca (tenía otras) cuando su valor era, cuatro veces mayor… Yo le dije que aceptara y sin perder tiempo invirtiera ese medio millón, en terrenos, concretamente en la costa Sur de España. El viaje me había enseñado muchas cosas y vito muchas más; por ejemplo, que Europa empezaban a tener dinero, sobre todo los países del Norte,  y el turismo empezaría pronto a funcionar. Por lógica, el destino natural era el calor de las naciones del sur, y muy especialmente España que --era de prever-- sería la Florida y la Cuba del Viejo Continente. Y, por otra parte,  los terrenos y en pesetas eran un regalo y más que una ganga, y con medio millón de dólares podíamos comprar kilómetros de costa. (Continuaré en el próximo escrito; se acabó el espacio)