Si hay un ejemplo claro de cómo la fé mueve montañas lo tenemos en nuestro país en el cercano siglo pasado. Me estoy refiriendo con ello, no a un milagro religioso, sino a uno más profano pero no por ello menos espectacular, que es la victoria del frente nacional en la guerra civil del año 36.
 
Por que miren la situación a 23 de Julio del dicho año. La sublevación contra el terror marxista solamente había triunfado en Galicia, Castilla y León, Aragón y una pizca de territorio andaluz. Un espacio agrícola, con poca industria, que esperaba a ser devorado en poco tiempo por las hordas rojas. ¿Donde van esos locos? Se decía la gente.
 
Pero el Generalísimo logró cruzar el estrecho con el ejército de África y poco a poco, con paciencia de chinos, fue ganando región tras región a la fracasada República. Convirtiendo a los tres años una situación desesperada en victoria. Una gesta que debería causar la admiración de sus contrarios y no ese odio y rencor vital propio de malas personas. Así pues, asistimos en el desarrollo de estos hechos, la necesidad de una fé sólida en nuestras vidas que nos ayude a caminar por este valle de lágrimas. Un grupo de campesinos pues logró imponerse a toda la industria española concentrada en el frente republicano gracias a la profunda convicción en sus creencias más arraigadas.
 
Viene esto a cuento del fenómeno contrario al anterior, al que hemos asistido en estos 45 años de oprobio, los que suponen los años regidos por el engendro del 78. Me estoy refiriendo a cómo un país rico y próspero que era la España del 75, perdió la fé, en Dios y en si misma y devino en la cantina de Europa, estando a punto por culpa de una pandemia de perder este negocio también y quedarnos en la nada más absoluta, en los pedigueños de la Unión Europea. 
 
Abandonamos al Señor y el Señor nos abandonó a nosotros, parece ser esa la lección a sacar de toda esta nuestra historia. Por ello es conveniente para salir de este atolladero recuperar la fé de los cruzados del 36 y volver nuestros ojos a Dios. Y así, de su mano, podremos volver a tener un país puntero que compita en la carrera espacial con los que se están incorporando en este campo.
 
Como planteé en mi artículo del tejido productivo español, la fiesta interminable del baile y del latrocinio tiene que terminar. Tenemos que volver al Señor y ayudados por Él,  enfrentarnos a los retos que presenta el futuro que se acerca. Estoy convencido que la recuperación de España pasa por la recuperación de la Fé.
 
Y para recuperar la fé es imprescindible además acabar con el aborto. ¿Que tiene esto que ver? Ahora me explico. Necesitamos familias numerosas de las que puedan salir vocaciones. Y de estas vocaciones, sacerdotes para guiar a nuestro pueblo en nuestra sagrada tarea de recuperación de la patria. Las familias de hijo único no pueden ser vivero de religiosos por la misma naturaleza de la situación en la que ese hijo único se debería al menos en teoría de encargar de la procreación y permanencia de la estirpe. Yo al menos así creo entender las cosas.
 
Por que no solo necesitamos un gran líder para acometer esa grandiosa tarea de la recuperación de España. Necesitamos también a Dios para que el guíe nuestros pasos. Así, con una juventud bien preparada, tanto material como espiritualmente, podremos entrar en la modernidad, renovar y promover nuestra industria y hacerle frente al islamismo.
 
Espero haberme explicado bien con lo que propongo. He analizado a lo largo de mis artículos la situación actual de España y he propuesto algunas soluciones materiales para salir del marasmo. (Ver también mi libro Contra la despoblación (Europa en la encrucijada)). Pero quiero hacerme comprender en que son necesarias también las soluciones espirituales para salir de este atasco. Por que un hombre pleno necesita en su formación a Dios para devenir en un ser recio como el roble y no un frágil arbolito al que cualquier racha de viento lo parte.
 
Hoy es Sábado otra vez ya. Iré a misa esta tarde y le pediré a nuestro Señor Jesucristo que nos envíe un líder de mano firme y la devolución de nuestra fé perdida. Por que se nos presentan retos muy importantes y debemos estar preparados para ellos. Y en lo que me atañe, ese reto de luchar contra la despoblación mediante el aumento del número de hijos en las familias. Esto es muy importante ya que necesitamos sacerdotes y soldados para enfrentarnos a la despoblación, a la recuperación de la patria y a la lucha contra el yihadismo. 
 
Y les dejo por hoy, recen esta tarde por lo mismo que yo, que es importante.  Hoy está lloviendo y no podré salir al campo, así que me meteré en la cocina a hacer una sopa de verduras. Meditaré sobre mis próximos artículos mientras troceo los vegetales . Espero que artículos como este les hagan comprender la importancia de una renovación espiritual de España. Seamos como el Japón, que se convirtió en un país moderno sin renunciar a sus tradiciones. Eso espero para mi país.
 
Y que ese milagro que fue la victoria del 39 se repita de nuevo mediante una victoria contra la adversidad en que estamos sumidos. Vuelvo a repetir que la fé mueve montañas. Necesitamos grandes dosis de fé pues. Para nosotros y para la labor que hemos de desarrollar para que nuestros descendientes reciban un país digno.
 
También meditaré sobre mi manera de contribuir a la lucha contra la despoblación. Que pasa por la modernización de mis parcelas y llenar la vega del pueblo de nuevos cultivos. Me hace especial ilusión hacer una plantación de higueras. Su dulce fruto me encanta y creo que sería un árbol que se daría bien por estos lares. Rezaré también para que el Señor me ayude en esta empresa.