Hoy, 84º aniversario del asesinato cobarde de José Antonio Primo de Rivera por los siempre canallas y criminales socio-comunistas, en la cárcel de Alicante --dando pruebas de su sadismo y odio satánico, innatos-- y 45º del fallecimiento  tranquilo y en paz con Dios,  en una cama de un Hospital de la Seguridad Social que él mismo había mandado construir, nos colocan frente a una obligación que hemos descuidado:  la de convencer a todos los españoles, hispanoamericanos y católicos del mundo –además de a todo los hombres cultos, civilizados e inteligentes de los cinco Continentes—de que la defensa del Valle de los Caídos les atañe a todos, como ocurre con los monumentos de la cultura universal, tales como el Circo Romano, el acueducto de Segovia o las pirámides de los faraones. Basten tres  para no crear una lista interminable de todo aquello que honra a la Humanidad por ser una demostración viva el pasado  inamovible que demuestra la inteligencia, la sensibilidad y las muchas cualidades del hombre creado a imagen de Dios, y criatura predilecta suya.

Es incomprensible que la Humanidad no sea un grito de protesta como ocurriría si a otros locos (y locas…) como el Coletas, Sánchez, las ignorantes cerebros de mosquito que forman algo así como el harén de los "machos alfa" de la Moncloa, se les ocurriese hoy derribar el Coliseo de Roma lo los templos griegos por “fascistas”… Porque ¿ha habido “fascistas” más puros que los que construyeron las pirámides, o las calzadas y teatros que poblaron el Imperio Romano o los templos del Valle de los Reyes...?

Por supuesto la culpa es nuestra que no valoramos ni nuestra Historia ni nuestras gestas ni el haber sido la nación que más ha contribuido a la civilización del Mundo. Un complejo estúpido de inferioridad  del que Dios me ha librado pues el mío siempre ha sido de superioridad frente a los sajones y a los pueblos del Norte que nunca han dejado de ser “bárbaros” por sus hechos. No les libra de la barbarie, ni sus inventos, ni su tecnología, Promotores de los crímenes del aborto y la eutanasia, de la sodomía y las aberraciones, no nos llegan ni al tobillo en cultura.

Hoy, día inolvidable y espero lo sea durante siglos, por lo que recordamos, es el mejor momento para proponer que se cree no una  “comisión” –que es el gran invento de la democracia para impedir que triunfe ninguna iniciativa que valga la pena—sino una  reducida pero eficiente “organización” de hombres con poder financiero, intelectual y de honor, capaces de difundir en los medios citados la importancia y las otras  maravillas de una de las construcción más importantes –si no es la que más—del siglo XX. Lo tiene todo, belleza del paisaje, obra de arte, una construcción maravillosa pero, sobre todo, la grandeza de todo lo que representa: el monumento más importa y hermoso construido jamás a la reconciliación de un pueblo. Totalmente alejado de los “monumentos al odio” que han construido los que odian y no perdonan… La Cruz del Valle había conseguido que el Pueblo español, olvidara la guerra –que los papas Pío XI y Pío XII llamaron “Cruzada”--.  Los dos bandos habían olvidado todo pero sobre todo el Bando Nacional que había sufrido los crímenes más horrendos sin motivo alguno. El “Bando rojo” tenía que perdonar  muy pocos crímenes realmente –aunque hubo alguno—pues  la mayoría fue  simplemente, “aplicación de la Justicia normal de juzgar a los criminales”.

Yo le daría pocos consejos a una organización no nata que debe ser “creadora” de iniciativas, me limitaría a decirle que las modernas tecnologías permiten abrir los ojos a la Humanidad si las manejan personas inteligentes y mi consejo sería que difundieran con folletos, vídeos, libros ad hoc a todo lo relacionado con el Valle de los caídos y que algunos ya han expuesto maravillosamente. Solo se trata de hacerlo llegar a los citados: hispanos, católicos del mundo, ciudadanos libres e inteligentes de todos los continentes. Que nadie ignore todo lo que encierra el Valle de los caídos. Y de paso informen de que estamos gobernados por desequilibrados mentales, embusteros natos y miserables.

Mi éxito como profesor la debí, sin duda,  a la  norma que apliqué a rajatabla:  no pasarme en las explicaciones… aunque, no dejando nunca de aclarar la más mínima duda hasta que lo entendieran, y limitándome a enseñar al alumno a resolver él los problemas, sin dárselos resueltos nunca. Lo he seguido haciendo como Ejecutivo, con mis subordinados y no voy a cambiar a los noventa y dos años. Espero que la invitación encuentre españoles en edad apropiada y con medios suficientes dispuestos a hacerme caso. España lo necesita y lo agradecerá. Vale la pena.