Todos sabemos que si la pandemia hubiera pillado en el gobierno a un partido de derechas y su gestión hubiera sido tan nefasta como la de este gobierno social-comunista, hace ya mucho que las protestas de la izquierda habrían tomado las calles, manifestaciones masivas se sucederían, algaradas callejeras y asaltos a las sedes serian el pan nuestro de cada día  y el cerco al gobierno hasta conseguir derribarlo estaría siendo justificado en El País, la Ser y por supuesto la Sexta. En bien sabido que en España la única violencia política que se justifica es la que ejerce la izquierda. La derecha está bien domada.

Por ello es increíble que la extrema derecha esté detrás de las protestas contra el estado de alarma de este pasado fin de semana. Saben que sería contraproducente y que a la más mínima les caerían encima las FSE, la fiscalía, los tribunales y los medios de comunicación, para machacarles sin tregua. Baste recordar el caso Blanquerna y los cientos de incidentes protagonizados por ultraizquierdistas, proetarras o separatistas que quedan en el más absoluto olvido, para saber a por quien va este régimen.

 El caso es que taxistas, hosteleros y mucha gente de clase media esta hasta la coronilla de esta pandilla de ineptos,  incapaces de frenar la anterior ola de contagios y muertes y que nos van a endilgar en breve otro confinamiento con la disculpa de que en Europa rebuznan en el mismo tono que ellos. Se sigue sin hacer test masivos y, aparte de las restricciones de movilidad geográficas, cuya utilidad es más que cuestionable frente al daño económico que producen,  no existe ningún plan para la protección personal de los más vulnerables al contagio. Claro que hay motivos para protestar, claro que hay motivos para montarla.

Pero los protagonistas de los disturbios de estos días no son los hosteleros, ni los taxistas, ni los autónomos asfixiados  que se han atrevido tímidamente a alzar la voz. Sus protagonistas son los alborotadores habituales de la ultraizquierda, antisistema, anarquistas, radicales separatistas, okupas  a los que cualquier disculpa les vale para montar algaradas. Seguro que también había ni-nis cabreados porque les han jorobado la juerga nocturna. Algún friki de ultraderecha también andaría por allí haciendo el papelón o ganándose la soldada del CNI. Sin olvidar a inmigrantes ilegales, ellos  a lo suyo, a aprovecharse de cualquier ocasión para rapiñar la sociedad de acogida.

Estén tranquilos, la derecha española traga con todo y no va a respaldar ninguna movilización ni la resistencia civil.  Ha aceptado con resignación el toque de queda y se creerá que no hay más remedio que volver a confinarnos dentro de 15 días,  o cuando toque según el gobierno. Aunque  lleva mascarilla, guarda la distancia social y no supone ningún peligro renunciará a su libertad de movimientos y si hace falta se comerá el turrón a solas, sin montarla para exigir que se hagan test y rastreos masivos que permitan hacer vida los más  normal y segura posible. Tranquilos, que rezongará contra la subida masiva de impuestos, pero los pagara religiosamente, sin atreverse a montar una huelga de contribuyentes.  Y si mañana Pedro y Pablo estableciesen el derecho de pernada, también tragaría. No cercaría los medios de comunicación que seguro  encontrarían argumentos para justificar una medida tan progresista para una sociedad abierta sin las ataduras de una pareja tradicional, ni haría escrache alguno  a los expertos que certificarían lo indispensable de la medida para asegurar unas relaciones plurales dentro de una concepción democratizadora del sexo. Ya está bien que sólo follen los ricos, los feos también tienen derecho, nos contaría el Gran Wyoming, y la derecha le reiría la gracia.

¿Qué haría la indignada oposición? Pues lo mismo que ha hecho con este estado de alarma abierto y sujeto a la arbitrariedad del gobierno, lo mismo que hará dentro de unas semanadas cuando nos vuelvan a confinar. Desde Ciudadanos recomendaran lavarse las braguitas, ante todo que se vea lo limpitas que son. Y desde el PP protestarían, un poco, la puntita nada más. En cuanto a VOX, ya ven, por si se les ocurre hacer algo más que sacar a pasear la banderita con el coche, ya están montando la coartada para acusarlos de violentos y peligrosos y cerrar la posibilidad de que organicen cualquier resistencia civil contra este gobierno.  No se puede protestar contra el estado de alarma porque es alentar a los violentos. En España saben domar a la derecha muy bien.