La generosidad en política es un fenómeno difícil de observar, aunque no imposible.

El primer caso de la generosidad política se produjo en el año 1976, cuando las Cortes orgánicas franquistas aprobaron el proyecto de Ley para la Reforma Política impulsada por Adolfo Suárez, en la que se firmaba su propia sentencia de muerte y que supuso el paso de la dictadura a la democracia. Es lo que se conoció posteriormente como el harakiri de las cortes franquistas.

Otro caso de generosidad fue el de Manuel Fraga Iribarne, cuando en 1989 celebró el congreso de la refundación, AP pasó a ser el Partido Popular, que supuso la integración en un solo partido a todo el espectro centrista, liberal, democristiano y conservador, apartándose Fraga por completo de la primera línea de la política española.

La primera demostración de generosidad trajo la democracia a España y la segunda la alternativa real al socialismo durante muchos años en un partido que supo agrupar todas las tendencias políticas no socialistas.

El momento actual, aunque es diferente, no es más complicado que el de 1989: solo requiere la misma fórmula -generosidad- por parte de los actores actuales.

Caben cuatro posibilidades de reunificación del espectro -no socialista-.  La primera de ellas es que se unifique un solo partido en torno a la estructura del PP, ya que el PP tiene una estructura consolidada en toda España, sobre todo en ciudades pequeñas y pueblos. La segunda es que se haga en torno a VOX, que es una fuerza en ascenso permanente y que ilusiona mucho más que el PP. Una tercera es crear un nuevo partido que suponga la unificación de PP y VOX y una cuarta posibilidad es que se produzca una coalición preelectoral para concurrir en generales, autonómicas y municipales, tal como la izquierda ha hecho en múltiples ocasiones.

Las tres primeras opciones parecen casi imposibles en este momento donde las fricciones entre PP y VOX son cada vez mayores y donde las tensiones ideológicas dentro del PP son brutales, sobre todo para orillar a la rama liberal del PP, encarnada en este momento por Isabel Díaz Ayuso y por Cayetana Álvarez de Toledo.

Si la parte liberal del PP emigrase a VOX, esto haría aumentar sus votantes, pero la estructura regional y local de VOX seguiría siendo deficitaria.

        Pero ¿Quién lideraría esa reunificación?  La ventaja de una coalición preelectoral es que no la lidera una sola persona, sino que cada partido mantiene su estructura y su liderazgo, pero de cara a las elecciones esa coalición pactaría y explicaría con mucha claridad qué puntos del programa del PP y del programa de VOX serían los ejes de la política de esa coalición, sin tener que renunciar a su estructura ni a su programa electoral.

La gran ventaja de esa coalición preelectoral, con el sistema D´ont que rige en España, es que conseguiría una mayoría absoluta similar a la de Felipe González en 1982.

La cuestión clave de la generosidad siempre recae en las personas, en los egos y en los liderazgos, no en los partidos, ni en los militantes ni en los votantes que, aunque son los actores imprescindibles y necesarios, en este caso su papel es contingente.

Si la generosidad de Abascal y Casado fuesen iguales a la de Fraga y las Cortes franquistas, seguro que encontraban a ese punto de encuentro y dialogo que pudiese unificar una parte de las tendencias políticas que oscilan desde el conservadurismo hasta el liberalismo.

Seguramente Casado debería renunciar a mover al PP hacia el centro, que como todos sabemos es un punto de equidistancia carente de ideología que termina no representando a nadie, como describió Gonzalo Fernández de la Mora en “El crepúsculo de las ideologías”; y la experiencia reciente de Ciudadanos nos enseña que no se puede oscilar entre el liberalismo y el socialismo según convenga.  Es indudable que la derecha también es utópica. En este caso consistiría en la idea de que la gente que la representa sigue siendo tan generosa como lo fueron las Cortes franquistas y Manuel Fraga Iribarne y serán capaces de buscar un punto de equidistancia generosa para sacar a la izquierda del poder y devolverles a los españoles la ilusión por una democracia que tantos esfuerzos costó a una generación a la cual pertenezco.