Aunque muchos hayan culpado a George Soros de destruir España, incluso por escrito y cargados de contundentes razones, yo niego la mayor. Tampoco ha sido la masonería ni nada que se le parezca; en todo caso podemos culpar al Mercado capitalista  o a la deriva general del mundo moderno. Los únicos culpables reales han sido los propios españoles que, con su decadencia espiritual y su desidia moral, han permitido una lenta pero persistente demolición de un inmenso patrimonio de siglos. Sin embargo, si hablamos de cómo la situación ha empeorado en los últimos años y, sobre todo, en el transcurso del actual Gobierno de España, es cierto que es inevitable mencionar el nombre de Soros, como veremos a continuación.

¿Qué tipo de personaje público es George Soros? Ante todo, un capitalista y un ingeniero social. Para entender comprender el papel de personajes similares tenemos que entender el propio rol del capitalismo en sus dos variantes fundamentales: de Estado (socialista) o de Mercado (liberal); y, sobre todo, en el híbrido contemporáneo de ambos (socialdemocracia) en el que llevamos inmersos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La estafa del Estado de Bienestar sobre la que se establece dicho modelo consiste en que las empresas privadas no costean las viviendas ni los gastos médicos de sus empleados, como ocurría en el protocapitalismo industrial y fabril, porque ya lo hace el Estado nacional. Así, las empresas privadas pueden gastar menos y mientras el Estado puede saquear despiadadamente a los empleados a través de sus excesivos impuestos, —cuyo fin es para pagar esos servicios públicos—, para después devolverlo a las empresas en forma de subvenciones, ayudas estatales y descuentos fiscales. Mientras los Estados se endeudan de una manera tan creciente como imprudente, un pequeño grupo de empresas privadas reciben a dedo parte de sus atribuciones sin tener que mantener sus servicios ni poder ser reclamados por los ciudadanos. Detrás de esos negocios inmensos se encuentran dinastías de un poder indecible controladas por capitalistas e ingenieros sociales movidos, en primer lugar, por el afán de multiplicar su poder y su riqueza, y, secundariamente, por el deseo de transformar las sociedades y a los hombres según sus credos particulares; tipos como Soros.

El credo de George Soros viene conformado por dos vías: su conocimiento del esperanto y el magisterio intelectual de Karl Popper en la London School of Economics. Soros se educó en una familia adinerada de ideología internacionalista que quiso inculcar en el joven y prometedor heredero del imperio un idioma universal para un mundo que haya superado los nacionalismos: el esperanto. Durante sus estudios de filosofía en Inglaterra después de huir de una Hungría sovietizada, Soros vería en la idea de “sociedad abierta” y en el proyecto de ingeniería social tal y como los define Karl Popper un modelo a trasladar de esa “aldea reducida” popperiana a la “aldea global” de Marshall McLuhan: la totalidad del mundo como campo de operaciones para modificar actitudes sociales y para diseñar la totalidad de la sociedad global. Ni George Soros ni su padre, un acaudalado abogado de apellido Schwartz, eran directamente nazis, pero como ha demostrado la politóloga Michele Steinberg, fueron colaboradores del nacionalsocialismo desde Hungría comerciando con los bienes inmuebles de los judíos enviados a los campos de muerte. Según Soros, “si no lo hubiera hecho yo lo habría hecho otro”. Ah, la banalidad del mal.

En Estados Unidos Soros pudo ganar experiencia como hombre de finanzas a sueldo de la poderosa familia Rothschild cuyo poder se remonta hasta las Guerras Napoleónicas. Desde entonces y, como ha dicho el propio Soros, su principal atributo ha sido el de “saber cuándo comprar y saber cuándo vender”, gracias al cual ha forjado una inmensa fortuna. También fue bróker para la prestigiosa firma JP Morgan, donde pudo generar importantes contactos dentro del mundo capitalista que le servirían en el futuro. Entre sus referentes se encontraba el empresario Henry Ford, del que nació el keynesianismo imperante en Occidente tras la IIGM y que ha generado una aristocracia económica de nuevos déspotas supuestamente ilustrados que se han valido sistemáticamente de las regulaciones estatales para crear un monopolio en sectores clave para mejor organizar la sociedad. Por aquellos años Soros pudo recibir el consejo de su maestro John Rockefeller II así como forjar una firme amistad con David Rockefeller —descendientes ambos de un negocio monopolístico basado en el control total del petróleo en los Estados Unidos—, dos influencias fundamentales a la hora de crear su propia fundación a imitación de la Fundación Ford y de la Fundación Rockefeller. A imitación de otra dinastía familiar, la de los William Gates —I, II y III, tambén conocido como Bill Gates—, Soros se vio introducido en el negocio del milenio: la filantropía como forma de imperialismo y la especulación como manera de dominar los mercados. En 1973 funda la Quantum Found. Desde entonces ha invertido más de 18.000 millones de dólares hasta nuestros días en causas supuestamente filantrópicas. No lo duden: ha ganado mucho más.

Pero Soros quiere más y lo necesita para poder competir al nivel de los grandes nombres del mercado. Y su deseo le es otorgado en 1992 con la quiebra del Banco de Inglaterra, la crisis absoluta de la libra y el posterior colapso de otros Bancos Centrales europeos como el de Francia, que resultó un hecho decisivo para la final implantación del euro en 2002. Gracias a los réditos obtenidos por una operación tan conveniente, Soros obtuvo una multiplicación exponencial que le permitió fundar, un año después, la celebérrima Open Society Foundations cuyo nombre se corresponde con la más importante obra teórica sobre política del maestro intelectual de Soros, Karl Popper. La maestría financiera de Soros en el control de los precios, el seguimiento de las divisas, la intervención o desaparición de impuestos a conveniencia y la llamada “terapia de choque” económica mediante el uso de información privilegiada le han hecho inmensamente rico. El objetivo de la Open Society es el de “trabajar para construir sociedades dinámicas y tolerantes, cuyos gobiernos sean responsables y abiertos a la participación de todas las personas”. La típica palabrería vacua para justificar el afán de lucro y dominación sin límites: una jerga similar a la del Foro de Davos o la Agenda 2030. Apropiándose del término democracia y estableciendo qué cosa debe ser ese ideal utópico de “la sociedad abierta” y erigiéndose el propio Soros como mesías de la misma, invierte cantidades ingentes de dinero en conglomerados empresariales, medios de comunicación, campañas políticas, mejoras de derechos establecidos por el propio grupo y de movimientos aparentemente revolucionarios. Desde eurodiputados tildados de “seguros” (reliable) hasta importantes bancos como el Santander; de economías enteras como la Argentina a medios de comunicación como ElDiario.es; de verificadores como Maldita.es a instituciones aparentemente objetivas como Human Rights Watch; todo ello es pagado y en buena medida controlado por la mano firme de George Soros.

El colaborador de George Soros y uno de los peces gordos de la Open Society, Mark Malloch, está detrás de la empresa Smartmatic que está detrás del fraude electoral a gran escala que ha hecho perder las elecciones a la Presidencia a Donald Trump. Un hecho que quizás esté relacionado con las masivas cantidades de dinero donadas por el propio Soros a las campañas presidenciales de Barack Obama —al que quiero felicitar desde aquí por su casa recién adquirida de 10 millones de dólares—, primero, y de Hillary Clinton, después. Hay que recordar que el exalcalde de Nueva York y durante un tiempo director del equipo legal de Trump acusaba directamente a Soros de organizar una conspiración junto a las altas instancias del Partido Demócrata, con las que tiene unas muy estrechas relaciones, para robarle las elecciones a Donald Trump. Un proceso legal que, sin Giuliani y con la vista puesta en las próximas elecciones, está lejos de terminar. Porque el citado Malloch es, además de presidente de Smartmatic, vicepresidente de la Open Society de Soros. Una de las ideas fundamentales de Soros es atomizar las sociedades para romper los lazos tradicionales y fomentar el cosmopolitismo y el desarraigo. El fin último es vaciar a los estados nacionales de atribuciones para poder controlarlos desde un Gobierno mundial. Las democracias, que durante mucho tiempo han favorecido sus propios intereses y los de otros ingenieros sociales, se ha convertido en un problema frente al modelo chino: tiránico en lo político, planificado en lo económico y liberal en lo comercial.

Las relaciones de Soros han sido también muy cercanas con Mark Zuckerberg y con la empresa Facebook después de que este se haya propuesto censurar la disidencia en Internet. No sólo eso: Soros ha invertido grandes cantidades de dinero en las que serían conocidas como “Primaveras Árabes” e incluso ha tenido un papel determinante, a través de la Open Society, en los hechos que han derivado en la reciente salida de los EEUU de Afganistán. Paralelamente, ha favorecido el guerracivilismo y la fragmentación de la sociedad norteamericana a través de la creación y movilización de grupos radicales como el famoso movimiento Black Lives Matter. Ha invertido en negocios lucrativos e incipientes como las energías renovables —como su colega Bill Gates, por consejo de Vaclav Smil—, que le ha hecho ganar cuantiosas cantidades de dinero durante la pandemia gracias a la digitalización de la enseñanza y a la progresiva instauración del trabajo telemático. También ha invertido grandes sumas en: feminismo, ecologismo, inmigración —500 millones, según sus propias declaraciones— y diversidad —sea lo que sea eso, que será algo espantoso—. Sobre su inversión en grandes oleadas de inmigrantes musulmanes hay que añadir que Soros es un furibundo antisemita a pesar de ser judío y que, como Adolf Hitler, comparte una fascinación delirante por el islam. Los objetivos de la Open Society pueden resumirse, sin embargo, en dos: la creación de un Gobierno Mundial y la reducción del total de los habitantes del mundo.

Sobre la influencia de Soros en España han escrito mucho y bien Juan Antonio de Castro y Carlos Astiz, a los que he tenido el honor de poder entrevistar en mi canal de Youtube: Juan Antonio de Castro autor de Soros: Rompiendo España y No sólo es Soros-ENTREVISTA | Pura Virtud . Y sobre la influencia de Soros en Hispanoamérica ha escrito mucho y bien el brillante y muy joven periodista Nicolás Morás. Trataré de sintetizar lo esencial de lo dicho por todos ellos: George Soros financió la campaña de legalización de la marihuana en Uruguay con el ínclito Pepe Mujica como cara visible; y en Argentina contribuyó notablemente a legalizar el aborto de la mano de Alberto Fernández. Sin embargo, eligió España como principal banco de pruebas de la ingeniería social, relegando muchas responsabilidades en su hijo Alex Soros, que está siendo preparado para tomar el relevo —ah, las aristocracias familiares capitalistas de los filántropos contrarios a la reproducción— y al que hemos podido ver en compañía de Pedro Sánchez en alguna ocasión que otra. Su próximo plan es favorecer las energías renovables gracias a la colaboración de Pedro Sánchez en lo que le queda por agotar de legislatura.

Empecemos por el principio: el PSOE siempre ha llegado al Gobierno en España auspiciado por distintos golpes de mano, por decirlo suavemente: tras el 23F, Felipe González; tras el 11M, José Luis Rodríguez Zapatero; y tras un pacto en forma de moción de censura de actores cuyo nexo ideológico común es la descomposición de España, Pedro Sánchez. En 1997 Felipe González se reunió con George Soros después de sacar todo lo que necesitaba de la socialdemocracia alemana y de los servicios secretos norteamericanos que le ayudaron a llegar al poder después de renunciar al marxismo en el lejano 1979. También tuvo contactos con Aznar después de que abandonara la Moncloa y se pusiera a formar Think Thanks de centro derecha como la fundación FAES. Según Juan Antonio de Castro, Soros ha financiado directamente el independentismo catalán. También ha ayudado a crear una mafia mediática favorable al gobierno: por ejemplo, solo hay que recordar que Zapatero autorizó literalmente 2 días después de llegar al poder una rebaja fiscal de 30 millones de euros para la empresa Sogecable, una ayuda solicitada por el director de PRISA Juan Luis Cebrián y concedida a su principal empresario, Jesús Polanco, que se ha movido como pez en el agua en grupos de poder internacionales como la Comisión Trilateral, Council on Foreign Relations o el Club Bilderberg; también fue Zapatero quién autorizó la fusión de LaSexta con Antena3, contra la legalidad entonces vigente, favoreciendo al empresario catalán Jaume Roures, responsable del grupo Mediapro y uno de los mayores patrocinadores mediáticos de Pablo Iglesias Turrión y del partido político Podemos durante el Gobierno de Mariano Rajoy.

Todos sabemos que el 15M ha sido el movimiento esencial de renovación de una izquierda española quemada tras la debacle final del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que, con el apoyo de Soros, supuso la entrada de la ideología de género en España: matrimonio homosexual, violencia de género, primera ley “trans” del mundo y desarrollo de una ley del aborto insólita. Según el historiador Alberto Bárcena, “La conexión con el mundialismo tampoco tardó en hacerse patente: uno de los principales impulsores del 15M, el cineasta Stéphane M. Grueso, era en 2016 el tesorero de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información, financiada por la Open Society Foundations de George Soros”. Según el periodista de investigación Manuel Cerdán, “en julio de 2018, Pedro Sánchez se ha reunido más veces con el especulador de las finanzas George Soros y miembros de su clan que con el presidente del Partido Popular y líder de la oposición, Pablo Casado (...). Pedro Sánchez percibió también dinero del especulador George Soros en su etapa de observador en procesos electorales y en otras misiones internacionales de carácter humanitario, a través de los demócratas norteamericanos del National Democratic Institute (NDI) y de otras ONG’s, vinculadas al magnate de las finanzas. Desde entonces, el presidente mantiene una estrecha relación con la organización fundada por el multimillonario, Open Society Foundation”.

Continúa el profesor Alberto Bárcena: “Solo con citar el nombre de Soros nos trasladamos al nivel de las organizaciones pantalla, la ingeniería social de máximo nivel y las revoluciones incomprensibles que han sacudido el mundo en lo que va de siglo, como las Primaveras Árabes (...) Del 15M surgen una serie de partidos que se diferencian, más que nada, por el nombre; siendo el más representativo Podemos; unión de la extrema izquierda que buscaba superar el fracaso de Izquierda Unida y el aburguesamiento socialdemócrata del PSOE; sin que faltasen destacados representantes de dicho partido que lo patrocinaron en su lanzamiento, y lo utilizaran luego (...). Es verdad que le restaría votos, pero también podría resultar decisivo para poner en marcha políticas radicales que el partido de Felipe González era incapaz de asumir (...). Zapatero, sin ir más lejos, no llegó a la Moncloa con un programa político muy distinto al podemita; pero le quedaron algunos flecos sueltos que con el PSOE a solas no podía rematar. Necesitaban los socialistas de su misma orientación alguien que, por su izquierda, reclamara políticas o ajustes de cuentas, que ellos no podrían atender impunemente; si pretendían seguir perteneciendo al establishment donde les incluyeron Willy Brandt o David Rockefeller”.

Después de quemar a Zapatero con una gran serie de cambios sociales en un corto tiempo inspirados en los ideales fundadores de la Open Society, Soros diseñó, junto con otros ingenieros sociales, una brillante estrategia de oposición contra un gobierno continuista como el de Rajoy que, a pesar de disponer de mayoría absoluta, no revocó ninguna de las políticas de Zapatero, como había prometido. Gracias al clima mediático hostil provocado por LaSexta bajo la dirección de Antonio García Ferreras en favor de Roures; por el grupo PRISA bajo la dirección, en su etapa final, de Juan Luis Cebrián, en favor de Polanco; y la promoción de Iglesias, Errejón y Monedero, primero, para la posterior proyección del candidato seleccionado para la Presidencia, Pedro Sánchez, que llevaba siendo preparado desde los 20 años en Bruselas y en su trabajo para, por ejemplo, el National Democratic Institute, un lobby directamente relacionado con Soros. Recordemos que Sánchez llega a la presidencia después de sacar por dos veces consecutivas el peor resultado en la historia del partido y sobreviviendo milagrosamente a los intentos por destruirle del ala de mayor peso histórico dentro del mismo, a cuyos ataques resistió gracias a los milagrosos apoyos en la sombra de quién fue capaz de insuflarle mucha “resiliencia” en el momento adecuado. Ya me entienden. Así pues, el candidato relacionado con Soros —”Pedro Sánchez es un peón de Soros”, según el periodista Carlos Astiz—, el partido podemita patrocinado en los medios sorosianos y el independentismo que, según el Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la UCM Juan Antonio de Castro, ha financiado Soros; consiguieron derrocar a un Mariano Rajoy incapaz de tocar una sola ley social de Zapatero y que prácticamente optó por no defenderse durante la moción de censura que le costó el puesto. Después de crear un nuevo Ministerio de la Igualdad millonario que instaura un feminismo de Estado, a semejanza del implantado con Zapatero y de financiación millonaria, ha arribado la pandemia de coronavirus en la que Sánchez ha cumplido bien su misión encerrando a los españoles en su casa de forma inconstitucional y de una manera excesiva, en comparación países vecinos como Francia, pero provocando un conveniente empobrecimiento generalizado de la población y una vacunación masiva como reacción al miedo a nuevas medidas restrictivas.

Sobre el último viaje de Sánchez a Estados Unidos este mismo verano, la periodista Cristina Martín ha escrito un muy interesante artículo que me permito citar in extenso: “Sánchez tendrá citas con representantes de JP Morgan, Morgan Stanley, Goldman Sachs, Soros Fund Management y Blackstone; con el CEO de BlackRock, Larry Fink, y un almuerzo con Michael Bloomberg, fundador de la firma de información financiera Bloomberg, e inaugurará la nueva sede neoyorkina de la entidad pública empresarial ICEX. En Los Ángeles, visitará el laboratorio de la NASA que gestiona los programas espaciales de exploración a Marte… justo cuando recientemente ha prescindido del astronauta Pedro Duque como ministro de Ciencia e Innovación. En esta ciudad, también tendrá encuentros con altos ejecutivos de Netflix, HBO, Disney, Warner y Activision, y participará en un evento en los estudios de NBC Universal para impulsar a nuestro país como centro de producción audiovisual y en un acto en la Universidad de California. Y en San Francisco, Sánchez se reunirá con Tim Cook, CEO de Apple, al que ya recibió en La Moncloa (como a George Soros, que fue el primer multimillonario que recibió -en secreto- al llegar a presidente en junio de 2018); el español Enrique Lores, presidente de HP; Pat Gelsinger, CEO de Intel; y Dan Schulman, CEO de PayPal. Además, a la cena organizada por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España, irán representantes de empresas como Zoom (que acaba de anunciar la compra de la empresa de contact center en la nube Five9 por 12.450 millones de euros) y YouTube (la cual pertenece al gigante de Internet Google)”. Un viaje en el que Alex Soros, hijo de George Soros, habría tenido el papel de cicerone infernal del “capitalismo de vigilancia”.

¿Por qué ha escogido George Soros España e Hispanoamérica para crear un laboratorio social vanguardista en el mundo? Mi respuesta es: para neutralizar la fuerza espiritual que una Hispanidad unida tendría contra sus intereses de atomización social. No en vano, la primera reunión de Pedro Sánchez en La Moncloa, como es público y notorio, fue con George Soros. El coronavirus ha sido para Soros “la crisis de mi vida”, dado que le ha permitido acortar unos procesos históricos de remodelación social que habrían llevado décadas en circunstancias normales; y se trata solo del principio. Aunque Soros, un anciano próximo a la muerte, desaparezca pronto, su nefasta influencia, su legado en manos de sus herederos y el reguero de desgracias por él cosechadas tardarán décadas en ser erradicadas de la faz de la Tierra. Un ejemplo más de ello: GRIFOLS, empresa catalana financiada por Soros desde dos años antes de la pandemia, es una de las empresas puntero en España en luchar contra el coronavirus. Ah, casualidades de la vida.