Las elecciones generales en la República Checa, celebradas el 8 y el 9 de octubre, pueden marcar un cambio de rumbo en la política checa y centroeuropea. ANO (Acción de Ciudadanos Descontentos), el partido del hasta ahora primer ministro Andrej Babiš, consiguió un 27,12% de los votos y fue el segundo partido más votado por detrás de la coalición tripartita de centroderecha SPOLU (Juntos), que incluye al ODS (Partido Democrático Cívico), al KDU-ČSL (Partido Popular) y al TOP 09 (Liberales-Conservadores), liderado por Petr Fiala y que obtuvo el 27,79 % de los votos. En 2017 y presentándose por separado, estos partidos sumaron un resultado del 27,76%.

La participación fue del 65,43%, un 4,6% más que en las elecciones de 2017 en las que ANO obtuvo el 29,6% de los votos y fue la primera fuerza política. En esta ocasión, ANO sigue siendo el partido con más escaños en el parlamento checo debido a que su sistema electoral está basado en una adaptación del famoso sistema d’Hondt y tiene votos preferenciales en 14 circunscripciones. Por ese motivo, ANO ha ganado 72 escaños (obtuvo 78 en 2017) frente a los 71 de SPOLU, el partido más votado. Pero la gran diferencia con respecto a las elecciones de hace cuatro años es la polarización política, con la formación de coaliciones y la desaparición de partidos que entonces obtuvieron representación. La izquierda clásica, los socialdemócratas del ČSSD y los comunistas del KSČM, que habían obtenido un 7,27% y un 7,76% respectivamente, no han superado la barrera del 5% y se han quedado fuera del parlamento.

Sin embargo, la izquierda radical no ha desaparecido del parlamento checo y está representada por el CPS (Partido Pirata) que se presentó a estas elecciones en coalición con el partido STAN (Alcaldes e Independientes), obteniendo el 15,62% de los votos y 37 escaños, nueve más que en 2017, y convirtiéndose en la tercera fuerza política. Liderados por Ivan Bartos, los piratas han defendido hasta hace bien poco las tesis de la izquierda radical a favor del multiculturalismo. Pero durante las elecciones, Bartos, que había llegado a decir que no tendría objeciones a que Europa se convirtiera en un continente musulmán en unas pocas décadas, afirmó que ante el ejemplo de lo sucedido en Francia, la llegada masiva de inmigrantes musulmanes a Europa no era una buena idea.

El cuarto partido que ha superado la barrera del 5% para entrar en el parlamento ha sido el SPD (Libertad y Democracia Directa) de Tomio Okamura, un partido patriótico y euroescéptico que en Europa está afiliado a Identidad y Democracia. El SPD recibió el 9,56% de los votos y obtuvo 20 escaños, dos menos que en 2017. 

Por tanto, a pesar de que Babiš es el que más escaños tiene, su capacidad de maniobra es muy estrecha. Descartada una coalición con su rival directo, Petr Fiala, y, por supuesto, con la coalición de STAN-Piratas, su único socio posible es el SPD, pero los votos no son suficientes para obtener una mayoría de gobierno. Todo apunta a que el futuro gobierno checo estará formado por los “conservadores” de SPOLU y la coalición STAN-Pirata, que al parecer ya han firmado un memorando para formar gobierno. Un gobierno que, a priori, no parece demasiado estable.

La derrota de Babiš ha sido bien recibida por los medios debido a su estrecha amistad con Viktor Orbán. El político checo ha apoyado en el Grupo de Visegrado el control de las fronteras y se ha presentado como un firme apoyo de las políticas del primer ministro de Hungría. Esta postura de Babiš le ha pasado factura. Cuatros días antes del final de la campaña electoral estalló el escándalo de los “Pandora Papers”. El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), con sede en Estados Unidos y que cuenta con la Open Society Foundations como uno de sus principales financiadores, publicó una serie de documentos en los que se investigaban transacciones financieras sospechosas por parte de jefes de gobierno y políticos a paraísos fiscales. En la lista figuraban nombres muy conocidos, como Tony Blair, el rey Abdullah de Jordania, Ilham Aliyev, jefe de estado de Azerbaiyán, y Andrej Babiš.

Los documentos señalaban que el político checo transfirió parte de sus activos económicos a un paraíso fiscal en 2009 y que luego invirtió en inversiones inmobiliarias en el sur Francia. No está claro si esta actuación de Babiš, dos años antes de su entrada en política, fue delictiva o no, pero los medios europeos de izquierda y la oposición checa se cebaron con el primer ministro checo, que no tuvo tiempo de reaccionar. Por ejemplo, el diario danés Jyllands Posten publicó una foto del Babiš y de Viktor Orbán bajo el titular, “Enorme evasión fiscal: Jefes de Estado esconden su riqueza en paraísos fiscales”. No podemos cuantificar el daño electoral que ha causado este “escándalo”, esta filtración de documentos casualmente justo antes de unas elecciones, pero de nuevo parece que el largo brazo de Soros y sus agentes mediáticos han actuado para influir en unos resultados electorales y apartar del poder a un político que se oponía al globalismo.