Si no fuera porque estamos hablando de un tema muy, muy serio me permitiría comparar lo del coronavirus con el juego de la oca. Por aquello de virus a virus y pandemia porque me toca.

Lo cierto y real es que los responsables de los gobiernos Central y Autonómicos, que están demostrado ser, por las consecuencias de sus acciones e inacciones unos auténticos virus, nos abocaron a  una letal crisis sanitaria y a una devastadora crisis económica al no tener el valor de enfrentarse al covid en tiempo y forma. El resultado miles de fallecidos, la economía del país desolada y eso sí, responsabilidades cero.

Tras la explosión pandémica llegamos al famoso pico de la curva siendo ya evidente el letal fracaso del Ministerio de Sanidad con su filósofo a la cabeza y el Dr. Simón atragantándosenos. Comenzaron las críticas de los unos contra los otros, viscerales, sin fundamentos con el único objetivo de auto depurar sus propias responsabilidades, puro postureo político.

Con la deseada desescalada comenzaron las comunidades a asumir responsabilidades directas en la gestión de la crisis. Un auténtico desastre. Más de todos contra todos y todos queriendo pasar de fase antes que ninguna. Aquí se ponen chulitos desde los independentistas catalanes, los andaluces, pasando por Madrid. Un espectáculo.

Nadie aporta estrategias estudiadas lo que significa que nadie ha hecho los deberes. Da igual, les da lo mismo, pasamos a trompicones a la nueva normalidad. Se deja la responsabilidad en los ciudadanos de a pie, a la mascarilla y a los dos metros de distancia. El resultado son fiesta, reuniones masivas, eventos y celebraciones deportivas. Sólo a políticos de tercera división jugando en primera se les pasa por alto que las medidas preventivas tienen escasa aceptación por la población y aún menos por los jóvenes. La consecuencia, en pocos días el número de nuevos enfermos día supera al mes de mayo, comienzan las desescaladas.

En unas comunidades hay que llevar mascarilla siempre, en otras sólo cuando no podemos garantizar las distancias. En otros sitios, será por chulos, no hace falta mascarilla o se siguen celebrando eventos nocturnos con todos revueltos si pueden. Hay gobernantes tan simplones que a sabiendas de que los eventos nocturnos son un riesgo, deciden que la medida a tomar es pedir los carnet de identidad para facilitar el seguimiento de los futuros enfermos y sus contactos. Se vuelve a abandonar el pilar fundamental de la salud pública, la prevención primaria.

Europa nos mira. Nos ha tenido que rescatar. Digo lo de rescatar porque nadie da duros a tres pesetas y nos tendrán que explicar el precio del aplaudido “éxito” de Sánchez en el fondo de recuperación. Los hijos de la Gran Bretaña, como siempre han hecho, nos apuñalan exigiendo cuarentena y rematando el turismo, ellos sabrán con que finalidad. El Gobierno ni lo sabe ni les contesta.

Entre medias, los podemitas y separatistas aprovechando para darle unos pullazos a la Corona. Comienzan las ocurrencias del verano. La ministra de Defensa, buscando su protagonismo anuncia que dispone de un batallón de rastreadores como si no tuviéramos sistema sanitario y el líder de la oposición propone que por ley las comunidades autónomas puedan limitar los movimientos de población sin estado de alarma, como si no hubiéramos sufrido bastante las consecuencias de la descentralización autonómica. Más competencias para ellas, menos para España y luego dicen.

El gobierno Sánchez-Iglesias, que fue el principal, pero no único responsable de la crisis, aprovechará la nueva oleada para cargar contra sus rivales de las comunidades autónomas y lo hará mejor que lo han hecho ellas. Conseguirán, en esto si son unos auténticos maestros, que la responsabilidad del covid en España sea del Partido Popular y de sus socios.

Se está gestionando por todos y tan mal, que vamos camino de repetir lo ya vivido en la primavera pasada. Para muchos especialistas ya estamos a la puerta inevitable de una segunda oleada. Ningún gobierno lo dice. La situación es alarmante por el número de nuevos enfermos, por el elevado número de brotes, por la trasmisión continuada comunitaria y por la situación de presaturación del sistema sanitario. Pero parece no pasar nada, como en marzo, porque los responsables, incapaces de enfrentarse a una guerra, han vuelto a trasladar la responsabilidad al ciudadano.

España no merece este sufrimiento. Ni el del covid, ni el de los virus que gestionan la crisis. Merece un horizonte de ilusión después de una primavera triste y oscura y este sólo pude ofrecérnoslo quien ponga a España por encima de todo, sin miedos y sin complejos para tomar las medidas de guerra que haya que tomar y dando la espalda al redito político que no es otra cosa que el arma de los cobardes y la que han usado durante las últimas décadas los dos grandes partidos de este país. Así nos ha ido y así nos va.