En la batería de análisis del resultado de las elecciones andaluzas hemos escuchado casi de todo, desde partidos borrados del mapa que, sin embargo, se muestran muy contentos porque Vox no entrará en el gobierno, lo que me parece el colmo del patetismo, hasta quienes dan por perdedora a Ayuso en la batalla interna por el alma del PP, pasando por los que vaticinan la desaparición de Vox, cuando de los resultados objetivos antes se deduciría la desaparición de la izquierda. Lo que, sin embargo, nadie ha dicho, porque supone entrar en consideraciones de realismo político y eso está ausente del debate partidista, que es el único que reflejan los medios, es como ha influido el clientelismo y las oligarquías financieras y mediáticas en el resultado.

Personalmente, no esperaba que la victoria del PP fuera tan rotunda, pero no me cabía duda de que iba a tener un gran resultado. Hay que tener dos factores en consideración, primero, que todo el voto cautivo y clientelar del PSOE en Andalucía ha pasado al PP: personal público no consolidado, enchufados, chiringuitos, beneficiarios de subvenciones, beneficiarios del PER… todo el entramado clientelar que montó el PSOE en sus 40 años de predominio y que le sirvieron para ganar elección tras elección, a pesar de gastarse el dinero de los parados andaluces en “putas y farlopa” según propia confesión, ha ido a parar ahora al PP, de cuya benevolencia dependen ahora los ingresos de miles de andaluces.

Segundo, que la apuesta de todos los poderes económicos y mediáticos, comprendiendo por lo que decían las encuestas que la izquierda no tenía ninguna posibilidad, se centró en apoyar al PP para que no necesitara a Vox para gobernar. Eso explica que en la Sexta estén tan contentos con una mayoría absoluta del PP que, en otras circunstancias, teñiría su programación de luto. El PP se ha visto, en esta campaña, especialmente protegido por los medios, incluso los teóricamente hostiles, porque la mayoría absoluta de Moreno Bonilla era su gran apuesta, apuesta que han conseguido materializar. Y es que al sistema le da igual que gane el PP o el PSOE o cualquier otro partido comprometido con las agendas 2030 y 2050, solo quieren evitar, por todos los medios, que alguna formación hostil a estos “consensos” pueda frenarlos o incluso revertirlos. Vox es, vaya, el único enemigo a batir.

Solo el hundimiento a la irrelevancia de una ultraizquierda perdida en su mundo de géneros fluidos y causas absurdas ha salvado al PSOE de una debacle todavía mayor, a pesar de su brutal trasvase de votos al PP. En ese sentido, el PP ha acertado en su táctica de disputarle al PSOE voto centrista en lugar de competir con Vox por el voto más derechista, solo lamentamos, como de costumbre, que no sea capaz de hacerlo sin ceder todo el terreno en la lucha cultural, lo que le pasará factura más pronto o más tarde y que ha pasado ya factura a la sociedad española en forma de degradación sin precedentes.

¿Y qué hay de Vox? ¿El resultado es un completo fracaso? ¿Se encamina el partido de Abascal a la desaparición? ¿Ha sido una campaña tan mala como todos dicen? Sin perjuicio de la necesaria autocrítica, en la que también nos adentraremos, hay que poner un poco de perspectiva y de sentido común al análisis. El resultado de Andalucía no es objetivamente malo para Vox porque, al fin y al cabo, sube (ojalá todos los fracasos implicaran tener dos diputados más), pero sí decepcionante, porque no se es decisivo en el gobierno y porque, después de unos resultados espectaculares en Andalucía en las elecciones generales (pero, como sabe cualquier politólogo, no se pueden comparar elecciones de tipo distinto) se esperaba más.

Lo que debemos comprender es que esta es una batalla larga en la que habrá días buenos y malos. Lo que buscamos no es un cambio de gobierno, sino de paradigma histórico. Y eso no puede lograrse en un ciclo electoral, sino que es una tarea de décadas.

Erran, en mi opinión, los que pretenden dar a Vox por amortizado. ¿No ocurrirá, se preguntan, como con Podemos o Ciudadanos, que después de una subida espectacular y de un periodo de efervescencia vendrá el declive que este resultado ya anunciaría? No me lo parece. El problema de Podemos y de Ciudadanos es que no tienen base electoral. Podemos perdió la suya de indignados del 15M y de descontentos de tipo transversal cuando Iglesias se compró un palacete en Galapagar y el gobierno de Pedro Sánchez con Podemos maquilló la Reforma Laboral para no tocar el abaratamiento del despido y consintió precios record de energía y productos básicos que encaminan a muchos de sus votantes a la pobreza. A partir de ahí, Podemos se quedó con la base electoral tradicional de la ultraizquierda, la que en su momento tenía Izquierda Unida, cuyo techo es evidente y cada vez más bajo.

Algo parecido podemos decir de Ciudadanos que, en cuanto salió de Cataluña, perdió la causa de la defensa de la unidad de España en favor de Vox y pretendió replicarse con el PP, vio desparecer su hueco electoral y hundirse el suelo bajo sus pies. Entre el original y la copia, la gente siempre prefiere al original. Entre Marín y Bonilla, el votante siempre escogerá a Bonilla.

En ese sentido, mientras Vox no cometa el mismo error y pretenda convertirse en el nuevo PP, mientras mantenga su carácter diferencial, que es su discurso antiglobalista contrario a la inmigración masiva, a la ideología de género y al sistema autonómico, conservará, como así viene siendo, su suelo electoral. Todos los partidos que nosotros llamamos patriotas y el sistema llama de “extrema derecha” y que surgieron hace 20 años en toda Europa (y en Francia hace 40) a lo largo de este tiempo y en el medio y largo plazo han tendido a subir. En el corto plazo ha dependido de los vaivenes electorales del momento. Ninguno de estos partidos ha desaparecido, sino para ser sustituidos por otro de sus mismas características (Amanecer Dorado se hundió, pero fue para dar lugar a Solidaridad Griega, semejante a Vox).

La cuestión esencial es que los problemas contra los que reacciona el votante de Vox, la inmigración masiva, los excesos de la ideología de género, el separatismo en Cataluña, tienden a ir a peor. A la vez, las políticas gemelas de PP y PSOE están condenadas a fracasar, las interprete el líder que las interprete, porque tienden a hacernos más pobres en aplicación de las agendas globalistas ya comentadas. Esto da a Vox potencial de crecimiento en el medio-largo plazo como ya hemos dicho. En el corto, dependerá, obviamente, de las circunstancias partidistas del momento. Como ha dicho Julio Ariza, probablemente la sociedad no está preparada para un ascenso más rápido de Vox con unos medios, incluidos los de la propia Iglesia Católica, completamente alineados con el PPSOE y el globalismo.

¿Significa esto que la campaña de Vox ha sido perfecta y que no debe hacer ningún tipo de autocrítica? Tampoco es eso. Realmente, no creo que la campaña de Vox haya sido tan mala. Quizá le naya faltado algo de chispa: esos guarros tirando piedras en un mitin de Abascal, esa valla gigantesca criticando la llegada de MENAS que encabrita a la izquierda, pero hay que asumir que no siempre Vox conseguirá colocarse en el centro del debate político ni que la criminalización a la que lo someta la izquierda será siempre tan torpe y sobreactuada.

Tampoco me pareció mala la candidatura de Macarena Olona, más allá del hecho de que no comparto la táctica de poner paracaidistas de candidatos. Puede que Macarena le tenga más pillado el tono al debate parlamentario, donde su formación como abogada del estado le da ventaja, que al del debate televisivo o a la proclama mitinera, pero en general fue una gran candidata, dando continuos titulares y mejorando ostensiblemente en el segundo debate respecto al primero y aprendiendo sobre la marcha. En mi opinión puede sentirse orgullosa.

Tampoco creo que Vox tenga un problema con la línea ideológica. Podría realizarse alguna matización, pero en general es muy difícil conciliar las aspiraciones del núcleo duro de partidarios más convencidos y de los indecisos menos concienciados con determinadas causas y Vox se ha movido con razonable habilidad en esa línea floja.

El problema que sí creo que tiene Vox y que comparte con todas las nuevas formaciones, no solo españolas, sino de ámbito europeo y de todas las ideologías es la falta de estructura territorial. Vimos el problema en Ciudadanos (bien es cierto que ahora tienen problemas peores) donde incluso hubo acusaciones de fraude en las primarias, lo vimos en Podemos (recordemos que las primeras municipales celebradas tras la irrupción de los de Iglesias no se presentó Podemos sino unas candidaturas de “movimientos populares” de extrema izquierda apoyados por Podemos), lo tuvo en su momento UPyD y lo tiene Vox.

Eso de no tener estructura regional sino solo provincial “porque no crees en las autonomías”, de elegir al candidato solo cuando se convocan elecciones, etc., puede funcionar cuando representas la novedad. Vox en Andalucía ya era un poder constituido, tenía 12 diputados. ¿Dónde estaban los representantes de Vox que llevaban 4 años peleándose con unos y con otros para sacar adelante el proyecto?  Nadie lo sabe. Candidata recién llegada de Madrid, solo líderes nacionales en los actos del partido. Nadie de allí.

Y ojo, no es que no comparta la crítica al estado autonómico, que me parece un perfecto disparate, y que creo que Vox hace muy bien enmendando a la totalidad, constituyendo una de sus señas de identidad antiglobalista, junto a la oposición a la inmigración masiva y a la ideología de género, pero las regiones existen en España y Vox no puede ignorarlo. No se trata de que Vox tenga estructura autonómica, se trata de que tenga estructura regional porque, al fin y al cabo, aunque Vox no crea en las autonomías, cosa que comparto, sí se presenta a las elecciones autonómicas, lo que resulta necesario, porque hay que ir allí donde está el poder, pero que exige dotarse de la infraestructura necesaria. Solo con un mensaje nacional no se ganan elecciones autonómicas.

Obsérvese el ejemplo de Francia, donde el mismo domingo de las elecciones andaluzas se celebró la segunda vuelta de sus legislativas y donde la Agrupación Nacional de Marine consiguió pasar de 8 a 89 diputados. Realmente, resultaba una extraña anomalía que un partido que ganaba las elecciones al Parlamento Europeo en Francia y que colocaba a su candidata en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales tuviera tan solo 8 de 577 diputados de la Asamblea Nacional, una posición marginal. En parte se explicaba por el sistema a doble vuelta en la que un partido criminalizado por la prensa y con un cordón sanitario del resto de formaciones sufre, porque todos se unen en su contra en la segunda vuelta, pero aun así resultaba llamativo.

De nuevo, la falta de estructura territorial de un partido relativamente nuevo (Jean Mari Le Pen obtuvo un cargo electo en 1982, el mismo año que Blas Piñar perdió su acta de diputado en España) podía explicarlo. El resultado de este domingo puede indicar que ese problema podría estar superándose y que la Agrupación Nacional tiene ya candidatos conocidos, respetados y carismáticos en multitud de circunscripciones. De ser así, podría ser el impulso que Marine necesita para acercarse más a una victoria en las elecciones presidenciales en un futuro esperemos que no tan lejano.

El patriotismo francés ha tardado 40 años en comprender la necesidad de dotarse de estructura territorial sólida, esperemos que Vox no tarde tanto en España porque las elecciones valencianas son las próximas que aparecen en el horizonte en medio de la imputación de Mónica Oltra y los valencianos sí que necesitamos con toda el alma un cambio real.