Desde luego hoy hace falta tener una clara vocación de oveja negra para salirse del fastuoso coro global que aclama con ardor al mercado y la competencia como la panacea para todos nuestros males. También hace falta tener pocas aspiraciones políticas, porque como empieces a cantar por tu cuenta y decir que el capitalismo no vale, vas de cráneo. Desde luego en el PSOE no te quieren ni para barrer el local. Y si tienes muchas aspiraciones económicas, el camino para satisfacerlas no pasa por una crítica del sistema capitalista. Por supuesto que directivo de una gran empresa no te van a hacer. Hace años un amigo mío economista, con un puesto importante en un banco, escribió un libro con una crítica muy seria de aspectos fundamentales del capitalismo. Tuvo que publicarlo con un seudónimo, porque si lo publica con su nombre dura en el banco menos que el agua en una cesta.

 

Pero lo que no hace falta ni mucho menos es tener una gran capacidad intelectual ni una preparación académica de primera línea. Con abrir los ojos y pensar un poco por tu cuenta, está muy claro que el capitalismo es un sistema primitivo, bárbaro y de una tremenda irracionalidad. Y por supuesto, sus principios nos llevan a una sociedad claramente inmoral, donde la ética es enviada al cubo de la basura. La corrupción nuestra de cada día es una pequeña muestra de la ausencia de valores morales que reina en una sociedad capitalista.

Al decir esto en el mundo de hoy, cuando el capitalismo triunfa avasallador en todo el planeta, uno se siente un poco como Galileo hace cuatro siglos, cuando empezó a defender la teoría de que la Tierra se movía. “¡Qué disparate! Este tío está totalmente loco. ¿Pero es que no ve usted clarísimo que la Tierra no se mueve?” Para la mayoría de la población, que nutre su mente sobre todo en la pantalla del televisor, o se dedica a jugar con el móvil, el capitalismo es algo tan inamovible como la tierra que pisaban los seres humanos de la Edad Media.

Pero fácilmente podemos ver que no faltan razones para salirse del coro.