La Comunidad de Castilla y León se enfrentará a un proceso electoral en pocas semanas. Como es habitual en estos casos, el bipartidismo PP – PSOE anda a navajazos por la disputa del voto mayoritario.

Castilla y León es una comunidad devastada por el envejecimiento poblacional, la desindustrialización, el hundimiento del sector primario y el terrible invierno demográfico.

El Partido Popular, formación que gobierna la región desde hace décadas, plantea un ambicioso programa electoral basado en la atención a la familia, el fomento de la natalidad o las rebajas fiscales a emprendedores. Es decir: lo que nunca hizo en 40 años de gobierno pilotando el gobierno autonómico.

El PSOE, por su parte, critica las lacras de la región española más devastada por la despoblación y airea la veintena de casos de corrupción pepera bajo investigación judicial en la comunidad castellano leonesa.

Ni unos ni otros tienen vergüenza, dignidad ni decoro. Ambos partidos poseen un afán denodado por la mentira, y su inmoralidad es descarada. Ambos partidos son culpables directos de haber convertido a esta bella región, un “granero de España”, en un páramo ausente de desarrollo y prosperidad. Y lo han hecho en los últimos 40 años.

Cabría recordarle al PP que sus actuales promesas de fomento de la natalidad son tan falsas como lo es la supuesta excelencia académica de Pablo Casado. Y eso es así porque el mayor sistema de promoción natalista de la historia de España, que se basaba en las ordenanzas laborales que fijaban “puntos” o pluses por cargas familiares para estimular las familias numerosas y que eran parte de las leyes franquistas, fue destruido por la UCD de Adolfo Suárez con la llegada del infame Estatuto de los Trabajadores.

Cabría recordar al PP, heredero del espectro político e ideológico de Alianza Popular y de la UCD, que ellos, la derecha, pulverizaron los “premios a la natalidad” o la indemnización por despido improcedente de 60 días que fijaban las leyes laborales franquistas previas a 1980, y que derogó la UCD. La destrucción de los incentivos a la natalidad y a la estabilidad laboral, fue el peor ataque para la formación de familias numerosas y de una natalidad fructífera.

Cabría recordar que el superávit comercial español logrado por el Acuerdo preferencial comercial de 1970 alcanzado por Gregorio López Bravo con la Comunidad Europea, impulsó el sector ganadero y alimentario español estableciendo un marco de bonanza destruido por Felipe González en 1985 cuando firmó la incorporación de España a la Unión Europea.

Cabría recordar que Castilla y León no tiene reposición demográfica y natalista porque si en 1975 el Índice de fecundidad español era de 3 hijos por mujer, hoy es de 1,2 y en descenso. Y que ese índice natalista de la España franquista era posible gracias a la bonanza económica y la Soberanía industrial y agraria. Era normal que en una España sin despilfarro en Comunidades Autónomas, ni en 400.000 cargos políticos, donde la clase media y trabajadora no pagaba IRPF ni IVA, las familias de toda España albergasen una media de tres hijos por hogar.

Cabría recordar que el destrozo de las cuencas mineras de España fue gracias al PSOE y al PP. Y que en los años 50, cuando los mineros plantearon conflictos o acometieron manifestaciones de descontento, allá que intervino el ministro falangista de Trabajo José Antonio Girón de Velasco para garantizarles, pese a la dura coyuntura económica de España, regulaciones salariales justas y dignidad en el empleo. Los populares y los socialistas exterminan, por asfixia, la minería del norte de España y condenan a los mineros a la especulación con sus trabajos y sus sueldos primando las inversiones en las “energías renovables”, los lobbies LGTB o la “digitalización” económica.

Cabría recordar que las centrales térmicas que funcionan con carbón y que comenzaron a ser cerradas por el PSOE en 2018 eran parte, junto a la energía nuclear, del proyecto de soberanía energética franquista que habría convertido a España en potencia autoabastecida y a Castilla y León en región próspera. Den las gracias, mineros y castellano leoneses, a PSOE y PP, partidos sumisos a la Agenda 2030 y al ambientalismo ecologista, por destruir la soberanía energética y el desarrollo de minas e industrias en Castilla y León.

Cabría recordar que la ganadería, tan señera de Castilla y León, atacada recientemente por la chulería pijo progre del ministro comunista Alberto Garzón -decidido a que todos comamos carne sintética de Bill Gates-, es un sector en demolición dado que la globalista Agenda 2030 firmada por Mariano Rajoy en 2015, proyecta el fin de la producción de carne animal. Y lo hace en base al catastrofismo climático que culpabiliza a agricultores o ganaderos de emisiones letales de carbono.

Cabría recordar que el candidato popular Alfonso Fernández Mañueco es un defensor acérrimo de la Agenda 2030, porta en la solapa el pin multicolor de los globalistas y que, por tanto, no sólo no va a desarrollar la ganadería ni la natalidad sino que las va a destruir.

El PP es un partido proabortista que prometió derogar la ley de aborto libre de 2010 parida por Rodríguez Zapatero, y la mantuvo en el ordenamiento jurídico subvencionando, en regiones como el Madrid de Esperanza Aguirre, a clínicas privadas abortistas a través de partidas presupuestarias camufladas (hecho denunciado en su día por el partido “Alternativa Española”).

Cabría recordar que el PP de Alfonso Fernández Mañueco mantiene un proyecto de ley LGTB que permitirá el cambio de sexo, con las intervenciones quirúrgicas correspondientes, a menores de edad. Como no podía ser de otra manera, el gobierno de Mañueco enseña, en las aulas, los infames conceptos de la ideología de género dado el gusto del PP por cumplir los designios de las leyes de ingeniería social.

Cabría recordar que el PP no sólo firmó la Agenda 2030 sino que ya antes fue defensor de la Convención de Naciones Unidas para el Cambio Climático de 1994, así como del Protocolo de Kyoto de 1997; los dos marcos que sumergieron a España en la mentira climática de la reducción de emisiones, la desindustrialización y la descarbonización. De este modo, Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez no dudaron en descabezar los combustibles fósiles, primar la estafa de las energías renovables y destruir sectores como la minería.

Conclusión ante las elecciones autonómicas para el gobierno regional de la asolada Castilla y León: PSOE y PP son las marcas globalistas y enmafiadas que han desamortizado el patrimonio industrial y primario español, que son abortistas y antinatalistas, que destrozaron las políticas profamilia del régimen franquista y sus leyes de protección laboral, que se han sometido a agendas internacionales en favor de grandes magnates y contra la economía y la soberanía de España. No sólo no relanzarán a Castilla y León, sino que la destrozarán todavía más.

De las famosas marcas electorales de la “España vaciada”, submarinos de la izquierda, otro día hablamos…